López Obrador o la refundación del PRI

JORGE ZEPEDA PATTERSON

Como en una tragedia griega, Andrés Manuel López Obrador formado en y expulsado del PRI hace más de treinta años podría convertirse en el último clavo del ataúd del cuerpo putrefacto de ese partido y a la vez el redentor que resucite la esencia del alma priísta.
El programa que el líder opositor presentó esta semana de cara a las elecciones presidenciales es un homenaje a las tesis históricas del partido que gobernó a México durante la mayor parte del siglo XX. Una agenda que habría firmado Lázaro Cárdenas, el promotor de la reforma agraria y de la expropiación petrolera.

Un priísmo sin tecnócratas y sin corrupción, fue la imagen que López Obrador proyectó en su agenda de compromisos: autosuficiencia económica, apoyo a la formación del mercado interno, subsidios a los pobres y a los jóvenes, un Estado protector e interventor, exaltación del nacionalismo y de la justicia social.

En principio parecerían medidas trasnochadas, convertidas en adefesios por el poderoso tren de la globalización y el Tratado del Libre Comercio. López Obrador parecería estar hablando desde un pasado aparentemente anacrónico y desde el México profundo que nuestros ministros formados en escuelas de élite de Estados Unidos, han tratado de desaparecer a fuerza de ignorarlo.

Pero el discurso del líder de Morena se alimenta de dos vertientes igualmente contemporáneas:

Por un lado, los efectos, defectos y distorsiones acumuladas tras 25 años de subordinación al modelo globalizador. La apertura de mercados provocó oportunidades económicas para unos sectores pero golpeó a muchos otros (los más pobres). En cierto momento, la globalización luce menos como una fuente de expansión de la economía en su conjunto y cada vez más como un factor que quita los recursos a unos sectores para dárselos a otros (escribió en The New York Times este miércoles Dani Rodrik, profesor de Harvard). En nuestro país, como en tantos otros, generó una desigualdad creciente entre regiones, entre ramas económicas y entre grupos sociales.

Para campesinos, obreros de la industria tradicional y muchos otros sectores populares la globalización representó el fin de un modo de vida. Para muchos la única salida fue el empobrecimiento, la migración, el cultivo de enervantes o la delincuencia en las ciudades. Ese México, que López Obrador ha recorrido incesantemente, es el que ahora se presenta al grito de “Y venimos a contradecir”.

El segundo impulso a este populismo nacionalista no tiene nada de trasnochado. El Brexit en Inglaterra o el fenómeno de Trump en Estados Unidos constituye, con todas las distorsiones que puedan pensarse, versiones a la misma reacción en contra de los efectos secundarios provocados por una globalización salvaje y ciega.

En momentos en que Estados Unidos comienza a cerrarse frente a su vecino y a dictar medidas de protección para su industria en detrimento de la nuestra, las tesis de López Obrador pueden pecar de ser buenas o malas, pero no de ser anacrónicas. Frente al proteccionismo belicoso de Trump, apelar por el fortalecimiento del mercado interno, la autosuficiencia alimentaria o a la industria nacional es una política de sobrevivencia.

Lo cual nos regresa al PRI. López Obrador fue el entusiasta presidente de esta organización en Tabasco cuando tenía 28 años. Inventó un himno y trató de convertir al partido en una fuerza campesina y social. Los cuadros políticos lo echaron. Años más tarde, cuando intentó regresar, los técnicos del salinismo y sus sucesores lo impidieron.

En su lógica, los que reinaron en nombre del PRI los siguientes sexenios traicionaron los orígenes populares y sociales del partido. A sus ojos, Enrique Peña Nieto representa la parte oportunista y corrupta que el PRI siempre tuvo al hacerse del poder tras la Revolución de 1917. José Antonio Meade o Luis Videgaray (candidato oficial del partido y hombre fuerte del régimen, respectivamente, economistas ambos) son personeros de las élites que usurparon el poder (y el partido) a la sombra de la globalización. Fariseos que ocuparon el templo y lo desvirtuaron.

Hace 30 años López Obrador quiso refundar el PRI en su estado natal; hoy, sin decirlo explícitamente, quiere volverlo a hacer pero ahora desde Palacio Nacional. No es casual que Morena este reclutando bases y líderes sociales de ese partido a todo lo largo del territorio. Morena es el nuevo PRI; o mejor dicho, el verdadero PRI aunque hasta ahora solo haya existido en la cabeza de Andrés Manuel López Obrador.

(Tomado de: El País)

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