Vida y tiempos de Pancho Villa

Pancho Villa es uno de los personajes más controvertidos de nuestra historia: su vida se entrecruza con la leyenda.

Publicado en Nexos el 1 de febrero de 1999

Vida y tiempos de Pancho Villa

Friedrich Katz

Pancho Villa

Por Ana María Serna Rodríguez

Pancho Villa es uno de los personajes más controvertidos de nuestra historia: su vida se entrecruza con la leyenda. Ahora disponemos de la investigación realizada por Friedrich Katz, gracias a la cual podemos apreciar a Villa en el contexto de una nueva interpretación de la Revolución mexicana.

Nunca los Sanchos hicieron algo grande, en todas las obras de empuje se necesitan los locos como Madero o don Quijote.

Felipe Angeles (diciembre 1917)

Felipe Angeles dedicó su vida a la labor quijotesca de ser el fiel compañero de Pancho Villa en los altibajos de la Revolución. En el trayecto de su utópica aventura se convenció de que formaba parte del gremio de los realizadores de grandes obras. Hace veinte años, Friedrich Katz comenzó, una labor semejante aunque menos peligrosa. La idea de reconstruir la imagen de un revolucionario casi mítico, que anduvo perdida entre fuentes dispersas por todo el mundo, podría parecer a muchos una misión imposible. Sobre todo cuando se está al tanto de que la Revolución que dirigió el general Francisco Villa ha creado enormes controversias y ha estado cubierta por un velo de confusión. Otros personajes en la historia de México encontraron su lugar con más facildad en el nicho de los héroes o los villanos. Miguel Hidalgo se considera sin duda alguna el “Padre de la Patria” y Juárez tiene bien ganado su simbólico título de “Benemérito de las Américas”. Santa Anna, Porfirio Díaz y Victoriano Huerta difícilmente borrarán su estigma de dictadores aunque nos esforcemos en limpiar sus expedientes. Sin embargo, los mexicanos no hemos sido capaces de dar a Pancho Villa un lugar preciso en el “altar de la historia patria”. Su evocación todavía nos incomoda porque revive, a un mismo tiempo, el fantasma de un carácter violento y de un alma justiciera. Pancho Villa aún no ha logrado vencer la controversia a su alrededor. Sus admiradores lo han llamado el Robin Hood de la frontera y el amigo de los pobres. Sus enemigos prefieren referirse a él con epítetos mucho más despectivos, como el Atila del Norte o el Quinto Jinete del Apocalipsis. El resultado de la ingente labor detectivesca de Friedrich Katz no pretende dar una versión definitiva de la personalidad de Villa. Más bien, nos da la oportunidad de hacer una reevaluación y encontrar bajo el mito al hombre que contribuyó más decisivamente a la destrucción del antiguo régimen. La larga historia que se compila en un millar de páginas es, quizá, la más seria interpretación de una gran variedad de fuentes y una provocación para volver a debatir la dimensión social y popular de la lucha armada de 1910. Leerla con atención quizá nos ayude a reconciliamos con nuestro pasado villista.

La tarea de desenterrar al hombre que se escondía en el mito no ha sido fácil. Muchas generaciones han pretendido darle luz al oscuro Doroteo Arango y a su División del Norte. Autores tan diversos como Martín Luis Guzmán, John Reed, Regino Hernández Llergo y otros intelectuales de la época intentaron retratarlo en vida. Varios cineastas intentaron reconstruir al personaje en la pantalla grande y con esa dimensión hollywoodesca le ayudaron a trascender las fronteras de la historia nacional. Incluso sus restos físicos han tenido un curioso destino. En 1926, algún interesado profanó su tumba para robarle la cabeza al cadáver de Pancho Villa. Unos culparon a Obregón. Otros dijeron que Amulfo R. Gómez quería que los científicos examinaran el cráneo para descubrir el secreto de su genio militar. En los años setenta el presidente Luis Echeverría intentó reconciliar su administración con los movimientos populares del pasado. Entonces sacó a Villa de su refugio en Parral y fue a colocarlo junto a sus peores enemigos en el céntrico Monumento a la Revolución. Por aquella época también, Friedrich Katz empezó a rastrear los avatares de Villa. Fueron muchos los lugares adonde fue siguiéndoles la pista. Desde Chihuahua hasta Viena, pasando por los archivos de Washington y de varias ciudades más, Katz ha revisado las fuentes primarias y su estudio nos permite restaurar la imagen de uno de los líderes populares más importantes del siglo XX.

El estudio de Friedrich Katz no se reduce a una biografía. Pancho Villa se extiende más allá de su personaje central. La complejidad de la figura de Villa y del movimiento bajo su mando no se pueden comprender sin una perspectiva amplia. Pancho Villa, el hombre, encarna las tensiones de una región con una historia y una autonomía características, que no siempre siguió la pauta del destino nacional. Su historia es la de una relación particular entre México y Estados Unidos. Es también la historia de los grupos heterogéneos que integraron las filas de la División del Norte y de sus enemigos. Es la historia del éxito y el fracaso de una determinada estrategia militar, de la relación de fuerzas entre un líder popular y las presiones que sus subordinados ejercieron sobre él. Es, finalmente, la historia de un proyecto social para México que fue derrotado.

Katz propone inicialmente el desmantelamiento de las leyendas creadas en torno a Villa. Las preguntas que guían esta parte de su investigación apuntan al pasado de Villa antes de su entrada a la Revolución, su ascenso y conversión en uno de los líderes más importantes de la lucha armada. También revela la esencia de su ideología y cómo ésta se manifiesta en la práctica. Según Katz, un acercamiento equilibrado vería a un peón durangueño que, tras enemistarse con el hacendado, se convierte en bandido. Katz explica el bandidaje como un resultado del sistema porfiriano que condenaba al servicio forzoso en el ejército a los peones que tuvieran alguna querella contra el hacendado. Quienes, como Villa, escapaban del servicio en el ejército encontraban en el bandidaje un recurso de supervivencia. En Chihuahua, Doroteo Arango se cambia de nombre y se gana la vida como ladrón de ganado y como supervisor y encargado del transporte de bienes para compañías extranjeras. Los motivos de su entrada a la revolución maderista son difíciles de demostrar debido, entre otras cosas, a su falta de experiencia y participación política antes de la Revolución. Hasta 1910, Villa no había sido líder de ninguna comunidad o pueblo, ni había pertenecido a ningún grupo político de oposición. Sin embargo, tuvo siempre malas relaciones con la oligarquía y la lucha armada se le presentaba además como una oportunidad para restaurar su status legal y ascender socialmente. Según explica Katz, su ascenso a una posición de liderazgo militar se puede atribuir al hecho de que Villa cumplía con las cualidades de un caudillo tradicional: carisma, audacia, valor, voluntad para tomar riesgos, habilidad para el manejo de la pistola y el arte de andar a caballo. Pero quizá lo más importante fue su genuina dedicación al bienestar de sus hombres y su capacidad para identificarse personal, material e ideológicamente con ellos. Este bienestar era posible gracias a una disciplina de hierro que prevenía el pillaje y el robo, y no permitía el desperdicio de recursos que se dedicaban al buen mantenimiento de las tropas. Un segundo factor que contribuyó a su preeminencia fue que Madero lo consideró, en un principio, el más leal de sus hombres en Chihuahua. Entre 1910 y 1914 Villa llegó a controlar alrededor de cien mil soldados, peleó campañas regulares y controló vastas regiones de la zona norte. De ser un peón casi analfabeta, pasó a ser un gran organizador y un eficiente administrador de recursos. Sin la ayuda de una estructura política y con unos cuantos intelectuales y técnicos a su lado, fue capaz de afrontar tres problemas fundamentales: la organización de un ejército profesional, el apoyo popular a su movimiento y el de las élites de poder en Estados Unidos.

Katz argumenta que la ideología de Villa se puede caracterizar por dos elementos. El primero es el odio a la oligarquía en la cual, sin embargo, no estaban incluidos todos los hacendados. ni se contemplaba la destrucción de la hacienda como institución. El segundo es la creencia en la necesidad de una distribución del ingreso entre las capas más pobres de la población.

Una parte importante de este aspecto era la repartición de tierras. Sin embargo, a diferencia del movimiento zapatista que consideraba la reforma agraria como su premisa fundamental, Villa pudo posponerla como una necesidad secundaria. Morelos era una zona principalmente agrícola, mientras que la economía en Chihuahua estaba mucho más diversificada. Katz considera a Villa un líder tradicionalista y modernizador al mismo tiempo. Su tradicionalismo se basa en la idea de un regreso a la organización original de las colonias militares de Chihuahua. Su espíritu modernizador se manifiesta en la profunda creencia en los beneficios de la educación.

Aunque Villa propone un proyecto nacional, éste debe entenderse como el producto de un líder regionalista. El único programa coherente que propuso a nivel nacional fue la descentralización, con la idea de que cada una de las facciones administrara la región bajo su control. Este plan concebía un gobierno nacional débil, que prácticamente no ejerciera control alguno sobre las regiones. Villa no puede considerarse un demócrata debido a que no toleraba la oposición y durante su administración en Chihuahua no se hicieron elecciones a nivel local ni regional.

Las características personales de un líder no definen a su movimiento. El movimiento villista puede entenderse más fácilmente si se le considera como un producto regional. En este regionalismo se encuentran también las claves de su éxito y de su fracaso. Villa y Zapata tuvieron la oportunidad de ocupar la Presidencia de la República y rechazaron este privilegio. La presidencia representaba el control nacional y nunca quisieron acceder a él. El aislacionismo es una de las características de los movimentos populares de la Revolución. El estado de Chihuahua y sus habitantes tuvieron una historia particular que influyó directamente en la composición del villismo. Por un lado estaban los pueblos que antiguamente constituyeron las colonias militares fronterizas. Estas colonias militares se formaron desde la época colonial para poblar las regiones norteñas y controlar, por medio de una población armada, el avance de los apaches hacia el sur. A cambio de esto, la Corona les otorgaba tierras. Estos pueblos desarrollaron una autonomía sin precedentes y siempre fundaron sus relaciones con el centro sobre las bases de su independencia. En el mismo estado de Chihuahua, junto a los pueblos libres, se creó también una de las oligarquías más poderosas del país. La red de influencias de las familias Terrazas y Creel que se extendió a través de la región durante el porfíriato, fue una de las causas de descontento que propiciaron una rebelión masiva.

Aun cuando el villismo surgió a partir de una problemática regional, su importancia y su influencia repercutieron a nivel nacional. Katz destaca la importancia de la revolución chihuahuense en relación a los otros movimientos revolucionarios. Más que cualquier otro grupo, el movimiento de Chihuahua gozó de una fuerza militar sin precedentes que decidió el destino de la Revolución durante sus primeros años. En 1910 fue el único movimiento a gran escala que se levantó en armas contra el regimen porfirista, y en 1914 Chihuahua llevó la mayor carga en la lucha contra Victoriano Huerta. Su originalidad también radica, por una parte, en que fue la facción que mantuvo relaciones más ambivalentes con el gobierno de Estados Unidos. Por otra parte, en su composición social fue el único movimiento revolucionario que incluyó a miembros de todas las clases sociales con excepción de los hacendados. Es precisamente este asunto el que ha creado una de las mayores controversias en tomo al movimiento villista. ¿Quiénes fueron los seguidores de Pancho Villa y los integrantes de la División del Norte? ¿Qué razones tuvieron estos individuos para incorporarse a ella? ¿Se puede considerar al villismo un movimiento campesino? Si es así, ¿cómo se explica la participación de otros sectores como los de trabajadores mineros y las clases medias? La heterogeneidad del movimiento villista se explica con una referencia a las condiciones sociales porfirianas. Uno de los puntos de unión entre las clases medias y bajas de Chihuahua era el odio y la oposición unánime al reino del binomio familiar Terrazas-Creel. Luis Terrazas, a quien se consideraba un caudillo popular y un hacendado paternalista porfiriano, fue cambiando por completo su actitud a finales del porfiriato y se convirtió en uno de los personajes más odiados de la región. El origen de este odio se combinó también con ciertos cambios en las condiciones sociales y económicas del estado que minaron el status social de sus pobladores. La paz de fin de siglo permitió la inversión extranjera y la construcción de ferrocarriles. Esto elevó el precio de las tierras, desarrolló el mercado y creó incentivos para la expropiación de tierras privadas. Siendo gobernador del estado, Creel decretó una ley en 1905 que debilitó la autonomía que las comunidades fronterizas habían gozado durante dos siglos. Además, durante la recesión económica de 1907 y 1908, Creel estableció un alza de impuestos que afectaron a la ya empobrecida población y canceló el derecho de pastoreo del ganado de los campesinos de los pueblos libres en las tierras de las haciendas y en las tierras públicas que ellos habían adquirido recientemente a bajos precios. Esta combinación de medidas restrictivas dio como resultado que muchas fuerzas populares heterogéneas de las zonas rurales de Chihuahua se unieran en una lucha común contra las reformas.

Otra de las características importantes del movimiento villista es la ausencia de hacendados entre los líderes revolucionarios. A diferencia de los movimientos revolucionarios que surgieron en Coahuila y Sonora, donde las clases altas estaban divididas políticamente, la clase de hacendados en Chihuahua controlaba todo el poder político de la región gracias a una red de conexiones interfamiliares. Un análisis del villismo exige una comparación con los otros movimientos y una explicación de los motivos de tan enconada guerra civil. Katz revisa las diferentes hipótesis que se han dado para dar cuenta de ella. Algunas explicaciones destacan la rivalidad entre los líderes o las diferentes mentalidades de las élites revolucionarias con un constitucionalismo de raíces urbanas y un convencionismo de origen rural. Otros análisis han explicado el fenómeno como una lucha de clases donde Carranza liderea una revolución burguesa y Villa y Zapata una revolución campesina. En esta discusión, los temas de la importancia de la tierra y el problema agrario cobran gran importancia. Una de las preguntas que han creado más controversia entre los estudiosos de este tema alude a la existencia de un problema agrario en el norte y a si al problema de la tierra fue una de las causas de la Revolución de 1910. Katz explica las diferencias entre el carrancismo y el villismo analizando la base social de cada una de las regiones en las que surgen estos movimientos. Así, explica que la expropiación de tierras de los pueblos libres durante el porfiriato había sido un gran problema en las áreas donde surge el movimiento villista, y éste no fue el caso en las zonas carrancistas. Sin embargo, ni el carrancismo ni el villismo llevaron a cabo la inmediata división de tierras. El destino de los hacendados y sus haciendas fue finalmente lo que marcó las diferencias entre los dos movimientos. Carranza hizo todo lo posible por mantener intacto el poder de los hacendados de su región y después restituyó las propiedades de aquellos hacendados que las habían perdido en el curso de la Revolución. Villa, por su parte, expulsó a los hacendados, confiscó todas las propiedades de las élites locales y las colocó bajo la administración de su gobierno revolucionario. Sin embargo, la inexistencia de un reparto agrario masivo ha llevado a muchos a cuestionar el trasfondo agrario de la revolución villista. ¿Por qué nunca se realizó una distribución de tierras en la zona villista? Esta pregunta tiene varias respuestas que inciden sobre la relación de Villa con el mundo exterior.

La relación que Pancho Villa mantuvo con los Estados Unidos fue determinante para su movimiento e influyó en el curso de la Revolución. Los vínculos de Villa con políticos, intelectuales, hombres de negocios y radicales norteamericanos, pasó por altas y bajas tocando los extremos de la amistad y la enemistad. Ninguna fuerza extranjera había penetrado territorio estadunidense desde 1812, hasta que las tropas al mando de Villa despertaron a los pobladores de Columbus una madrugada de 1916. Este acto temerario fue resultado de una lógica brillante con la que Villa pretendió darle nueva vida a su movimiento. La luna de miel entre Villa y los norteamericanos duró hasta finales de 1914. Durante ese periodo, Villa se proveía de armas que cruzaban a través de la frontera y cultivaba las buenas relaciones con los propietarios extranjeros de la región bajo su control. Villa mantenía sus ejércitos mediante la administración de las haciendas y la venta de ganado que confiscaba a los oligarcas de la región. Con ello se colocaba al margen de los conflictos diplomáticos y continuaba recibiendo los impuestos de las empresas que se encontraban funcionando. Por el contrario. Carranza implantó un sistema inverso. Debido a que una de sus principales bases de apoyo eran los hacendados y las élites regionales, tuvo que recurrir a los fondos provenientes de la propiedad extranjera, para mantener intactas las riquezas de sus aliados nacionales. Por ello, el financiamiento de sus ejércitos provenía mayormente de los elevados impuestos aplicados sobre las empresas extranjeras. Estas diferencias en las raíces sociales de los dos grupos revolucionarios marcaron las relaciones de ambos con los Estados Unidos y tuvieron un efecto importante en el resultado de la Revolución. Mientras se mantuvo la lucha común contra Huerta, Villa fue un aliado de los Estados Unidos. A diferencia de Carranza, no condenó la invasión de Veracruz en 1914 y, sin embargo, poco tiempo después se cambiaron los papeles y el gobierno de Woodrow Wilson otorgó su reconocimiento a la facción constitucionalista. ¿Cómo explicar ambos fenómenos? Detrás de estas preguntas. Katz desentraña una intrincada trama de sucesos y actitudes encontradas. En primera instancia, Woodrow Wilson tomó partido desde un principio a favor de los revolucionarios para derrocar a Huerta. Dos criterios guiaban el apoyo del gobierno norteamericano a los líderes de países del Tercer Mundo: su capacidad de mantener el orden y de proteger los intereses extranjeros. Villa parecía cumplir con esas dos características.

Desde el punto de vista villista, los Estados Unidos significaban la fuente principal de financiamiento y de armas. La cercanía de la frontera le significó a Villa la posibilidad de formar y mantener un ejército regular y combatir así al ejército federal. Paradójicamente, esta misma necesidad de mantener un ejército profesional fue una de las razones que impidieron a Villa la realización de un reparto agrario. El movimiento villista se mantenía de los recursos extraídos de las haciendas y el reparto hubiera significado su mina. Al mismo tiempo, si las tropas hubieran recibido tierras antes del triunfo de la facción villista. hubieran perdido el interés en sostener la lucha armada. Por último, el reparto hubiera afectado la imagen de Villa en los Estados Unidos donde se imponía el principio del respeto a la propiedad privada.

Los vínculos con Estados Unidos fueron para Villa una espada de dos filos. Una de las preguntas más interesantes que se plantea Friedrich Katz es si la política de los Estados Unidos contribuyó de una manera determinante a su derrota. Mucho antes de la derrota de Celaya, la administración norteamericana había perdido la fe en que la facción villista fuera, por sí sola, capaz de llevar a cabo las medidas que a ellos les parecían necesarias. Por lo tanto, Wilson se dedicó a jugar un papel ambiguo y colaboró para enfrentar una facción con otra. Para 1914 las relaciones de Villa con sus aliados norteamericanos estaban deterioradas. Carranza recibía más armas de los Estados Unidos y eso. junto con el permiso otorgado a Obregón de cruzar por territorio norteamericano, influyó de manera decisiva en la derrota de Villa en Agua Prieta. El deterioro de las relaciones de Villa con Estados Unidos tuvo una razón aún más decisiva. Mientras Villa pudo echar mano de los recursos de las haciendas confiscadas y mientras su moneda tuvo valor, mantuvo intacta la propiedad norteamericana. Cuando esto no fue suficiente, tuvo que recurrir al cobro de impuestos a las empresas norteamericanas y a forzar a las compañías mineras a reiniciar sus actividades. Cuando Villa decidió invadir Columbus. sus ejércitos estaban diezmados y en plena derrota. El ataque a Columbus fue. a primera vista, una protesta villista en contra del reconocimiento de los Estados Unidos al gobierno de Carranza. Sin embargo. Katz le encuentra otro posible sentido. Siguiendo cierta lógica, era de esperarse que un ataque a los Estados Unidos provocara una reacción. Esta no tardó en manifestarse y las tropas al mando del general Pershing entraron a México con la consigna de capturar a Villa. Sin embargo, la presencia de la expedición punitiva en México funcionó a favor de Villa ya que colocó a la facción constitucionalista en una difícil situación. Carranza ponía en jaque el apoyo de los Estados Unidos si no permitía a sus tropas la posibilidad de perseguir a su agresor. Por otra parte, la presencia de tropas extranjeras en territorio mexicano encendió un fuerte sentimiento antinorteamericano que se revirtió en contra de Carranza restándole credibilidad entre sus seguidores nacionalistas que se radicalizaron en la Convención de Querétaro. Más aún. provocó el deterioro de las relaciones entre Carranza y los Estados Unidos. Todo esto debilitó a Carranza, le impidió llevar a cabo su proyecto político y no le permitió destruir los movimientos campesinos que aún se mantenían combatiendo y que sobrevivieron hasta la era de Obregón. El ataque a Columbus le dio entonces un nuevo soplo de vida al movimiento villista y le permitió sobrevivir con una guerra de guerrillas. Esto, sin embargo, no resultó una garantía de por vida. Muy probablemente el asesinato de Villa en 1923 pudo haber sido una de las condiciones de reconocimiento que los Estados Unidos impusieron al gobierno mexicano.

Friedrich Katz concluye su estudio de veinte años entablando una discusión con Alan Knight. otro importante historiador de la Revolución Mexicana. En su Historia de la Revolución Mexicana. Alan Knight se pregunta cómo sería México si la Convención hubiera triunfado militarmente. Para él, un régimen villista hipotético consistiría en un estado débil en control de una serie de feudos locales, donde el poder de los políticos civiles dependería de los caudillos militares regionales que mantendrían a México bajo una especie de bandidaje gubernamental. Friedrich Katz. por su parte, trata de recuperar la influencia de Emiliano Zapata y la dimensión agraria del movimiento villista para imaginar un país mucho más igualitario donde se habría realizado un reparto agrario a gran escala. A corto plazo, las consecuencias económicas de esta redistribución hubieran provocado un incremento en la agricultura de subsistencia a expensas de la producción comercial. Sin embargo, a través de la historia de México los pequeños rancheros y las comunidades de los pueblos libres han producido excedentes para el mercado. A la larga, estas reformas hubieran permitido un México más democrático debido a que las sociedades más igualitarias, con más propietarios campesinos, tienden a ser más democráticas que aquellas sociedades donde los ricos terratenientes controlan la producción de las tierras en grandes zonas rurales.

Hay una gran cantidad de aspectos que esta reseña ha tenido que dejar de lado como, por ejemplo, la comparación que hace Katz entre la Revolución Mexicana y las otras grandes revoluciones sociales en Francia. Rusia y China. Seguramente habrá lectores que disfrutarán la intrincada trama de pasajes de este libro que exponen la vida íntima de Pancho Villa y analizan la carismática personalidad del general Felipe Angeles. Las posibilidades de análisis de este libro son muy variadas. Estos párrafos no han podido ser más que un punto de partida. n

Ana María Serna Rodríguez. Historiadora. Estudia el doctorado en Historia en la Universidad de Chicago.

Tomado de Nexos

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