La economía de México se descompone a pasos agigantados

Los datos durante la pandemia muestran que la caída en el empleo, en la recaudación tributaria y en las ganancias de empresas apuntan al comienzo de una crisis económica rápida y profunda

Negocio por negocio, sector por sector, la economía de México empieza ya a deteriorarse. A más de un mes de que la amenaza del coronavirus obligara a la población a encerrarse en casa, los datos muestran que la caída en el empleo, en la recaudación tributaria y en las ganancias de empresas apuntan al comienzo de una crisis económica rápida y profunda. Las cámaras y asociaciones industriales sostienen que los apoyos gubernamentales no están llegando a suficientes empresas para contener el daño de la pandemia en la economía.

En su último anuncio, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social reportó que del 13 de marzo al 6 de abril se habían perdido 346.800 empleos, pero la cifra actual se acerca más a los 600.000, asegura José Luis de la Cruz, encargado de asuntos económicos de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin). Cada día, estima la organización, se pierden 20.000 trabajos. Y eso solo se refiere a los empleos de los 20,5 millones registrados en la seguridad social. La economía informal en México ronda el 56%, por lo que no es posible saber con certeza el total de los trabajadores que han perdido su fuente de ingresos. “Estas empresas están tomando el pulso del funcionamiento, en un sentido más estricto, del mercado interno,” asegura De la Cruz. “Lo que empieza a mostrar es el debilitamiento rápido y acelerado de la economía nacional.”

Los pronósticos de la pérdida de empleos para este año en México, de acuerdo con asociaciones empresariales y la empresa de reclutamiento internacional Manpower Group, van de 1,2 a 2 millones. En México, el 90% de los empleos están en el sector privado. Esto quiere decir que la economía está conformada en su gran mayoría por negocios que ofrecen materias primas, productos o servicios. Los servicios son los que más contribuyen al producto interior bruto (PIB), con el 63% de acuerdo con el INEGI, el instituto de estadísticas de México.

El corazón de esta crisis económica detonada por el coronavirus es la incertidumbre; la falta de conocimiento sobre cuánto durará no permite a los actores económicos, ya sean empresarios, empleados o trabajadores informales, hacer planes o saber cuándo contarán con su próximo ingreso. Salvaguardar los ingresos de las familias es, por lo tanto, una de las claves que definirán si la economía se reactiva de manera rápida o no.

Pega en donde más duele

Uno los servicios más preciados para México, por ser importante fuente de divisas y de empleo, es el turismo. Este es uno de los sectores que más profundamente ha sentido el golpe. La cancelación de vuelos en todo el mundo, así como las medidas sanitarias para prevenir el contagio llevaron al desplome en la ocupación hotelera. En Cancún, la joya de la corona del turismo mexicano, la ocupación hotelera está en un 4,3%, comparado con el 82% registrado antes de las primeras medidas de aislamiento. Las mismas cifras del Gobierno apuntan a que Quintana Roo es el Estado en donde más empleos se perdieron entre el 13 de marzo y el 6 de abril.

Los restaurantes, que sirven tanto a turistas como a los habitantes del Estado, también han sufrido el golpe. La Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) asegura que la industria aporta el 8% de todos los empleos del país con 2,14 millones. Al caer las ventas en un 90%, un tercio de los restaurantes del país han cerrado por la pandemia. La mayoría de los que no están cerrados por completo, están ofreciendo servicios para llevar con una planilla de empleados reducida. Esto pone en riesgo de cerrar permanentemente a una gran parte de los negocios que forman este sector.

Las empresas constructoras entraron a esta crisis ya en una posición vulnerable. El sector beneficia a 66 ramas de actividad a nivel nacional, por lo que ese es uno de los principales motores de la economía del país. Pero una dramática caída del gasto gubernamental en infraestructura la empujó el año pasado a su peor contracción en casi dos décadas. Hoy en día, la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) estima que están en riesgo de desaparecer medio millón de empleos en la construcción por la crisis del coronavirus. La CMIC, que representa a 12.000 empresas constructoras en todo el país, asegura que al menos la mitad de las compañías carecen de efectivo para pagar a sus empleados.

Caída en la recaudación de impuestos

El gasto del Gobierno aporta a la economía nacional de manera importante no solo el sector de la construcción, sino el de salud, educación y seguridad, entre otros. El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador promueve la “austeridad republicana” y prometió reducir el gasto público, que calificó de “excesivo” durante su campaña y, en 2019, subejerció gran parte de los gastos presupuestados llamándolos un “ahorro”.

Una crisis económica es un mal momento para la austeridad. Gobiernos y expertos en políticas públicas a ambos lados del Atlántico coinciden en que para contrarrestar la baja en productividad y el consumo los Gobiernos deben impulsar el gasto público con medidas contracíclicas, para paliar lo más posible las consecuencias económicas de la pandemia. Es decir, para contrarrestar el desempleo, la quiebra de empresas y la capacidad de consumo de los habitantes, el Gobierno tiene que gastar más de lo que normalmente gastaría, compensando así las caídas en el sector privado.

López Obrador, sin embargo, anunció esta semana que aplicará la Ley de Austeridad Republicana de manera rigurosa. Ordenó cerrar diez subsecretarías y reducir el sueldo de los funcionarios públicos de más alto rango. Por otro lado, anunció que se incrementará el número de préstamos a microempresas a tres millones y que aumentará el gasto en programas sociales ya existentes en 622.556 millones de pesos, el equivalente a cerca del 3% del PIB nacional. Sus decisiones reflejan un intento por mantener ambas metas: proteger la economía y mantener la austeridad.

De acuerdo con una estimación del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), México sufrirá una pérdida de 2,1 billones de pesos, solo en la caída del consumo en general entre abril y mayo, lo cual impactará en la recaudación de impuestos. Además, cerca del 8% de los ingresos del Gobierno provienen de la venta de petróleo por parte de la empresa estatal Pemex y este mes, el precio de la mezcla mexicana cayó a su precio más bajo en la historia debido a que la demanda por petróleo bajó en todo el mundo.

“Esta reducción económica nos va a pesar en la recaudación,” considera Héctor Villarreal, director del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, una organización no gubernamental. “Hay riesgo ahora mismo de una reducción muy importante en la recaudación, entonces el Gobierno batallaría para conseguir sus ingresos y si esto se junta con la necesidad que va a tener de gastar más el año que entra en sectores como salud, en apoyo a Pemex, etcétera, puede ser un caldo complicado.” “Yo esperaría que no se congelara el gasto, sino al contrario, que trataran en la medida de lo posible de gastar todo lo que esté programado y hasta un poco más”, apunta el especialista.

El apoyo gubernamental “podría ser insuficiente”

López Obrador anunció que ya se ha comenzado a otorgar tres millones de préstamos por 25.000 pesos a las pequeñas empresas del país, pero las cámaras de comercio y de la industria aseguran que los apoyos gubernamentales no están funcionando en contener la caída en el empleo ya que, incluso las empresas más pequeñas del país, con tan poco como tres empleados, tienen gastos mensuales mayores a los 25.000 pesos que el Gobierno está ofreciendo.

“Todo recurso es positivo, pero podría no ser suficiente, como es este caso,” explica De la Cruz, de Concamin. “Las empresas lo que han observado es que, al ser crédito, y al no tener ingresos están haciendo cuentas si realmente les conviene o no porque finalmente es una deuda”. “Es un recurso que no les alivia su falta de liquidez que rápidamente sería consumido y no cambiaría la situación en la que están viviendo”, añade.

Hubiera sido mejor que se ofrecieran menos préstamos por un monto de por lo menos 100.000 cada uno, dice Enoch Castellanos, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación. Esto ayudaría a frenar la crisis de liquidez que actualmente sufren más de la mitad de sus 52.300 empresas afiliadas.

“Están teniendo que despedir a trabajadores que ya tenían mucha antigüedad con ellos, buenos trabajadores capacitados y con expertise”, comentó Castellanos. Las empresas de entre uno a 50 trabajadores tienen una economía modesta, sin grandes ahorros y viven prácticamente al día. “No son exportadoras, no son de capital extranjero, de tal suerte que viven con lo mínimo.” “Es brutal”, apunta Castellanos. “Hay zozobra y hay desesperación”.

(Tomado de: El País)

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