9 March, 2026
La Copa Cola y el horror distópico
Columnas 1

La Copa Cola y el horror distópico

Mar 8, 2026

Alejandro Calvillo

La Copa fue recibida en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles por parte del Secretario de Relaciones Exteriores, como si se tratara de un Ministro de Estado. Pero, en realidad, la copa era un pretexto, lo que se recibía era la madre de todas las campañas de publicidad.

La copa, pequeño objeto de 35 centímetros de altura, llegó a México en un avión pintado con el color rojo, identitario de Coca-Cola, con el logo de la marca en enormes letras. Representantes del gobierno y de la empresa, junto con representantes de FIFA y un exfutbolista, posaron a un lado de la pequeña copa, teniendo de fondo, bien instalado para la foto, el gran avión rojo con el gran logo de la refresquera, con el mismo logo en la mesa donde se instaló la copa y el mismo impreso en el telón de fondo que se instaló a las espaldas de la sonriente comitiva.

Si se compara el tamaño de la copa con el de la publicidad de Coca-Cola, es claro que la copa es el pretexto para la campaña publicitaria, la madre de todas las campañas publicitarias, en la cual se hace participar a las autoridades de un Gobierno que llama a bajar el consumo de ese producto que envuelve a la Copa y al evento.

La asociación de la marca del producto con la Copa es tal que en todo evento que se presente la Copa debe estar Coca-Cola, como fue en el caso de la mañanera. La Copa en México es la herencia de un acuerdo entre el entonces Presidente Peña Nieto y la FIFA, acuerdo que aún no tenemos muy claro hasta dónde llegaba en el tema de exención de impuestos. Hay que señalar que funcionarios de salud del propio Gobierno de Peña Nieto ahora trabajan para Coca-Cola o representan al futbol mexicano ante la FIFA y la Copa.

La distopía, en su dimensión global, planetaria, es tal al considerar que el evento deportivo más visto en el planeta está envuelto en la mayor campaña publicitaria de un producto que es una de las principales causas de la pandemia de obesidad y diabetes que la humanidad sufre. ¿Cómo un producto con tales daños patrocina este evento deportivo y, en este caso, el más seguido por la población mundial? La distopía se define como una sociedad futura indeseable donde los poderes políticos y/o tecnológicos actúan en contra de la humanidad.

Y esta distopía se convierte en horror distópico cuando se trata del caso de México donde, de manera conservadora y con base en un documento científico publicado recientemente, calculamos que el consumo de Coca-Cola y sus marcas de refrescos es responsable de, al menos, 115 mil casos nuevos de diabetes y enfermedades cardiovasculares cada año. Este cálculo de 115 mil nuevos casos anuales de estas enfermedades en México, solamente por el consumo de Coca-Cola y sus otras marcas de refrescos, parte de considerar que la mitad de las bebidas azucaradas que se consumen en México son de esta empresa.

Por lo tanto, serían la mitad de los casos de estas enfermedades reportadas en el artículo científico Burdens of type 2 diabetes and cardiovascular diseases attributable to sugar sweetened beverages in 184 countries publicado en la revista Nature Medicine en febrero de 2025. Es decir, si tomamos los casos de diabetes y enfermedades cardiovasculares acumulados en México durante los últimos cuatro años, entre el mundial en Qatar y el que se realizará en nuestro país, estamos hablando de cerca de medio millón de casos por el consumo de productos de esta marca.

México es el país que presenta el mayor consumo de los productos de Coca-Cola y que tiene uno de los mayores consumos de bebidas azucaradas. Puede calcularse, también, considerando restar los impactos en salud de otras marcas de bebidas azucaradas y de las preparadas en casa, que aproximadamente mueren en México unas 20 mil personas cada año por el consumo de productos de esta marca.

La fotografía del arribo de la Copa a México es una radiografía del absurdo, del mundo al que hemos llegado por el poder de las grandes corporaciones; de la crisis de la civilización actual, de la sociedad capturada en una economía del poder, una sociedad manipulada por las adicciones.

Asociar el consumo de esta bebida con el deporte, con la juventud, con la alegría, la felicidad, es el resultado de campañas publicitarias multimillonarias, pero, principalmente, con el impacto en el cerebro del sabor dulce y la descarga de dopamina que genera, esa descarga de la llamada hormona del placer, un placer y adicción que se potencializa con la combinación del sabor dulce con la cafeína también presente en la bebida.

Con una mirada más atenta a las características del producto, a su composición, a sus impactos en la salud, a la adicción que genera, a su asociación publicitaria con una serie de emociones y valores, a su captura de este espectáculo deportivo; podemos darnos una idea de la dimensión que tiene lo que ahora debemos llamar la Copa Cola.

En junio de 2023 grabé la videocolumna “La Drogacola: por qué somos adictos a la Coca-Cola”, la respuesta a esa colaboración en SinEmbargo mostró claramente la dimensión de la adicción a este producto en nuestro país, más de 600 mil vistas y más de 1600 comentarios (https://www.youtube.com/watch?v=uYaLR8UdhyA).

Invité a que la audiencia comentara en relación a esta adicción, muchos de los testimonios son desgarradores, descripciones sobre la situación de amistades y familiares e, incluso, propias sobre los daños sufridos por el alto consumo de este producto, de cómo no podían dejar de consumirlo a pesar de la grave situación que viven. El consumo de este producto provoca, sin duda, un drama humano, aún no reconocido en su dimensión.

La adicción puede tener dos orígenes, el fisiológico y el psicológico. El primero relacionado con esta activación del mecanismo de la recompensa, de la dopamina, y el segundo, con la asociación que la publicidad genera con valores, situaciones, aspiraciones, al consumir el producto. Coca-Cola tiene estos dos aspectos de la adicción, fisiológica y psicológica, que se refuerzan mutuamente.

La Copa Cola, madre de todas las campañas publicitarias, destrozará los esfuerzos dirigidos a bajar el consumo de estos productos a través del impuesto, de los etiquetados, de la regulación en las escuelas. Esfuerzos todos ellos muy importantes y que deben reforzarse y profundizarse, sin embargo, la Copa Cola los dañará profundamente por la invasiva publicidad que ya vivimos de esta empresa y que se agudizará significativamente más.

Hay que recordar que Coca-Cola es una empresa cuyo modelo de negocio es muy diferente a muchas otras empresas, en especial, por la enorme cantidad de recursos que destina a la publicidad, a crear esta adicción psicológica asociada íntimamente a la fisiológica, esta asociación con todo aquello que en realidad no es el producto, con los valores, con la familia, con la felicidad, con el cuidado ambiental, con el respeto a las comunidades, las mujeres, etcétera, etcétera.

Coca-Cola ha encontrada en la FIFA, una organización inmersa en una profunda corrupción, que ha vuelto el deporte en un gran negocio, un excelente aliado, a tal grado de convertir la Copa Mundial en un acto publicitario. Un matrimonio entre una corporación depredadora de la salud y el medio ambiente y un organismo “deportivo” gangsteril.

El actual gobierno ha llevado adelante políticas importantes, aún titubeantes, para reducir el consumo de estos productos como lo recomiendan organismos internacionales que reconocen que los daños que provocan rebasan las capacidades de los gobiernos para atenderlos. Somos la sociedad los que cargamos con los daños mientras las corporaciones se llevan los beneficios. Con los daños que dejará la Copa Cola, el Gobierno tendrá que reforzar las políticas, dejar de titubear e ir a fondo, siguiendo los mejores ejemplos que hay ya en otras naciones.

(SinEmbargo)

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