Arabia Saudí y Rusia exigen reducciones de la producción de Estados Unidos como condición para el alto el fuego de su guerra de producción y de precios

Al igual que las aves rapaces, los gigantes petroleros estatales de Arabia Saudí y Rusia pueden oler la decadencia de la industria del petróleo de esquisto de Estados Unidos y la cuota de mercado que se liberará cuando caigan los más débiles por la superabundancia que provocaron y el desplome de la demanda a causa del coronavirus. Pero hay otros buitres sobrevolando en círculos el petróleo de esquisto de Estados Unidos ahora mismo, y algunos de ellos son estadounidenses.

Las empresas Saudi Aramco (SE:2222) de Riad y Rosneft (MCX:ROSN) (OTC:OJSCY) de Moscú parecen ser las peor intencionadas pues pretenden acabar a los llamados frackers (fraccionadores) que ayudaron a convertir a Estados Unidos en el mayor productor de petróleo del mundo. Pero hay toda una serie de ejecutivos estadounidenses del petróleo que también desean librar a la industria de los miles de pequeños-medianos perforadores independientes que han inundado el espacio y su mercado.

Durante años, mientras que las administraciones de Obama a Trump celebraban el crecimiento poco glamoroso pero fenomenal de la industria del petróleo de esquisto y la eficiencia de una producción que permitía a la mayoría de los estadounidenses disfrutar de la gasolina a menos de 3 dólares por galón, otros altos ejecutivos de Estados Unidos —algunos pertenecientes a las grandes petroleras del mundo— aplaudían también, pero con desprecio.

WTI

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En su fuero interno, muchos de estos ejecutivos del petróleo de altos vuelos desearían que el negocio del petróleo de esquisto —que había ampliado la producción de crudo de Estados Unidos de 8 a 13 millones de barriles al día en sólo seis años y representa ya más de la mitad de los volúmenes de petróleo y gas del país— desapareciera, o al menos se redujera hasta quedar limitado, para que un barril pudiera volver a oscilar entre 80 y 100 dólares, en lugar de entre 50 y 60 dólares.

Las grandes petroleras estuvieron a punto de experimentar esto durante la primera ronda de bancarrotas del petróleo de esquisto a causa del desplome del mercado de 2015. Ahora, gracias a los saudíes y los rusos, tienen una segunda oportunidad.

Las grandes petroleras de EE.UU. también quieren cargarse el petróleo de esquisto

“Aramco y Rosneft quieren que el petróleo de esquisto quede erradicado —eso siempre ha estado en los titulares y todo el mundo lo sabe”, ha dicho un trader senior de una casa de corretaje del sector energético europeo de Nueva York, que realiza transacciones de cargamentos petrolíferos para clientes de ambas compañías. “Lo que no se sabe tanto es que hay empresas estadounidenses que también quieren cargarse el petróleo de esquisto, ya que todos quieren la misma cuota de mercado”.

Añade el trader:

“Son estos grandes rivales de Estados Unidos los que no quieren que Donald Trump rescate a las compañías de petróleo de esquisto, aunque no pueden decirlo, por supuesto. También quieren que los perforadores de esquisto salgan del negocio para que puedan comprar sus activos por centavos de dólar. Básicamente están sobrevolando en círculos el parche de esquisto como buitres”.

Para subrayar su postura, los directores ejecutivos de las principales compañías petroleras estadounidenses, incluidas Exxon Mobil (NYSE:NYSE:XOM), Chevron (NYSE:NYSE:CVX), Occidental Petroleum (NYSE:NYSE:OXY), Devon Energy (NYSE:DVN), Phillips 66 (NYSE:NYSE:PSX), Energy Transfer Partners (NYSE:ETP_OLD) (NYSE:ET) y Continental Resources (NYSE:NYSE:CLR) se reunieron con Trump el viernes, pero no discutieron con él las reducciones de la producción.

Exxon Mobil, Chevron y Occidental han impulsado el petróleo de esquisto en los últimos años, gastando miles de millones de dólares en activos y adquisiciones, tras ceder inicialmente el juego del fracking a los miles de perforadores independientes. Mientras que la perforación en aguas profundas y otros tipos de exploración petrolera tradicional suponen su actividad principal, una oleada de quiebras en el entorno del petróleo de esquisto presentaría más oportunidades de adquisición y de obtención de cuota de mercado para ellos. Los analistas creen que alrededor del 30% de la industria del petróleo de esquisto será eliminada si persiste el malestar actual del mercado.

“Los yacimientos de esquisto seguirán suministrando más de la mitad de petróleo estadounidense (pero) muchas empresas desaparecerán”, escribía en una columna el lunes Arthur E. Berman, un veterano geólogo y experto en petróleo de esquisto de Estados Unidos.

Consejos indirectos a Trump: que no ayude al petróleo de esquisto

El Instituto Americano del Petróleo, que representa a algunas de las mayores empresas energéticas estadounidenses, y el Fabricante Estadounidense de Combustible y Petroquímica han asesorado a Trump contra cualquier intervención en el mercado que impulse el petróleo de esquisto.

“No buscamos ningún subsidio gubernamental ni intervención de ninguna industria específica para abordar la reciente recesión del mercado en este momento”, argumentaban ambos grupos en una carta a Trump.

“Imponer limitaciones al suministro —como cuotas, aranceles o prohibiciones— de petróleo crudo extranjero exacerbaría esta ya difícil situación, pondría en peligro la competitividad a corto y largo plazo de nuestro sector de refinación a escala mundial y podría poner en peligro los beneficios que perciben los estadounidenses como resultado de nuestro creciente dominio energético”.

El uso de “cuotas” y “aranceles” por parte de los grupos comerciales se refiere a la amenaza de Trump de gravar las importaciones de petróleo saudí y ruso a Estados Unidos —si insisten en tomar medidas que destruirían la industria estadounidense. El presidente ha planteado la amenaza un par de veces en las ruedas de prensa de esta semana, aunque no parece ansioso por llevarla a cabo.

El consejo a Trump de las principales compañías petroleras tiene lugar a pesar de los superpublicitados informes de que Arabia Saudí y Rusia exigen reducciones de la producción de Estados Unidos como condición para el alto el fuego de su guerra de producción y de precios. La superabundancia de petróleo ya llevó al crudo estadounidense a tocar fondo en 2002 y al menos un 55% por debajo de los niveles de 2019 en menos de 30 dólares por barril. La mayoría de los operadores de petróleo de esquisto tienen el barril a 35 dólares o más.

Sin una reducción de la producción mundial para igualar el descenso estimado de la demanda de 20-30 millones de barriles, los productores de petróleo de mayor coste desaparecerán, y los perforadores de esquisto serán de los primeros en marcharse.

Para ser justos con los directores ejecutivos que se reunieron con Trump, cualquier discusión sobre las reducciones de la producción o la cooperación con un cártel como la OPEP liderada por Arabia Saudí sería ilegal bajo la ley antimonopolio de Estados Unidos.

Pero sería perfectamente legal negociar tales reducciones en el contexto de una alianza entre Gobiernos como el Grupo de 20 Países.

La postura saudí/rusa está clara: Sin reducciones de EE.UU., no hay acuerdo

El G20 celebrará una videoconferencia el viernes para hablar sobre el mercado del petróleo y hay muchas esperanzas de que los perforadores de petróleo de Estados Unidos contribuyan con propuestas de reducción de la producción. Funcionarios saudíes y rusos, que se reunirán un día antes bajo la alianza OPEP+, también vía streaming, ya han dicho que sin la participación de Estados Unidos, tampoco efectuarán ninguna reducción de la producción.

Trump trató de hacerse el tímido el lunes cuando los periodistas le preguntaron qué aportaría a la reunión del G20 en términos de reducciones por parte de Estados Unidos, asegurando que la OPEP no lo había presionado en absoluto. Trump dijo:

“Creo que ocurrirá automáticamente, pero nadie me ha hecho esa pregunta todavía, así que veremos qué pasa”.

Lo de “automático” en palabras del presidente era una referencia al posible resultado de la escasez de instalaciones de almacenamiento de petróleo en todo el mundo ahora mismo, debido al colapso de la demanda desencadenado por la pandemia del COVID-19 y la batalla entre Arabia Saudí y Rusia por la cuota de mercado del petróleo de esquisto.

La Agencia Internacional de la Energía, con sede en París, guardiana de los países occidentales consumidores de petróleo, ha dicho que la actual superabundancia podría sobrecargar la capacidad de almacenamiento global efectiva en las próximas dos semanas. Si el petróleo no se puede vender ni almacenar, no se puede producir a tasas mucho más elevadas, y tiene que haber cierres generalizados por parte de productores de alto coste como los perforadores de esquisto de Estados Unidos. Aunque saudíes y rusos tendrán que reducir “automáticamente” su producción, como Trump insinuaba, es probable que aguanten el mayor tiempo posible para presionar primero a las empresas de petróleo de esquisto.

Lo extraño es que no es que Trump no tenga petróleo estadounidense para ofrecerse a reducir su producción. Texas, el mayor estado productor de petróleo de Estados Unidos, que representa alrededor del 40% de la producción del país, está dispuesto a reducir hasta 500.000 barriles al día, ha dicho Ryan Sitton, miembro de la Comisión de Ferrocarriles de Texas, que regula la industria petrolera del estado. Sin embargo, el mercado cree que la alianza mundial de productores de la OPEP y los productores no miembros de la OPEP reducirán hasta 15 millones de barriles, de manera que la oferta de Texas es como una gota en un cubo.

Si bien había un par de directores de grandes empresas de petróleo de esquisto en la reunión del viernes con Trump, el presidente no se ha reunido con el sector del esquisto en general. Y podría no poder hacerlo.

El alcance y amplitud de la industria del petróleo de esquisto es enorme aunque sus participantes son en su mayoría pequeños operadores: las ventas de petróleo y gas de muchos de ellos no ascienden a más de 5 millones de dólares al año y no refinan más de un promedio de 75.000 barriles al día de crudo.

Hay alrededor de 9.000 productores independientes de petróleo y gas natural en Estados Unidos. Estas empresas operan en 33 estados y emplean una media de sólo 12 personas. Alrededor del 91% de los pozos petrolíferos estadounidenses son propiedad de productores independientes y producen el 83% del crudo del país y el 90% de su gas natural.

Los perforadores de esquisto más importantes presentes en la reunión del viernes con el presidente fueron el director ejecutivo de Continental (DE:CONG) Resources, Harold Hamm, y el director ejecutivo de Devon Energy, David A. Hager. Alineándose con la comunidad de las grandes petroleras, poco van a beneficiar a los intereses del esquisto.

Tomado de Investing

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