“A fines del siglo XIX, Buenos Aires se proyectaba como un centro urbano e industrial que empezaba a abrigar una incipiente clase obrera con niveles de politización muy importantes, atrayendo a intelectuales y dirigentes que empiezan a levantar la figura de Marx y a difundir sus escritos”, señaló el historiador.

“El Marx que empieza a circular es el que difunden los franceses emigrados. En 1871 fue la insurrección y la derrota de la Comuna de París y vino una oleada represiva que dispersó por el mundo muchos cuadros revolucionarios, algunos de los cuales vinieron a Buenos Aires. Es un Marx revolucionario que se asocia a la reflexión sobre la comuna y la insurrección”, agregó.

Luego llegaron al sur continental los alemanes, expulsados por las leyes antisocialistas de Bismarck, dentro de los cuales se destacó Germán Avé Lallemant, un naturalista que se convirtió en un gran difusor de la obra de Marx.

“Con el Club Vorwärts surge el primer núcleo ligado a la socialdemocracia alemana. Se conmemora en la Argentina  por primera vez el Primero de Mayo en 1890. En 1896 nace al Partido Socialista Obrero Argentino y surge la figura de Juan B. Justo, demostrando que el incipiente movimiento obrero y social atrae intelectuales y personalidades”, destaca Camarero, y recuerda que Justo fue el encargado de hacer una traducción al castellano de “El Capital”.

En 1918 se formó el Partido Socialista Internacional, que luego pasó a llamarse Partido Comunista. De esa manera, el filósofo de Tréveris “comienza a hacerse un punto de referencia ineludible para el pensamiento socialista y el mundo de las izquierdas a lo largo del siglo XX”.

Fue así como el autor de El Capital y del Manifiesto Comunista, quien definió que la  “historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”, se convirtió en un punto de referencia en la convulsionada Latinoamérica que presenció multitud de revoluciones como la mexicana, la cubana y la nicaragüense, invasiones, golpes de Estado y dictaduras de todo tipo.

Sus estudios sobre la mercancía, el capital, la plusvalía, la acumulación originaria del capital, la tendencia descendente de la tasa de ganancia y las crisis capitalistas, fueron referencia obligada de economistas y pensadores sociales del continente durante todo el siglo pasado.

El otro aspecto que rescató el historiador argentino es que “Marx escribió y estudió al mismo tiempo que era un militante, que dedicó, con Federico Engels, mucho tiempo a la creación de la Primera Internacional”.

La cuestión es si, 200 años después, ese legado sigue vigente. Para Camarero “se viene hablando de la “crisis del marxismo” desde casi siempre, por lo menos desde fines del siglo XIX. Eso ocurrió otras veces en el siglo XX, pero se incrementó de manera notable en los años 90, con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética”, comentó.

“Ese ‘fracaso del comunismo’ (en realidad, una total distorsión de éste, un sistema que había implantado un nuevo tipo de opresión y explotación) parecía el triunfo inevitable del capitalismo, el fin de la historia, al punto que un filósofo llegó a decir que desde el posmodernismo vigente parecía que podía hablarse del fin de la existencia humana, pero no del capitalismo”, apuntó Camarero.

Sin embargo, “el capitalismo tiene problemas muy serios, en un sentido más agravados aún que en su período de conformación o desarrollo inicial, con una dinámica muy destructiva”.  Algunos de esos problemas son el crecimiento de la desigualdad social y de la concentración de la riqueza, la amenaza cada vez más pronunciada sobre el medio ambiente, la total mercantilización de las relaciones sociales y personales, y “el despliegue de formas de alienación de una vida cotidiana completamente conquistada por pautas de consumo febriles y siempre inalcanzables, que incrementan la depresión y la desesperanza colectiva”.

“El capitalismo le reserva a la humanidad un futuro horroroso. Marx supo entender esta dinámica”, afirmó Camarero. “Hay un largo debate sobre la situación y las perspectivas de la clase trabajadora, que Marx consideraba el sujeto social sepulturero del capitalismo. Es cierto que la robotización ha destruido puestos de trabajo y la inteligencia artificial introdujo nuevas pautas y desafíos. El trabajo ha mutado alguna de sus formas, y la clase también”, agregó.

A pesar de eso, el historiador considera que la Ley del Valor enunciada por Marx, según la cual el valor de una mercancía está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla, sigue siendo “la única forma de explicar los procesos actuales de concentración del capital y de generalización de relaciones sociales capitalistas en todo el orbe”.

Para reforzar esta idea, Camarero destacó el hecho de que, a pesar del avance de la computación y digitalización de los procesos productivos, “la masa de trabajadores se ha generalizado a nivel mundial. Hoy hay más trabajadores asalariados que nunca antes”.

“El capitalismo solo trae tendencias regresivas y bárbaras como las guerras, la destrucción del medio ambiente, convertir todo en mercancía. Marx trazó la explicación más genial sobre la naturaleza y la lógica objetiva del orden del Capital, y los modos de superarlo. Por eso sigue siendo enormemente vigente”, concluyó el historiador argentino.

Tomado de Sputnik

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