Las ganancias de la banca crecen a costa de la economía

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Por Arturo Huerta González

La Comisión Nacional Bancaria y de Valores reportó que las ganancias netas en términos reales de los bancos comerciales aumentaron 20.6 por ciento en los primeros 11 meses de 2017. Del total de los 48 bancos del país, los siete grandes (BBVA Bancomer, Banorte, Santander, CitiBanamex, Scotiabank, HSBC e Inbursa) concentraron 81.7 por ciento de las ganancias del sistema bancario, destacando BBVA Bancomer con 28.4 por ciento del total de ganancias, seguido por Banorte con 13.3 por ciento de dichas ganancias. Ello contrasta con el bajo crecimiento que la economía nacional tendrá en 2017, donde diversas estimaciones lo colocan por debajo de 2 por ciento. Uno se pregunta, como es posible que la banca incremente sus ganancias, a pesar del bajo crecimiento de la economía. Uno de los elementos que lo explicaría en el diferencial de las tasas de interés a las cuales la banca presta, en relación a la tasa de interés que paga por los depósitos recibidos. A ello se suma las altas comisiones que cobra la banca por los créditos otorgados y servicios financieros que presta, así como las acciones especulativas que realiza tanto en el mercado de capitales nacional, como en los internacionales. Destaca el hecho que la Bolsa Mexicana de Valores creció en 2017 en 8.1 por ciento, el Dow Jones creció arriba de 25 por ciento, el Nasdaq (donde cotizan las empresas tecnológicas) creció cerca de 30 por ciento.

A pesar de las altas ganancias de la banca, la cartera de crédito se desacelera. En el mes de noviembre el crédito al sector privado por parte de la banca comercial creció en 3.7 por ciento, que es menor al crecimiento de 5.7 por ciento que se dio en el mes de octubre. Ello es debido a las medidas de precaución que la banca pasa a asumir, ante el clima de incertidumbre que enfrenta la economía, derivados de las dificultades de las negociaciones del TLCAN, como de las presiones inflacionarias y sobre el tipo de cambio, y las que se derivan del proceso electoral del 1 de julio de 2018. Al disminuir la disponibilidad crediticia, menos crecerá la inversión y el consumo y la actividad económica y el ingreso nacional, y la capacidad de pago de las obligaciones financieras contraídas.

Mientras al sector bancario y financiero le va bien, la economía nacional muestra un pobre crecimiento, acompañado del deterioro del poder adquisitivo de los salarios, y la consecuente creciente desigualdad del ingreso y de la riqueza. Ello es resultado de la política económica predominante, tan defendida por el gobierno y la cúpula empresarial, de austeridad fiscal, de altas tasas de interés, y de libre movimiento de mercancías y capitales. Nos reiteran que la política macroeconómica de “estabilidad” caracterizada por la disciplina fiscal y las altas tasas de interés para evitar presiones inflacionarias y sobre el tipo de cambio, son esenciales para el crecimiento económico, pero lo que hemos visto desde la década de los años 90, es que quien ha ganado ha sido el sector bancario y financiero, y en cambio, la economía ha tenido un pobre crecimiento de 2.4 por ciento promedio anual y cada vez crece menos, pues ha pasado a tener menos esfera productiva, mayores presiones negativas sobre el sector externo, acompañado por crecientes niveles de endeudamiento interno y externo y una creciente vulnerabilidad externa.

La disciplina fiscal contrae demanda y es funcional para la estabilidad de la moneda que es controlada por los dueños del dinero, ubicados en el sector bancario y financiero. En cambio, ello contrae el mercado interno, y desestimula la inversión y el crecimiento del sector productivo, de la economía y la generación de empleo. Dicha política, además, le amplía el área de influencia al gran capital ya que éste pasa a invertir donde el gobierno deja de hacerlo. De ahí el cada vez menos tamaño del Estado en la economía, y la creciente privatización y extranjerización de la economía. En un contexto de bajo crecimiento económico y alto desempleo y subempleo, y carencia de servicios públicos, no puede predominar la política de austeridad fiscal, pues ello contrae más la actividad económica.

Las altas tasas de interés que cobra la banca, en contexto donde la dinámica de acumulación está muy por debajo de ello, implica transferencia de recursos de los deudores del sector productivo y comercial, hacia los acreedores (la banca), a costa de la descapitalización de los deudores, lo que se traduce en menores inversiones y caída del consumo, y desaceleración de la actividad económica. La tasa de interés no puede estar por arriba del crecimiento del ingreso nacional, pues ello frena la actividad económica, descapitaliza a los sectores no financieros y aumenta las ganancias y la riqueza del sector financiero, y recrudece la desigualdad del ingreso. Tal problemática debe estar presente en el debate de las campañas presidenciales, en la perspectiva de no seguir con más de lo mismo.

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