“Loving Vincent”: Pasión, locura y amor de Van Gogh

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CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Bajo la dirección de Dorota Kobiela y Hugh Welchman llega Loving Vincent (Inglaterra-Polonia-2017), un drama biográfico animado que gira en torno a la vida, obra y muerte de Vincent Van Gogh: una cinta hermosa que nos lleva a conocer las entrañas del artista, en un diálogo ficticio entre los personajes que lo conocieron, y un diálogo estético con varias obras del pintor que cobran vida a lo largo de esta recreación.

La historia comienza un año después de su muerte (Robert Gulaczyk). Resulta que su cartero de confianza, Roulin (Chris O’Dowd), pide a su hijo Armand (Douglas Booth) que entregue personalmente la última carta de Vincent a su hermano Theo. Y es que el cartero ha hecho diversos intentos por enviarla, pero no ha tenido suerte.

Por otro lado, le comenta que le resulta extraño que Vincent se suicidara, ya que poco antes del suceso el cartero había recibido una misiva del artista donde le decía que se sentía de maravilla.

A regañadientes, Armand accede, y es que el pintor no era santo de su devoción, de hecho, lo recuerda con un poco de desprecio como muchos de los habitantes del pueblo de Arlés, Francia. Fue en este poblado en donde Van Gogh tuvo un altercado con su amigo, el también pintor, Paul Gauguin.

Armand acepta esta empresa sólo para encontrar que Theo Van Gogh murió poco después de la muerte de su hermano. Al parecer, la noticia incidió en su ya débil estado de salud (padecía de sífilis).

Armand decide buscar otro destinatario cercano: el doctor Gachet (Jerome Flynn), amigo de los hermanos Van Gogh, lo que marca el inicio de un recorrido por la vida del artista, y una especie de investigación policial por parte del hijo del cartero, quien poco a poco se da cuenta de que el suicidio del artista está rodeado de mucho misterio. ¿Qué tal si las cosas no fueron como todo mundo piensa?

Loving Vincent nos engancha a la manera de un thriller, pero al mismo tiempo nos hipnotiza visualmente con esos retratos impresionistas que cobran vida y develan las pasiones del holandés: un genio sufrido, incomprendido, pero profundamente amoroso y cargado de una pasión desbordada que sólo encontró un cauce dentro de la pintura; fuera de ella, todo parece indicar que se topaba con un mundo hostil, cargado de violencia y humillación.

Si al principio pensamos que Van Gogh era un genio y un loco suicida, poco a poco descubrimos a ese ser humano atormentado y amoroso: afortunadamente cargaba con esa bendición de la genialidad para el arte, pero insuficiente para transmutar esas emociones desbordantes a una vida más estable.

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