La destrucción de inmuebles y espacios públicos en Hermosillo: el Héctor Espino

Por Sebastián Flores*

El Gobierno del Estado de Sonora ha anunciado una desincorporación de bienes que incluyen la venta de los estadios de béisbol Héctor Espino en Hermosillo y Tomás Oros Gaytán en Ciudad Obregón, esto con el objetivo de abonar a las deudas de alrededor de tres mil millones de pesos que tiene el ISSTESON. Esta no es la primera vez que el Estado pretende vender el Estadio Héctor Espino, pues en 2014 el ex gobernador Guillermo Padrés Elías mencionó la posibilidad de vender el estadio con el fin de pagar el Fondo de Pensiones y Jubilaciones del mismo ISSTESON.

La venta y consecuente destrucción de estadios y espacios deportivos públicos en la ciudad no es nueva, tiene como antecedente la demolición del estadio de béisbol Fernando M. Ortiz en 1973; en ese entonces hogar del club de béisbol Naranjeros de Hermosillo. y Con ello, de las instalaciones públicas llamadas “Casa del Pueblo” también fueron destruidas.

La Casa del Pueblo se inauguró en 1934 por el entonces gobernador Rodolfo Elías Calles. El objetivo fue crear un complejo recreativo/burocrático que satisficiera las necesidades de recreación de los trabajadores de la ciudad. La Casa del Pueblo formaba parte de la política educativa de Elías Calles y más aún, parte del proyecto regenerador del país, que arremetía en contra del fanatismo religioso, propugnaba el progreso y formaba parte del proyecto de civilización impulsado desde el estado conocido como “nacionalismo revolucionario”.

Dentro de este proceso civilizador, la Casa del Pueblo ponía al alcance de las clase obrera al deporte como vehículo de una política anti vicios y de salud física, muy similar a las doctrinas sobre el cuerpo y la salud física de la Unión Soviética y la Alemania Nazi. El complejo se ubicaba frente al parque Francisco I. Madero en dónde hoy se encuentra el parque infantil de Hermosillo. En él se localizaban la sede estatal del PRI, una biblioteca, las primeras albercas públicas de la ciudad, canchas de tenis (que si bien no era un deporte muy popular en la primera mitad del siglo XX, se ponía al alcance de los sectores populares) canchas de frontón, rings de boxeo y el estadio de béisbol Fernando M. Ortiz.

La destrucción del estadio de béisbol y del complejo deportivo-cultural “La Casa del Pueblo” fue puesta en marcha por el gobernador Faustino Félix Serna tras la construcción de un nuevo estadio de béisbol al norponiente de la ciudad: el estadio “Héctor Espino”, sin importar el lugar que ocupaba la Casa del Pueblo como lugar de encuentro, de esparcimiento recreativo y deportivo para la sociedad hermosillense y mucho menos la memoria colectiva de los ciudadanos.

En 1973 la “Casa del Pueblo” fue destruida para dar paso a la modernización deportiva y a la derrama económica que implicaba la construcción de un nuevo estadio, también para dar lugar a un parque infantil público. Hoy en día la venta del estadio Héctor Espino no daría lugar a proyectos públicos si no a la iniciativa privada.

La economía mercantil capitalista domina las ciudades, las traza, las piensa, les da forma y sus mecanismos nos inundan. La funcionalidad, la recreación, el esparcimiento físico e intelectual de los ciudadanos queda en manos del capital. El Estadio Héctor Espino posee 46 años de historia deportiva, entre juegos de la Liga Mexicana del Pacífico, Series del Caribe, Campeonatos de béisbol infantil de las Américas y partidos de las Grandes Ligas de los Estados Unidos. También fue y es espacio de numerosos conciertos de Rock, pop, bailes gruperos, festivales de música electrónica, circos, expos y ferias populares, shows de motocicletas, entre otros eventos.

Además de su historia, cuenta con un área deportiva que alberga canchas de tenis, baloncesto, frontón, fútbol, alberca pública, áreas verdes y juegos infantiles, muy al estilo de la destruida “Casa del Pueblo”.

Constituye, además un espacio de identidad y de funcionalidad para las colonias que lo rodean. En el caso de la colonia Pimentel donde se encuentra ubicado, el tianguis “popular” toma su nombre “Tianguis Héctor Espino”, mismo cuyas calles llevan nombres de peloteros de renombre en la historia de los Naranjeros de Hermosillo y del estadio Héctor Espino como Fernando Valenzuela, Kalimán Robles o, el mismo Héctor Espino.

Es el parque y centro de esparcimiento más cercano para las colonias Pimentel, Olivares, Choyal, el Sahuaro, El Torreón, entre otras. En la colonia Olivares a unas cuadras del Estadio se ubica el “Bar Bonanza” que tiene entre su temática e identidad el béisbol, lo que se observa en las paredes con imágenes de múltiples campeonatos de los Naranjeros de Hermosillo y de jugadores de dicho equipo. Por si fuera poco, dentro del Estadio Héctor Espino vive “Don Manuel”, quién durante muchos años fue el jardinero del estadio, para poder realizar su labor, el club le construyó una casa dentro del inmueble, en la cual vive con su esposa y en la cual criaron a sus hijos. “En entrevista concedida al Imparcial para un video reportaje Don Manuel, ante la pregunta ¿A usted no le da miedo que un día le digan que se tiene que ir? Responde: “Sí, pero tampoco no me voy a querer salir así nomás, que me saquen a la fuerza, ¿sabes  porque? Porque no tengo a donde irme, responde.

El barrio compone a un sector de la población que se ha constituido a partir de las luchas urbanas por el acceso a los servicios, a la vivienda, a la educación y, también, a la participación política, prueba de ellos es que las colonias contiguas al estadio fueron invasiones en sus inicios.

Los barrios –que desde el discurso hegemónico de la ciudad son espacios empobrecidos, excluidos, marginales y marginados, carentes de cultura–, son construidos y (re)significados por sus pobladores como un espacio de vida, de cultura propia, de solidaridad, de resistencia y de alternativa.

Al igual que en 1973 hoy se abre la posibilidad de echar abajo espacios públicos con fines mercantiles, en el caso presente para sanar las deudas de un estado corrupto y mal administrado. En 1973 si bien hubo inconformidad por parte de la ciudadanía por la destrucción de la Casa del Pueblo, no logró frenar la destrucción.

Puede que hoy desde los barrios, surjan las luchas por la democratización de la ciudad, así cómo han realizado luchas por la inclusión social en el pasado, hoy pueden surgir luchas que apuntan al reconocimiento y la identidad: el reconocimiento del barrio como espacio territorial, generado desde sus pobladores y pobladoras, con construcciones culturales, saberes, formas de organización, de resistencia y de vida. La pelea por la existencia de un modo de vida distinto al impuesto por el imaginario desarrollista, capitalista y neoliberal.

Para los pobladores de las colonias contiguas, el Estadio Héctor Espino es un espacio importante de recreación, para los comerciantes del Tianguis Héctor Espino resulta un polo de atracción por los eventos que se desarrollan allí. En la colonia Pimentel existe un antecedente de vecinos armados ante la incompetencia del gobierno para combatir la violencia ¿Podrá también la organización social oponerse a la destrucción de espacios públicos?

*Licenciado en Historia por la Universidad de Sonora

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