“Maloro”, Senaduría llena de baches; “Tinito”, el “uñas largas”

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Por Manuel Fernando López

Si en tiempos del inefable y único, Casimiro Navarro Valenzuela (1982- 1985), como alcalde de Hermosillo, llovió a cántaros –para deleite del entonces gobernador Samuel Ocaña García, quien no lo podía ver “ni en pintura”, como dice la vox populi—destrozando Tláloc la capital sonorense; hoy, muchos años después, Manuel Ignacio Acosta Gutiérrez, “el maloro”, está a punto de ver convertida la ciudad en otra Venecia; claro, sin los beneficios que a ésta urbe italiana, le dejan el turismo internacional por  navegar en sus hermosos canales.

Aquí, los turistas — suponiendo que vengan – correrían el riesgo de ser arrastrados, si no por las aguas “broncas”, si por los inmensos lodazales que tienen destrozadas aún más las calles citadinas y, que se han llevado todas las mentiras del alcalde en el sentido de haber reparado cientos de metros cuadrados de pavimento desde su arribo a este trienio.

La lluvia, amén de los beneficios y perjuicios que siempre acarrea para los habitantes, tiene la virtud de echar por la borda los kilométricos discursos de las autoridades en cuanto a los “enormes” logros para cuando éstas se presentan.

Sin desperdicio lo dicho por “el maloro”: “Estamos listos para recibir las lluvias con un programa de bacheo y rehabilitación de pavimento –sic–, lo que no podemos evitar es que las calles se dañen –resic—porque no tenemos drenaje pluvial, sin embargo, no vamos a llegar al caos del año pasado, porque vamos a darle mantenimiento –recontra sic—a todas las calles afectadas”.

Otra perla del alcalde, producto seguramente de enorme y sesuda reflexión: “vamos a tomar medidas para reparar los baches (¡¡??) Después –no antes, conste—de la temporada de lluvias”. Simplemente genial; pero en momento alguno habla de instalar concreto hidraúlico y, de una vez por todas terminar con el “negocito” millonario que implica rellenar con material de pésima calidad los miles de hoyos por toda la ciudad.

Tampoco habla el inefable alcalde, de embovedar los canales del norte de Hermosillo, donde han sido arrastradas y muertas varias personas; no, siempre la misma historia de ir “parchando” a diestra y siniestra las vialidades citadinas, no hay un plan urbano de crecimiento, de vialidad y, alguien debe decirle al “maloro” que pronto cumplirá su administración (¿¡) un año y, que la senaduría puede irse de sus manos, junto con el chapopote con que ha embadurnado las calles, todo gracias a la lluvia.

Bueno, la ventaja de todo lo anterior, es que este personaje sabe cómo “reparar los baches”, no rellenarlos. Técnica que en un descuido se la manden pedir sus homólogos en la entidad, quienes también sufren los embates de Tláloc.

“El Tinito”, el “uñas largas”

Quien, a estas alturas, debe tener lista la mira para continuar la desdicha de los cajemenses, es Faustino Félix Chávez, quien luego de concesionar el servicio de recolección de basura a la empresa Tec Med, mediante un contrato ciento por ciento leonino, dejando indefensas a las próximas administraciones ante la voracidad de dicha empresa española, ahora buscará otras áreas donde clavar sus uñas.

Cuatro millones de pesos ¡mensuales!, es lo que deberán pagarse por dicha concesión y. obviamente no saldrán de la bolsa de este junior –trae víboras en ellas—quien tardó poco en mostrar el verdadero cobre de que está hecho, al endeudar por generaciones al ayuntamiento, que de por sí quedó temblando con el anterior Rogelio Díaz Brown, quien ahora se las está cobrando con creces ante la “embichada” que le pegó “el tinito” tachándolo de malos manejos en el anterior trienio.

Mira quien le dijo puta a la Lucila.

No tarda entonces –“tinito”—en concesionar los baches; perdón la “reparación de baches”.

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