La cultura, fuera del interés político y social de los candidatos

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Los presidenciables no atinan con claridad a distinguir que la cultura excede lo artístico y lo patrimonial, pues “es un conjunto de valores, de formas de estar en el mundo que le da sentido al desarrollo”, plantea el asesor de la UNESCO Carlos Villaseñor. Refiere que en el siglo XX hubo una clara conciencia del sentido que tenía la política pública en cultura, “estuviera o no plasmada en una plataforma electoral o en una política pública”. En entrevista, señala que ésta no se ha definido a nivel nacional, como lo pide la Ley General de Cultura, y que los puentes de significación con la sociedad “están muy rotos desde hace mucho tiempo”.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La cultura no genera votos. A decir del especialista en Ciencias Políticas Culturales, Carlos Villaseñor Anaya, asesor de la UNESCO y fundador del Consejo Académico de Interactividad Cultural y Desarrollo, A. C., es claro que el sector cultura no está en la esfera del interés político ni social de los candidatos porque en esencia tampoco la sociedad está interesada.

Participante en libros como Los retos culturales de México, coordinado por la antropóloga Lourdes Arizpe, y Soberanía y desarrollo regional. El México que queremos, Villaseñor Anaya resume que tras el desarrollo cultural producto de la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) por José Vasconcelos –que tuvo efectos muy positivos a lo largo del siglo XX–, hubo un parteaguas ya entrado el XXI, al crearse la Secretaría de Cultura (SC) en 2015.

En su decreto de creación se marca claramente que deberá elaborar y conducir una política cultural nacional. Esto es, dice, que quien ocupe la SC tendrá que realizar, por primera vez, ese mandato. Pero considera que no hay claridad ni un acuerdo fundamental para el manejo de lo simbólico “y mucho menos” del significado de una política cultural y de cuáles serían las responsabilidades gubernamentales en la materia.

La cuestión, añade, tiene que ver con la poca claridad con la cual se ha desarrollado la cultura en la propia secretaría y con el hecho de que no se ha elaborado el reglamento de la Ley General de Cultura y Derechos Culturales. Todo ello abona a la falta de interés político hacia el sector cultura.

Hasta hace unas semanas, sólo el candidato de la alianza Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, había adelantado que de llegar a la presidencia, Alejandra Frausto será titular de la SC. Anunció también que transformará la residencia oficial de Los Pinos en un Centro Cultural.

Ha tenido algunos gestos, puntualiza Villaseñor. Cita su “Proyecto 18”, que en el apartado “Educación, Ciencia, Valores y Cultura” aborda nada más dos propuestas: “Fortalecer la industria cinematográfica nacional y proteger el cine mexicano como bien cultural y expresión de la identidad nacional” y “Cultura comunitaria”, expuestos cada uno en tres páginas.

La propuesta de Ricardo Anaya, de Por México al Frente, por su parte, se presenta en apenas 21 renglones. Habla de una política cultural de Estado para estimular la producción y el consumo de bienes y servicios culturales, de diversidad cultural, y cohesión social. En opinión de Villaseñor, tiene una visión utilitaria de la cultura, la ve como un medio o herramienta para producir efectos sociales o económicos como la cohesión social.

Pero, puntualiza el especialista, no habla “estrictamente de la cultura en sí misma como un derecho humano para garantizar sus formas de expresión, sus formas de relacionarse, los valores para construir su manera de estar en el mundo”. Y señala que utiliza esta última frase “porque es el primer artículo de la Declaración de México sobre Políticas Culturales de 1982”.

El panista presentó durante una de sus conferencias diarias, el 4 de abril, a Raúl Padilla, exrector de la Universidad de Guadalajara y fundador de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, como su “enlace cultural”. Cabe recordar que desde que Vicente Fox fue candidato, el nombre de Padilla se mencionaba como posible titular del máximo órgano de la cultura en México.

Hijo del fundador de la Federación de Estudiantes de Guadalajara –que a decir del intelectual Sergio Aguayo sirvió al gobierno para contener movimientos sociales y guerrilleros–, Padilla planteó ante la prensa reestructurar la SC, revisar la Ley de Cultura, elevar el presupuesto cultural al 1% del Presupuesto de Egresos de la Federación, dar certeza laboral y jurídica a los trabajadores de los institutos Nacionales de Antropología e Historia y de Bellas Artes, hacer de la cultura un motor del desarrollo así como creadora de ciudadanía, y favorecer la diversidad cultural.

En el caso del priísta José Antonio Meade, Villaseñor comenta el video del arranque de su campaña, que en el minuto 34 dedica “exactamente 16 segundos para decir que se promoverá el acceso a los bienes de la cultura y las artes para todo mundo”. En su página web propone trabajar en la divulgación de la cultura y las ciencias de la mano de la comunidad.

Con otras palabras, el exfuncionario y representante del PRI plantea, como en el Programa Especial de Cultura y Arte actual, ampliar la oferta artística y cultural, en especial hacia aquellas comunidades “lastimadas por la violencia y el crimen”. Y esboza líneas: “Modernizar la gestión de nuestros museos”, “profesionalizar la creación cultural y artística para competir favorablemente a nivel internacional”, entre otras.

La independiente Margarita Zavala nada propone sobre cultura en su sitio en internet. Sólo menciona la palabra ligada a “cultura de la legalidad”, “cultura de derechos”.

“Hay poca claridad de qué significa una política cultural nacional para México”, resume Villaseñor.

Se le pregunta si no es contradictorio que no haya una definición, aun cuando los partidos que apoyan a los candidatos aprobaron la creación de la SC: ¿Acaso no deberían ser congruentes con los pasos siguientes?

Responde que una cosa es que haya habido muchos votos en favor y otra que los legisladores entendieran las necesidades y consecuencias de crear una SC. Falta consenso sobre el significado de la política, la cultura y la transversalidad de la cultura en el desarrollo integral de la sociedad mexicana:

“No queda claro que la cultura excede lo artístico y lo patrimonial. Es todo este conjunto de valores, de formas de estar en el mundo que le da sentido al desarrollo. Y cuando decimos sentido al desarrollo quiere decir cómo se hace economía, desarrollo social, turismo, estos valores, esta visión de la sociedad, desde las formas en que se relaciona, en lo que cree, en lo que piensa, cómo se comunica, cómo se pone de acuerdo… Mientras no se vea a la cultura como un elemento transversal de desarrollo, difícilmente tendremos una política cultural contemporánea y difícilmente va a llamar la atención de la gente”.

Si bien considera que el modelo vasconcelista está agotado porque su visión de la cultura va de un centro productor a una periferia receptora y es integracionista, no reconoce la diversidad cultural sino una cultura nacional, recuerda que tuvo la virtud de poner a la cultura en cada uno de los sectores de desarrollo del país, gracias a lo cual hay murales de agricultura en la Universidad de Chapingo, en el Cárcamo de Chapultepec, en escuelas, en fábricas:

“Y no nada más hablaban de lo artístico, eran el elemento simbólico vigente en el país que informaba de otras acciones. Hoy no tenemos un acuerdo en ese sentido.”

La misma canción

Se le pregunta si los partidos no deberían ya tener bien desarrollado en sus plataformas el campo de la cultura. Pareciera que en cada proceso electoral se repite la falta de atención al tema:

“No ha habido prácticamente en ninguna ocasión un desarrollo de política cultural adecuado. Pero no olvidemos que es un fenómeno complejo, prácticamente hasta antes de la creación de la SC el tema era parte de la SEP, entonces el peso fuerte del desarrollo de política pública estaba en el tema educativo, del cual cultura era una parte complementaria.”

A lo largo del siglo XX, refiere, hubo una clara conciencia del sentido que tenía la política pública en cultura y hacia dónde llevarla, y había “gente muy brillante” al frente de las instituciones culturales. Entonces la noción de cultura era muy clara, “estuviera o no plasmada en una plataforma electoral o en una política pública”.

Habla de gente como Manuel de la Cera, Leonel Durán, Roger Díaz de Cossío e incluso de Rafael Tovar y de Teresa. Lamenta que ya no haya gente así al frente de las instituciones. La cultura ya no está en la esfera de la SEP “y no hemos definido qué es una política cultural nacional”, Ley General de Cultura pide establecer una política de Estado sustentada en los derechos culturales y políticas públicas en cada uno de los tres niveles de gobierno.

–Los medios y programas políticos, en los cuáles politólogos, intelectuales, analistas, economistas invitan a los candidatos, no suelen preguntarles sobre el tema cultural, tampoco se le da el peso ahí.

–Es parte de lo mismo. Es difícil reconocerlo, pero está muy infiltrado en los medios de comunicación, la sociedad y las instituciones que lo cultural es lo que hace la SC o las secretarías de cultura de los estados y las instituciones municipales. Ha sido tan fuerte esa visión que se olvida que el 98% de lo que se hace no cruza por las instituciones, pero no lo vemos porque normalmente esas expresiones no son validadas por las instituciones ni por los intelectuales y en algunas ocasiones ni por los promotores culturales.

Agrega que el 2% de acciones que sí pasan por las instituciones no responden a las necesidades de política cultural que deberíamos tener en el siglo XXI, y entonces “resultan prácticamente intrascendentes, de muy poco interés para los medios, para los políticos y para la sociedad”. Sería fácil culpar a los políticos por su falta de interés, pero si hurgamos veríamos que no les interesa porque la sociedad tampoco está interesada, “no les genera votos, no les genera atracción pública”.

Se trata, sigue, de un fenómeno al cual debe prestarse mayor atención:

“Hay medios de análisis de las políticas culturales y de las diversas formas de expresión y que lo han cultivado desde hace muchos años. Proceso viene hablando de crítica de arte, danza, teatro desde hace muchísimos años, ¿pero por qué a una revista del corazón le interesaría hablar del último concierto en Bellas Artes? Y no lo digo porque sea de mala calidad, sino porque los puentes de significación con la sociedad están muy rotos desde hace mucho tiempo.”

Menciona como ejemplo una producción de una ópera espectacular en la cual se invirtieron millones de pesos, y puede ser “de una calidad muy alta, pero no se corresponde con las necesidades de desarrollo cultural de la sociedad, no la apelan, no la llaman, no le significa, y si a la sociedad no le significa pues es lógico que a los medios, que tienen la obligación de informar pero también quieren encontrar formas de atraer públicos, no les interesa.

“Y a los políticos no les llama la atención porque no los vincula con sus votantes. No digo que debamos hacer una cultura del rating, sino hacer los estudios, los diagnósticos, los análisis que hablan del desarrollo cultural, sobre todo el promovido desde el Estado, a algo más significante para el desarrollo de la sociedad. E insisto, sin detrimento de su calidad, es un modelo agotado, pero el vasconcelismo fue capaz de generar una significación social que lo hizo muy potente.”

–Considerando que ya está la SC y hay pendientes marcados por su creación, una agenda, pues. ¿de qué deberían estar hablando los candidatos sobre cultura?

–Hay una agenda muy clara a nivel internacional y la propia nacional. La agenda la marca de manera definitiva esta obligación que tiene la SC de definir la política cultural nacional, ése es el gran tema del que deberían estar hablando los candidatos: qué significa la cultura de la política cultural nacional fuera de la esfera de la SEP, qué significa una política cultural a la luz de los derechos culturales, a la luz de la Agenda 2030 del Desarrollo Sostenible.

“A partir de esas preguntas podremos definir los objetivos particulares de esta política cultural nacional y organizar a las instituciones. Entonces las preguntas serían qué es política cultural nacional y cómo se construye para garantizar a las personas el pleno ejercicio de sus derechos culturales.

“Contestadas esas preguntas lo demás viene por añadidura. No es qué vamos a hacer con Los Pinos, es una puntada simpática pero no está inscrita en la racionalidad de ningún concepto de política cultural nacional.”

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