Sostiene Felipe

Calderón nunca explica por qué que el narcomenudeo necesitaría reclutar “verdaderos ejércitos”

Sostiene Felipe Calderón, en su libro más reciente –Decisiones Difíciles–, que no fue responsable de haber ensangrentado al país, que lo que en realidad hizo fue actuar con firmeza ante un problema que nadie más veía; que nadie quería enfrentar, salvo los valientes y determinados como él.

En un capítulo entero dedicado al tema de la inseguridad y el combate al crimen durante su gobierno, el ex presidente intenta convencernos de un argumento que pocos estudiosos del tema han siquiera tomado en serio: que, como resultado de la estabilidad económica y el TLC, México vivió un incremento en el poder de compra. Como consecuencia de ello, nos volvimos un país de consumidores de drogas y no solo de exportación.

Sostiene Felipe que, como muchos mexicanos empezaron a comprar mota, coca y heroína, los cárteles del narcotráfico dejaron simplemente de pasar droga a los Estados Unidos y comenzaron a también operar internamente para venderla en el país y eso fue el acabose.

Sostiene Felipe que, como resultado de este cambio, los cárteles necesitaron controlar amplios territorios para dominar la plaza, acabaron por comprar a las autoridades locales y se plantearon la captura del Estado.

Calderón nunca explica por qué que el narcomenudeo necesitaría reclutar verdaderos ejércitos para operar cuando sabemos que el consumo de drogas nunca ha sido elevado en México. Nunca presenta datos que respalden su tesis, solamente la repite una y otra vez, sin presentar evidencias.

Sostiene Felipe, sin embargo, que esa fue la realidad con la que se encontró. Que al llegar al poder se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Que alcanzó a ver un problema que escapaba al entendimiento de todos los demás.

Sostiene Calderón que él nunca declaró la guerra contra el narco. Y para demostrarlo recurre a un argumento casi infantil: nunca pronuncié de manera textual ‘guerra contra el narco’, no lo verán ustedes en ninguno de mis discursos. Como si no lo hubiéramos visto todos vestido de militar, jugando a hacer la guerra irresponsablemente.

Por su puesto que Calderón tiene otros datos cuando analiza el comportamiento de la criminalidad durante su administración. Nunca menciona que entre 2007 y 2011 los homicidios en el país crecieron en un 200%.

Tramposamente, las únicas gráficas que muestra sobre el comportamiento de la criminalidad son a partir de 2011, cuando se registró un descenso importante en el número de homicidios, algo que solamente ocurrió cuando el presidente se convenció del fracaso en su estrategia y se vio obligado a modificarla, como ha explicado Eduardo Guerrero.

El libro de Felipe Calderón es incapaz de una autocrítica real. Lo único que se puede encontrar son justificaciones, deslindes y culpas a terceros: desde el ex presidente que no hizo nada por detener la criminalidad, hasta los gobernadores que evadían sus responsabilidades.

Aún así –y contra toda evidencia–, sostiene Felipe que el problema no fue la estrategia que siguió durante su gobierno, sino su falta de vigor para impulsar un cambio histórico, es decir, no haber mandado a las fuerzas federales antes a muchas zonas del país, no haber aumentado aún más el presupuesto a la seguridad; en suma: no haber utilizado más de la misma medicina que padecimos seis años y que, al parecer, fantasía con volver a darnos.

POR HERNÁN GÓMEZ BRUERA
@HERNANGOMEZB
[email protected]

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