Peña Nieto le rechazó a Tillerson la oferta de una cumbre con Trump en el G20

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Uno de los principales temas que llevó Rex Tillerson a la reunión en Los Pinos con Enrique Peña Nieto tuvo que ver con la diplomacia. El secretario de Estado quiere que se concrete la cumbre del presidente mexicano con Donald Trump y llevó una propuesta inicial: la cumbre del G20 en Hamburgo en el mes de julio. Tillerson quiere que en el segundo puerto más grande Europa Trump tenga dos reuniones cruciales: Peña Nieto y Xi Jinping.

Para el secretario de Estado, como explicó ayer, esa cumbre es clave porque apunta a reflejar dos aspectos: que Trump es un líder racional y pragmático y que tiene la capacidad de escuchar a sus contrapartes.

La respuesta no se hizo esperar. Hasta que Trump no modere su retórica para con el pueblo mexicano ni ratifique que no habrá deportaciones masivas (ayer desde Washington dijo que usaría militares y contradijo las palabras de John Kelly en Ciudad de México), no habrá encuentro bilateral.

El presidente se muestra desde hace dos semanas más duro en sus declaraciones y en sus gestos sobre EU. Un ánimo que aflora en los detalles: desde Los Pinos partió la directiva de no ir a recibir a Tillerson y a Kelly al momento de su llegada. Ayer jueves tampoco hubo fotos ni imágenes de cordialidad en la residencia oficial.

Los entornistas habituales deslizan que esa postura es producto de que en las últimas dos semanas han ingresado nuevos actores a la relación bilateral que aportan visiones más drásticas. Uno es Miguel Ángel Osorio Chong, que en la cita de ayer jueves fue sobre el tema de lo que implica para Kelly tener “record criminal” en EU.

Ese es el aspecto central del debate por las deportaciones. ¿Los inmigrantes ilegales que no cometieron delito alguno más que estar en territorio de EU sin visa de residentes, son considerados criminales? En la respuesta a esa pregunta está la clave para entender si las deportaciones serán o no masivas.

Las deportaciones son un escenario que inquieta más al presidente que la construcción del muro, que por cierto, pierde cada vez más fuerza en los cabildeos de Washington. Osorio ha advertido las consecuencias que tendría una deportación masiva en materia de seguridad. El secretario de Gobernación ya estuvo una vez adelantado al momento, cuando en noviembre hablaba con diputados y senadores de posibles complicaciones por incursiones de militares estadounidenses a la frontera. Dos meses después llegó la llamada Peña-Trump que desató los peores temores.

Tomado de LPO

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