¡Nada que debatir!

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Por René Delgado

Aun cuando, en el discurso, los políticos empoderados o encandilados del tricolor invocan y convocan a debatir los problemas o el porvenir de la nación, bajo la dermis, ruegan no hacerlo.

Los aterra debatir ante los contrincantes y el electorado. Deliberar los obligaría a reconocer la realidad, argumentar, revisar aciertos y errores, contrastar posturas y, desde luego, convencer. Y lo suyo no es eso. Lo de ellos es imponer, no proponer; autorizar, no pedir permiso; mandar, no obedecer; ganar posiciones, no fijar posturas; acordar en corto, no en largo; meter miedo, no valor al cambio; vencer sin convencer; y, ni modo, practicar el populismo que condenan.

Pese a postular el debate, lo rehúyen, eluden o lo revientan y, de ser posible, descalifican o vituperan al adversario con propuestas. Y, en eso, mérito extraño, son buenos. Ahora bien, cuando no pueden por sí mismos vulnerar o anular el debate, nunca les falta el testaferro, portavoz o corneta presto a hacerlo. Les sobran.

Estos días, destinados a discutir el rumbo del país, subrayar diferencias y cotejar ideas, los empeños del grupo tricolor hegemónico se concentran en otra cosa: endulzar o coaccionar al electorado, vociferar contra el adversario, prometer sin fundamento y afinar la maquinaria -fuerza sin inteligencia- que, acelerada y absurdamente, nada mueva.

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Ni perdón, ni olvido… ni nada. Se puede o no estar de acuerdo con las diez propuestas que, en materia de seguridad pública, ha lanzado Andrés Manuel López Obrador y debe detallar Alfonso Durazo. Lo inconcebible es dejar de debatir si la estrategia de la guerra contra el crimen, emprendida y sostenida por las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, es la indicada.

La sangría y el dolor, el incremento de la delincuencia y la violencia, el abusivo empleo de las Fuerzas Armadas ante el fracaso en la construcción de un nuevo modelo policial y la conversión del país en una fosa instan a debatir qué hacer.

Si conviene reponer o no la Secretaría de Seguridad, integrar la Guardia Nacional, establecer el mando único e impulsar una amnistía para lograr la paz -sólo por mencionar los temas más polémicos de la propuesta- debe debatirse, no descalificarse.

La simplificación de la propuesta hecha por el precandidato del PRI y el presidente de la República es lamentable. La falta de argumentación evidencia la idea de hacer lo mismo y defender el fracaso.

No basta decir estamos con las víctimas, no los victimarios; no basta decir, la calle es para los ciudadanos y la cárcel para los delincuentes; no basta decir, no puede haber perdón ni olvido para los delincuentes.

Los índices de impunidad derrumban la postura oficial ante el problema. En sentido contrario al postulado, revelan que se está con los victimarios; que las calles son de los delincuentes; que se perdona y olvida a los criminales.

No debaten, conjugan impunidad criminal con pusilanimidad política.

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Una respetuosa y urgente mentada de… La propuesta del precandidato tricolor José Antonio Meade de deponer las diferencias y hacer una pausa para concluir el Sistema Nacional Anticorrupción y abatir la impunidad pierde seriedad al descalificar a los precandidatos convocados: “unos proponen perdonar a los delincuentes, otros no hablan del tema porque carecen de ideas”.

¿Quiere Meade convocar o condenar a sus adversarios? Refuerza la contradicción esa misma noche con un tweet videograbado: “Exhorto a los demás precandidatos para que, sin adjetivos, explícitamente, sin ambigüedades, respalden este llamado a que se aprueben los nombramientos del SNA”.

Aclara si la propuesta es o no un simple ardid, el flamante portavoz de Meade, Javier Lozano. No deja duda. A Ricardo Anaya lo llama hipócrita, mentiroso y pequeño dictador. A Andrés Manuel López Obrador lo apoda “Andrés Manuelovich” porque, en la cabeza del portavoz de Meade, los rusos patrocinan su aspiración. ¡Qué respetuosa convocatoria!

Respaldar en un granadero el llamado de Meade anula, no convoca al diálogo.

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Si quiere dialogar, cállese. El gobernador panista Javier Corral es linchado por las voces priistas. Nada que se le niegan recursos federales a Chihuahua por denunciar el saqueo del ex gobernador César Duarte e investigar el desvío triangulado de fondos al PRI en ese estado.

En coro, funcionarios, dirigentes, portavoces y legisladores se lanzan contra el gobernador Corral y, luego, resulta que el singular encargado de la Procuraduría, Alberto Elías Beltrán, descubre de súbito -en tres de once causas penales- elementos para solicitar la extradición del ex gobernador Duarte. No está claro si informa a la nación del hallazgo o le da el pitazo al interesado, como tampoco si esas causas son las buenas. Desde el año pasado contaba con ellas la Procuraduría, pero justo en la antevíspera del arranque de la Caravana por la Dignidad de Chihuahua, Alberto Elías Beltrán -a quien, al parecer, se le traspapeló el caso de los sobornos de la constructora Odebrecht- anuncia a Duarte y al país que solicitará la extradición. Dicho de otro modo, si quiere dialogar… cállese.

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Cuando se elude o sabotea el debate; cuando se regaña al electorado por enojarse; cuando no hay ideas y se da voz a los garroteros; cuando se dice que vamos bien sin mirar la realidad y se promete el paraíso, poco importan el candidato y la campaña. Cuenta la fuerza, el dinero, la maquinaria y los mecánicos cómplices, así sean magistrados. ¿Allá van?

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Sin conocer la consecuencia de las observaciones hechas a la construcción del Paso Exprés de Cuernavaca, hay quien pide echarle un ojo a la línea 3 del Tren Ligero que la SCT construye en Guadalajara. ¿Pues qué pasa ahí?

sobreaviso12@gmail.com

Tomado de Siglo Torreon

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