Por René Delgado

Con más pobres, menos inclusión, más muertos, menos crecimiento, más desaparecidos, menos poder adquisitivo, más desigualdad y una corrupción tan voraz como impune, asombra la defensa a ultranza del continuismo a título de continuidad y desarrollo.

Vamos, sorprende el afán de impulsar la reelección con disfraz de un grupo político, a través de un delegado sin carisma.

Asombra también el despliegue de una estrategia de eliminación del adversario a partir de la mezcla -tipo batidillo- de la política interior y exterior sin advertir que, cualquier maniobra electoral con posibilidad, exige un partido fuerte y cohesionado, además de un candidato competitivo.

La administración y su partido están elevando demasiado la apuesta de su repetición en el ejercicio del no poder, a partir de jugar con la soberanía nacional y popular y narrar un cuento increíble: Alí Babá no sabía que los cuarenta eran ladrones.

Sin contar con un reporte serio de la sustancia, el carácter y el sentido de las negociaciones oficiales y paraoficiales del canciller Luis Videgaray con funcionarios estadunidenses, inquieta pensar que esté incorporando a ellas un capítulo electoral, contra los adversarios de José Antonio Meade.

No hay información seria sobre las gestiones del canciller y sí el manifiesto afán de asociarse con un político esquizofrénico como lo es Donald Trump que, justo por su condición, puede dar lugar a sorpresas o injerencias lamentables. Si el paquete de negociaciones incluye la descalificación de Ricardo Anaya y de Andrés Manuel López Obrador por parte de Donald Trump que, poco a poco, parece congraciarse con “Enrique, un tipo estupendo”, el resultado podría terminar siendo costoso y peligroso para la nación, aun cuando, el grupo priista hegemónico festejaría la intromisión sin dejar de formular la obligada queja oficial.

Por lo pronto y en apariencia de soslayo, el hombre del zacate en la cabeza ya tuvo un primer pronunciamiento en torno al concurso electoral mexicano, al señalar que algunos candidatos son muy buena gente “y algunos, quizá, no”. Y, en contraste con su reiterada descalificación del Tratado de Libre Comercio, en esa misma oportunidad vaticinó que, quizá, el mes en puerta, se sepa si se renueva o no el mencionado acuerdo comercial con el actual gobierno (mexicano). Declaración seguida por el señalamiento de su negociador comercial, Robert Lighthizer, calificando el eventual triunfo de Andrés Manuel López Obrador como un riesgo político para la inversión.

¿Qué ha puesto sobre la mesa de la negociación el canciller Videgaray? ¿Por qué no rinde cuentas? Animan las dudas, la opacidad de su actual y anterior proceder diplomático.

Si el conjunto de la negociación con Estados Unidos incluye un capítulo electoral, se entiende por qué la Cancillería mexicana lamentó antier -comunicado 71- la situación política en la República del Perú: ahí el presidente Pablo Kuczynski Godard y su gobierno no resistieron verse involucrados en el escándalo de corrupción desatado por la constructora brasileña Odebrecht y la compra de votos en el Congreso… y cayeron.

Prácticas culturales tan socorridas e impunes en México. ¿Qué lamenta la Cancillería?

Inquieta esa posibilidad porque a su vez la política interior, abanderada por el encargado de la Procuraduría de la República, Alberto Elías Beltrán, empeñada en debilitar, doblar o eliminar a Ricardo Anaya registra ya un derrame más allá de las fronteras.

Al margen de árbitros y jueces locales, Acción Nacional y el Revolucionario Institucional han recurrido y pedido, cada uno desde su óptica e interés, a la Organización de Estados Americanos tomar nota y observar cuanto está ocurriendo en el país. Un virtual delincuente quiere ser presidente de la República, según el PRI. A partir de un pacto de impunidad, el gobierno y su partido persiguen a un candidato presidencial dando un uso faccioso a los instrumentos del Estado, según el PAN.

Ni una ni otra fuerza considera el peligro de ventilar fuera cuanto acontece dentro, justo cuando el país afronta problemas con su principal socio comercial y teme que los rusos pudieran meter la mano en los comicios. Se ha abierto la puerta a la injerencia foránea, sin advertir la dificultad de cerrarla después.

El derrame, sin embargo, muy poco le importa a la Procuraduría. Ella está en lo suyo y jura sobre la Constitución -comunicado 255- lo siguiente:

“Las investigaciones en curso se conducen para esclarecer los hechos y no en contra de alguna persona en específico. En el marco de sus obligaciones constitucionales, la PGR investiga el caso sin consideración electoral alguna. Una vez concluida la investigación, se podrá determinar si los probables imputados deberán presentarse ante la autoridad judicial correspondiente. En todo momento, la Procuraduría General de la República continuará cumpliendo con sus funciones, con independencia de los procesos electorales o actividades partidistas”.

Sin una brizna de credibilidad, a la Procuraduría sólo le faltó añadir que la investigación concluirá… cuando mejor convenga a los intereses políticos en juego.

¿Qué decisión tomará el grupo tricolor en el poder si, pese al peligro de poner en juego la política interior y exterior para acabar con sus adversarios en aras de su reelección, su delegado no logra convencer? La opción será: ¿la reelección o la eliminación?

Es absurdo clamar que el futuro está en peligro, cuando el presente pinta un desastre.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

La intensa y pertinaz campaña desplegada para restañar la imagen del secretario Gerardo Ruiz Esparza no dio el… fuero esperado.

Tomado de El Siglo Torreon

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