La dupla Creel-Castañeda: los une Anaya y el odio a AMLO

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En el equipo de Ricardo Anaya, candidato presidencial de la coalición Por México al Frente, se vuelven a reu­nir Santiago Creel y Jorge Castañeda, los principales articuladores del proyecto presidencial de Vicente Fox y quienes protagonizaron una pugna feroz por el favor de su jefe, con el fin de sucederlo. Ambos fracasaron. Ahora, con Fox convertido en una especie de vocero oficioso del PRI, Creel y Castañeda se disponen a manejar la campaña de Anaya contra un adversario al que aborrecen sin reservas: López Obrador.

Los dos principales arquitectos de la campaña y el gobierno de Vicente Fox, Santiago Creel y Jorge G. Castañeda –que rivalizaron para sucederlo en la Presidencia de la República–, dos décadas después son el dúo estratégico del candidato presidencial panista Ricardo Anaya, quien recicló también al vocero e intérprete foxista Rubén Aguilar.

El éxito del proyecto presidencial de Anaya recaerá en Castañeda y Creel, quienes ya fracasaron en tres y dos intentos, respectivamente, de ser candidatos presidenciales en elecciones en las que el rival ha sido Andrés Manuel López Obrador, aborrecido y combatido por ambos.

Aunque formalmente el órgano máximo de dirección de la campaña de Anaya es la Coordinación General Ejecutiva, integrada por los presidentes de los tres partidos de la coalición Por México al Frente –PAN, PRD y Movimiento Ciudadano–, Creel y Castañeda encabezan en los hechos una jefatura bicéfala.

Creel, derrotado en las internas del PAN por Felipe Calderón y Josefina Vázquez Mota, estará a cargo del “cuarto de comando” para atender “el día a día” de la campaña, y Castañeda, quien fracasó tres veces como aspirante presidencial sin partido, es responsable del “cuarto de estrategia” y jefe de los voceros, entre ellos Aguilar, asesor del Rubén Moreira en el gobierno de Coahuila y en su actual cargo de secretario de Organización del PRI.

Amigos ambos de Elba Esther Gordillo desde el Grupo San Ángel, creado en 1994, Creel celebra que Castañeda se suba al equipo de campaña de Anaya –integrado a sólo dos semanas del inicio de ésta–, porque es “un activo con una norme experiencia en muchísimas áreas”.

–Castañeda y usted tuvieron una visión contrapuesta en el gobierno de Fox –se le plantea.

–En esta ocasión tenemos una visión plenamente empatada: acabar con el régimen.

Pero “acabar con el régimen” fue exactamente lo que no hicieron Creel y Castañeda cuando Fox ganó la elección presidencial de 2000, algo que hasta Anaya ha criticado, porque con ellos prevaleció el pacto de impunidad en el que, dice el candidato, “el gobernante en turno ayuda a llegar al nuevo a cambio de que solape la corrupción”.

“Cuando Fox llegó a la Presidencia pensamos que con sacar al PRI bastaba, pero hay que reconocer que no se rompió el pacto de impunidad y no se quitó al régimen”, admitió Anaya en Lagos de Moreno, Jalisco, el 7 de febrero, en el mitin en el cual Enrique Alfaro, candidato de MC a gobernador, humilló a los panistas al exigirles que escondieran sus banderas.

Este fracaso lo documenta Castañeda en su libro La diferencia, radiografía de un sexenio, publicado en 2007 y que escribió junto con el también flamante anayista Aguilar, porque Fox prefirió pactar con el PRI por recomendación de Creel.

“Muy pronto en el equipo de transición se plantearon dos posiciones: la de Castañeda y la de Creel. La primera sostenía que el triunfo había que aprovecharlo para atacar al PRI y a sus figuras emblemáticas. No se debía buscar acuerdos con ellos y sí tratar de dividirlos. La segunda planteaba lo contrario (…) Fox se convenció entonces que frente al PRI no había más que dos posiciones: la del garrote o la de ofrecer la zanahoria. Se decidió por la segunda.

“Creyó que el PRI estaba obligado a tomar en cuenta lo expresado en las urnas. El gobierno, por otro lado, tenía una representación minoritaria en el Congreso y para sacar adelante las reformas necesitaba al PRI. A excepción de Castañeda, nadie del equipo, asegura Fox, le planteó la ruptura con los priistas (…) A la distancia Fox acepta que hizo una valoración equivocada.”

Creel, favorito de Fox

Dos décadas después de que ambos articularon el proyecto presidencial de Fox, anunciado en junio de 1997 por el guanajuatense –hoy propagandista del priista José Antonio Meade–, Creel y Castañeda hacen lo mismo con el de Anaya, aunque formalmente Damián Zepeda, Manuel Granados y Dante Delgado, presidentes de los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC), son los que encabezan la estructura de campaña.

Además de Creel y Castañeda habrá otros cuatro encargados de áreas: Miguel Ángel Mancera, derrotado por Anaya en la lucha por la candidatura, estará a cargo de la propuesta de gobierno de coalición; Salomón Chertorivski, vencido por Alejandra Barrales por la candidatura en la capital, realizará el programa de gobierno; Fernando Rodríguez Doval, vocero del PAN, será responsable de mensaje, y el jefe operativo será Edgar Mohan Kuri, tesorero del PAN y quien conoce a Anaya desde hace dos décadas en Querétaro.

El equipo de campaña de Anaya, que se anunciará completo durante esta semana, comienza a mostrarse en medio de la ofensiva del gobierno de Enrique Peña Nieto contra el candidato por sus turbias operaciones financieras, que él señala como guerra sucia.

Creel afirma que la campaña de Anaya va “bastante bien, a pesar de los embates del gobierno. Lo que vemos es una caída estrepitosa del PRI, por una parte, y por la otra nuestra campaña está estable, que ese es un gran logro después de todos los embates, y vemos que no ha crecido la campaña de López Obrador”.

Por eso también Creel celebra que se hayan sumado a la campaña de Anaya personajes que no son panistas, como Emilio Álvarez Icaza, Alfredo Figueroa y Aguilar, además de Castañeda, que tiene experiencia en campañas, como la de Cuauhtémoc Cárdenas, en 1994:

“Es un activo con una enorme experiencia en muchísimas áreas y lo que se requiere es gente que haya tenido experiencia, que esa experiencia lo lleve a buscar los cambios en donde hemos coincidido una franja muy importante de partidos, de intelectuales y ahora igualmente de activistas sociales. Entonces están dadas las condiciones para que todo marche bien.”

No marchó bien en el gobierno de Fox, cuando la rivalidad de Creel y Castañeda fue intensa, porque ambos ambicionaban sucederlo en la Presidencia de la República, si bien éste renunció en enero de 2003.

En el libro La diferencia, Castañeda y Aguilar evidencian el respaldo que Creel tenía no sólo del presidente, sino de su esposa, Marta Sahagún, si bien ella también quería el mismo cargo.

En las intrigas descritas por los neoanayistas vuelven a evidenciarse los compromisos de Creel con poderes económicos y mediáticos, como Televisa, a la que benefició con casinos y con la eliminación del impuesto de 12.5% de tiempo de transmisión, en octubre de 2002, en lo que se conoció como el “decretazo”.

En el libro se revela cómo, en agosto de 2002, al término de un acuerdo en Los Pinos, Castañeda fue regañado por Fox:

“Tengo problemas con el gabinete –recuerda Castañeda que le dijo el entonces presidente–, muchas divisiones, y muchos las atribuyen a tus ambiciones presidenciales, sobre todo los empresarios, y en particular Ricardo Salinas Pliego. O dejas de moverte o te tienes que ir.”

Castañeda, con algo de inocencia y algo de malicia, le respondió a su jefe con una pregunta: “Dime qué estoy haciendo para que deje de hacerlo”. Fox se quedó callado; Castañeda pasó a ver a Ramón Muñoz para quejarse, no tanto del regaño, sino porque estaba seguro que sólo iba dirigido a él y no a Creel, que un día y otro también se encontraba en plena campaña. Mucho tiempo después, a finales de 2005, Castañeda interrogó a Creel: “¿Alguna vez Fox te dijo que te quedaras quieto?” La respuesta fue categórica: “No”.

En el libro Castañeda y Aguilar dan más detalles del apoyo de Fox a Creel en su proyecto presidencial:

“Fox le autorizó a Creel seguir en Gobernación y hacer campaña apenas disimulada; y esto le ayudó a Creel en otro asunto. Fox permitió que el empresariado pensara que Creel era el candidato del presidente; de nuevo si eso abonó o no a su favor es otra cosa, Fox consiguió un trato favorable de Televisa a Creel de dos maneras. La primera, como relata Marta, fue su intervención en 2002 ante Creel para que se resolviera el llamado ‘decretazo’, y se lo debiera la televisora a Creel y a ella. Y otra, al tolerar Fox la expedición de permisos de ‘casinos’ a Televisa por Creel, asunto tan importante para Televisa, que cuando Calderón comenzó a criticar a Creel por haber expedido los permisos, Bernardo Gómez se comunicó furioso con uno de los principales dirigentes de la campaña para decirle: Si sigue Calderón criticando de los casinos, lo sacamos del aire como a Castañeda’. Pensar que todo esto pudiera suceder sin Fox es difícil de imaginar”.

En otro libro, Amarres perros, una autobiografía, editado en 2014, Castañeda lamenta cómo Fox no quiso designarlo secretario de Educación, porque además fue vetado por su amiga Elba Esther Gordillo, quien a su vez le atribuía a su rival la negativa: “El problema no era la SEP, sino Creel”.

“Para mí, hasta hoy, el cálculo sucesorio fue clave para Fox. Le importaba más despejarle el camino a Creel que el desempeño de cualquiera en la SEP, en Relaciones Exteriores e incluso en el staff de Los Pinos”.

Atormentado por no haber sido el preferido de Fox, Castañeda escribió: “¿Cómo le habría ido a Fox si me hubiera permitido contender? Creel perdió, Calderón ganó la interna del PAN y durante seis años le hizo la vida de cuadros a la ‘pareja presidencial’, imponiéndole al país una pesadilla iné­dita de sangre y violencia. ¿Hubiera sido yo peor candidato foxista que Creel? ¿Habría sido yo peor presidente que Calderón? ¿Hubiera tratado peor a Fox que Calderón?”

Aunque Creel venció a Castañeda en la facción foxista, después él fue derrotado en el PAN por Calderón para la elección de 2006, y luego en 2012 ante Vázquez Mota.

Castañeda, estratega del miedo

En el desafuero de López Obrador, que se concretó en abril de 2004 en la Cámara de Diputados, Creel y Castañeda también coincidieron. En La diferencia, Castañeda y Aguilar confirman cómo Fox tomó la decisión de ir contra el actual candidato de Morena en 2004.

Fox convocó a una reunión en Los Pinos en Semana Santa, el 6 de abril de ese año, Domingo de Resurrección, a Mariano Azuela, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al procurador Rafael Macedo de la Concha, promotor del de­safuero, a la consejera jurídica de la Presidencia, María Teresa Herrera, y a Creel.

“(Fox) le preguntó a Azuela: ‘¿Cuál es tu criterio jurídico? Quiero conocer tu posición’. El ministro contestó: ‘El análisis jurídico del procurador es válido, y lo comparto: No tienes otra’. Fox se levantó de la mesa al escuchar la opinión del presidente de la Suprema Corte. Herrera y Creel no ofrecieron mayor comentario; en esa ocasión avalaron con su actitud a Macedo. Ya después, pero en privado, expresaron su desacuerdo, pero ese día no se lo externaron ante el presidente.”

También Creel y Castañeda coincidieron en el embate contra López Obrador en la elección de 2006.

Desde dos años antes, en mayo de 2004, tras el desafuero y la decisión de Fox de ya no proceder contra él, Castañeda declaró que a López Obrador había que “ganarle a la buena, a la mala y de todas las maneras posibles”.

Incluso, en entrevista con el reportero en 2007, reivindicó como suya la idea de unir a los empresarios y proponer la estrategia de “miedo” para contrarrestar la ventaja de López Obrador, asociándolo a la dictadura:

“Por ejemplo, en toda la campaña de asociar a López Obrador con Hugo Chávez a quien le hicieron caso fue a Dick Morris para generar la campaña de miedo. Pero yo lo había propuesto semanas antes. A mí no me hacían caso, pero me parece cantado: No se necesita la experiencia de Dick Morris ni el ocio mío para que se les ocurra, es evidente” (Proceso 1603).

Ahora junto a Creel, quien ha sido el principal consejero de Anaya, Castañeda será estratega clave de la campaña, como abiertamente lo dijo desde que, el año pasado, se perfiló la alianza de PAN, PRD y MC con opinantes que firmaron el desplegado “Llamado ciudadano al Frente”, que él promovió (Proceso 2139).

“Hay muchos que ni de locos aceptarían una candidatura. Pero hay gente a la que legítimamente le interesaría participar en la elaboración del programa del Frente, estar en la campaña o en el equipo de gobierno”, dijo al reportero.

–¿A usted qué le interesa?

–A mí me interesa todo eso. En lo que yo pueda colaborar para que prospere una opción que no sea ni del PRI ni de Andrés Manuel López Obrador, yo encantado.

(Tomado de: Revista Proceso)

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