
Sheinbaum debe limpiar a Morena de cacicazgos
Hay alianzas que salen muy caras, lo mismo que el solapamiento de políticos perniciosos que anteponen sus intereses personales a los intereses de sus presuntos representados. Y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo acaba de comprobarlo, luego de que el Senado de la República le enmendó la plana en su iniciativa de reforma constitucional para regular e inhibir la reelección y las prácticas de nepotismo, al posponer, para el 2030, la restricción de esas conductas corruptas y abusivas de heredar a parientes los cargos públicos y dejar abierta la puerta para que tres cofradías de caciques tengan todas las facilidades para seguir manipulando las gubernaturas en por lo menos tres estados: San Luis Potosí, Zacatecas y Guerrero.
La reforma para prohibir el nepotismo, según la propuesta de la presidenta Sheinbaum Pardo, tendría que entrar en vigor para los comicios del 2027, cuando se disputarán en el país 15 gubernaturas, entre ellas Guerrero y Zacatecas, en manos de Morena, y San Luis Potosí, convertido en feudo del Partido Verde Ecologista de México.
Hay platos que se comen fríos y la presidenta tendrá tiempo suficiente para analizar cuáles serían las medidas más adecuadas para conjurar los apetitos groseros de quienes han hecho de la política un negocio de familias y camarillas que poco aportan a la vida democrática del país.
Detrás de la presidenta Sheinbaum Pardo están 36 millones de votos de ciudadanos que depositaron en ella su confianza y que respaldarán sus decisiones, más allá del partido Morena, en el cual la dirigente Luisa María Alcalde Luján tendrá que mostrar carácter y determinación para combatir las cofradías de caciques y abusivos que en tiempos recientes hicieron fracasar y desaparecer a otra fuerza de izquierda, el PRD, que perdió la confianza de la gente y su registro en 2024, al no conseguir la votación mínima del 3 por ciento que exige la constitución.
Uno de los primeros retos de Morena, en lo inmediato, es resolver las impugnaciones, muy justificadas, en contra de la afiliación del impresentable senador expanista Miguel Ángel Yunes Márquez a las filas del partido en el gobierno. Ha resultado demasiado caro para Morena el pago que tuvo que saldar a un miembro de la más prominente familia de caciques prianistas de Veracruz, que le dio a la coalición oficialista el voto número 86 que necesitaba para aprobar por Mayoría Calificada, en el Senado de la República, la Reforma al Poder Judicial que ya está en marcha.
Después de esa alianza coyuntural que algunos pretenden que sea permanente, Morena y el gobierno de la Cuarta Transformación consolidan el bien mayor de la histórica Reforma al Poder Judicial, pero salen con la ropa percudida y la piel muy rasgada.
Hay asuntos en Morena que huelen muy mal, que van dejando una estela pestilente que causa disgusto y desencanto en la gente que ha apoyado el proyecto de la Cuarta Transformación de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum Pardo. Porque la mayoría de quienes depositaron 36 millones de votos en las urnas el domingo 2 de junio del 2024, no pertenecen al partido Morena ni tienen interés en incorporarse a una estructura que todos saben y observan, está secuestrada y manipulada por camarillas perniciosas de veteranos, presuntos políticos profesionales, que han dejado marginados a los verdaderos líderes populares que respaldan al gobierno.
En torno a la presidenta Sheinbaum Pardo hay mucho pueblo, pero muy poco partido.
Hay imperativos éticos y morales que la presidenta Claudia Sheinbaum tiene que cumplir con el pueblo que la llevó al gobierno. Hay alianzas que son muy caras y que pueden tener resultados funestos. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo lo acaba de comprobar cuando el Senado de la República, encabezado por su presunto aliado Adán Augusto López Hernández y con su presunto defensor Gerardo Fernández Noroña, le enmendó la plana en su iniciativa de ley contra el nepotismo y la reelección, al posponer la aplicación de esas normas hasta el 2030 y dejar las puertas abiertas para que varios cacicazgos hagan de las suyas en San Luis Potosí, Zacatecas y Guerrero.
A grandes males, grandes remedios. La presidenta Sheinbaum Pardo debe usar todo el poder y la autoridad que le confiere el ser la máxima líder del Movimiento de Regeneración Nacional y cabeza del gobierno de la Cuarta Transformación, para segregar de Morena y distanciarse de los perversos aliados que solapan en sus filas a los traficantes de influencias, a las mafias que pretenden perpetuarse en el poder, a quienes acaparan en forma patrimonialista los cargos públicos y las candidaturas en favor de sus parejas, concubinas, amantes, familiares o cómplice.
Y para cumplir con tan trascendente encomienda, la presidenta de la República debe asumir la responsabilidad de avalar o descalificar, públicamente, a los políticos marrulleros y tramposos que desvirtúan los principios de su partido.
Si el actual gobernador de San Luis Potosí, José Ricardo Gallardo Cardona, surgido de las filas del Partido Verde Ecologista de México y presunto aliado de Morena, pretendiera heredar el poder a su esposa la senadora Ruth González Silva e imponerla como candidata en el 2027, Morena tendrían que postular a su propia candidata, con el abierto respaldo de quien por autoridad ética, moral y política es, en los hechos concretos, la máxima líder de los Comités de Defensa de la Transformación, la presidenta Sheinbaum Pardo, apoyo que tendría que traducirse en el aval de la dirigente nacional del Movimiento de Regeneración Nacional, Luisa María Alcalde Luján.
De igual manera, la Presidenta tendría que imponer su autoridad, influencia y poder disuasivo, con firmeza y sin regateos, para evitar que en Zacatecas el cacicazgo de los Monreal imponga su ley y coloque en la línea de sucesión al tercer mandatario surgido de esa familia, el actual senador Saúl Monreal Ávila, que se convertiría en gobernador de esa cofradía caciquil después de Ricardo Monreal Ávila, que administró la entidad de 1998 a 2004 y de su hermano David Monreal Ávila, quien ha detentado el poder estatal del 2021 a la fecha, para terminan su periodo en 2027.
Luisa María Alcalde tendría que imponer su autoridad como dirigente partidista y exigir el cumplimiento del artículo tercero del Estatuto que impone a Morena el imperativo ético y político de “erradicar de la vida política el influyentismo, el amiguismo, el nepotismo, el patrimonialismo, el clientelismo, la perpetuación en los cargos, el uso de recursos para imponer o manipular la voluntad de otras y otros, la corrupción, la violencia política contra las mujeres en razón de género y el entreguismo”.
En los mismos términos, la presidenta Sheinbaum Pardo, máxima líder de los Comités de Defensa de la Transformación, tendría que imponer su autoridad para evitar que se convierta en candidato a la gubernatura de Guerrero el actual senador Félix Salgado Macedonio, que sin pudor ni recato aspira, abiertamente, a relevar a su hija Evelyn Salgado Pineda. Sería, de facto, una virtual reelección, en una entidad y durante una administración en la que, en los más recientes cuatro años, se ha considerado a Salgado Macedonio el poder tras el trono.
Ya es tiempo de que Morena empiece a tirar lastre y se desembarace de sujetos impresentables, de aliados detestables, que poco o nada aportan al enriquecimiento de la política y de la vida pública en el país. Pero lo más importante, que esos personajes impresentables, dentro del partido o en las filas de sus presuntos aliados, sólo le generan desprestigio a Morena y a un gobierno que no los necesita, en tanto conserve la confianza y el apoyo mayoritario de la gente que cree y respalda la Cuarta Transformación, que en sus dos etapas representan Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum Pardo.
**Pedro Mellado Rodríguez
Periodista que durante cinco décadas ha sido un acucioso y crítico observador de la vida pública en el país. Ha cubierto todas las fuentes informativas y ha desempeñado todas las responsabilidades posibles en medios de comunicación. Ha trabajado en prensa, radio, televisión y medios digitales. Su columna Puntos y Contrapuntos se ha publicado desde hace cuatro décadas, en periódicos como El Occidental, Siglo 21 y Mural, en Guadalajara, Jalisco. Tiene estudios de derecho por la Universidad de Guadalajara y durante una década fue profesor de periodismo en el ITESO, la Universidad Jesuita de Guadalajara. Es autor del libro Las Naves Nodrizas de la Comunicación y el Periodismo (Taller Editorial La Casa del Mago, Guadalajara, 2022).