Por Shang-Jin Wei

NUEVA YORK – El anuncio de la administración Trump acerca de que Estados Unidos sancionará a China por robo de propiedad intelectual se constituye en la más reciente salva de disparos dentro de la cada vez más profunda disputa comercial entre los dos países. Viene tras la promesa que hizo Trump el pasado 8 de marzo sobre imponer aranceles más altos al acero y al aluminio chinos – una medida que algunos pronostican podría tener consecuencias nefastas para el sistema mundial de comercio.

Pero, a pesar de que estas sanciones generan titulares alarmantes – y traqueteo entre los inversores – el reciente proyecto de ley aprobado por el Congreso estadounidense es el que hará más por exacerbar las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China. A menos que se aprecien plenamente las implicaciones de esa medida, los vínculos comerciales bilaterales podrían empeorar mucho más, antes de que mejoren.

La nueva legislación fiscal ampliará el déficit del gobierno estadounidense en una cifra entre 1 a 2 millones de millones de dólares a lo largo de la próxima década, un déficit en el ahorro nacional que no será compensado por un aumento en el ahorro del sector privado o por reducciones en las inversiones del sector privado.

Lo que esto significa para el comercio, y especialmente para el comercio entre Estados Unidos y China, es de importancia trascendental.  Debido a que el déficit de cuenta corriente de Estados Unidos es la suma de la inversión menos el ahorro del sector privado y del gobierno, es probable que el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos se incremente – una vez más, en una cifra que puede llegar hasta 2 millones de millones de dólares en el transcurso de la próxima década. El déficit comercial estadounidense se incrementará rápidamente de manera acorde, y el déficit bilateral anual con China podría crecer en 50 a 100 mil millones de dólares.

Cuando esto suceda, los políticos  estadounidenses necesitarán echar la culpa a alguien, y China será probablemente el chivo expiatorio. En ese caso, a la nueva ley tributaria estadounidense – aclamada por Trump como una victoria para el pueblo estadounidense – le llegará la hora de la verdad en la forma de tensiones comerciales aún más graves. Si bien no se comprende bien la conexión entre la ley tributaria y un aumento en el déficit comercial estadounidense, su impacto se sentirá en los años venideros.

Sin duda, está justificada la demanda de Trump en pro de instituir derechos de propiedad intelectual más sólidos en China, dado los muchos casos de vulneración de patentes y marcas comerciales. En varios sectores, incluyendo los de energía y telecomunicaciones, China exige que las empresas extranjeras compartan su tecnología patentada con sus socios chinos como condición para otorgarles acceso al mercado. Sin embargo, se podría persuadir a las autoridades chinas para que fortalezcan las protecciones relativas a la propiedad intelectual, posiblemente a través de negociaciones bilaterales o litigios ante la Organización Mundial del Comercio.

El cambiante panorama de la innovación en China es una de las razones para el optimismo en este frente. En pocas palabras, las empresas chinas también se beneficiarían de un régimen de derechos de propiedad intelectual más sólido. En el pasado, las empresas extranjeras proporcionaban la innovación y las empresas chinas imitaban el diseño extranjero. La protección de la propiedad intelectual era en gran medida una calle que iba en un solo sentido; es decir, solamente se beneficiaban las empresas extranjeras.

Eso ya no es cierto. Muchas empresas chinas innovan y han obtenido patentes no solamente en China, sino también en Estados Unidos. Firmas chinas como Tencent, DJI y Huawei son tan innovadoras como cualquier empresa estadounidense, y los directores ejecutivos chinos ejercen presión a favor de contar con mayor protección para la propiedad intelectual dentro de su propio país. Ya que la necesidad de obligar a las empresas multinacionales a transferir tecnología está disminuyendo y las firmas chinas están en situación de beneficiarse de las protecciones a la propiedad intelectual, Estados Unidos y China pueden encontrar más fácilmente puntos de acuerdo.

Esto no quiere decir que las negociaciones sean fáciles. Para empezar, los chinos ven sus políticas sobre tecnología como una respuesta necesaria a los crecientes costos laborales dentro de su país, y como una protección contra las restricciones estadounidenses a las exportaciones de productos de alta tecnología a China. Debido al creciente nivel salarial en China, los costos laborales en este país ahora superan los que se tienen en India, Bangladesh y Vietnam. Como resultado, un desplazamiento hacia una producción técnicamente más sofisticada es ahora esencial. Si las empresas chinas no pueden comprar productos de alta tecnología provenientes de Estados Unidos, ellas se sienten aún más motivadas para desarrollar sus propios productos.

Un segundo desafío para las negociaciones, en caso de que las mismas se lleven a cabo, es el menguante apoyo de las empresas estadounidenses. En el pasado, compañías como Boeing, Caterpillar, General Electric y Cisco eran voces que llamaban a la moderación; estas compañías se veían a sí mismas como beneficiarias de los grandes mercados chinos y de la mano de obra barata de China. Sin embargo, el panorama empresarial ha cambiado drásticamente, y hoy en día es más probable que estas mismas compañías vean a las empresas chinas como competidoras – no sólo dentro de China, sino que también en todo el mundo.

Si no se gestiona adecuadamente, estas fuerzas alimentarán un círculo vicioso. Cuantas más restricciones imponga Estados Unidos a las exportaciones de tecnología a China, más promoverá China su tecnología nacional. Por el contrario, mientras más innoven las empresas chinas, las firmas estadounidenses estarán menos entusiastas en cuanto a ayudar a sus contrapartes a ingresar al mercado estadounidense.

Aun así, es posible llevar a cabo alguna forma de gran negociación sobre derechos de propiedad intelectual si el rompecabezas de comercio está correctamente trazado. El fortalecimiento de los derechos de propiedad intelectual en China no es un juego de suma cero; mejores protecciones pueden beneficiar a ambos países.

No obstante, la pieza más grande entre todas las piezas del rompecabezas es una sobre la que solamente unos pocos hablan. Si Estados Unidos y China no pueden encontrar puntos de acuerdo sobre cómo abordar el cada vez más hinchado déficit comercial estadounidense, los avances sobre los grandes temas de hoy pueden tornarse en irrelevantes mañana.

El superávit comercial de China y el déficit comercial de Estados Unidos, al fin de cuentas, reflejan desequilibrios de ahorro e inversión. Las “medidas correctivas” no de mercado para el comercio que son consideradas por Estados Unidos y China podrían producir un desequilibrio comercial de menores proporciones entre estas dos economías, pero a costa de un desequilibrio de mayores proporciones con el resto del mundo. Esto podría dejar a los consumidores y compañías en ambos países, y en todo el mundo, en peores condiciones.

* Shang-Jin Wei, ex economista jefe del Banco Asiático de Desarrollo, es profesor de Finanzas y Economía en la Universidad de Columbia.

Tomado de Proyect Syndicate

 

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