30 March, 2026
Gestión monetaria
Economía

Gestión monetaria

Mar 30, 2026

Por León Bendesky

El artículo 28 de la Constitución estableció al Banco de México (BdeM) como un ente autónomo en el ejercicio de sus funciones y cuyo objetivo prioritario es procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional. Esto refiere, literalmente, al mantenimiento del valor del peso a lo largo del tiempo; es decir, sin que haya una pérdida significativa por la inflación. 

No pretendo aquí una postura principista, pero el banco central se alejó de esta norma. Es notoria la decisión de política monetaria de la Junta de Gobierno de BdeM emitida el 26 de marzo y que disminuyó un cuarto de punto porcentual el objetivo de la tasa de interés, quedando en 6.75 por ciento. 

Esta tasa de referencia es la base para regular el costo del crédito, como es el caso de las hipotecas, los préstamos, las tarjetas de crédito y, asimismo, incide en el rendimiento por el ahorro. 

Cuando el banco central baja la tasa espera elevar el consumo y la inversión; es decir, la demanda, lo que tiende a aumentar la inflación. Según los datos del Inegi, la inflación general acumulada desde principios de 2020 hasta febrero de 2026 es mayor a 30 por ciento; con crecimiento anual de entre 7 y 8 por ciento en 2021 y 2022, hasta una tasa anual de 3.7 en diciembre de 2025 y 4.63 en la primera quincena de marzo, de este año. La inflación no está contenida. En principio, la rebaja de la tasa de interés habría de elevar el índice de precios. Es en este contexto que la reciente decisión aparece como un asunto controvertido. 

La estrategia se orienta a impulsar el crecimiento del nivel de la actividad económica. Esto ocurre en un entorno complejo y marcado hoy, de modo explícito, por una apocada expansión productiva interna, así como un entorno externo definido por la guerra en Medio Oriente y sus repercusiones económicas, políticas y geográficas. 

El reciente anuncio de política económica señala, apenas de modo escueto (y obvio), que: “El impacto que tendrá el conflicto en Medio Oriente sobre la economía global es incierto y dependerá de su duración e intensidad”. 

Y asienta enseguida de manera un tanto contradictoria: “Si bien las posibles afectaciones por el conflicto en Medio Oriente son difíciles de anticipar, el entorno de incertidumbre continúa implicando riesgos a la baja”. 

Las proyecciones del crecimiento del PIB abarcan un rango de uno hasta 2.6 por ciento, ciertamente amplio. BBVA prevé una tasa de 1.8 por ciento, sustentada en el consumo interno y la inversión. Según la plataforma México ¿cómo vamos?, el gasto en inversión representó 22.9 por ciento del PIB al final de 2025. 

La meta oficial es de 25 por ciento a partir de 2026 y rebasar 28 por ciento en 2030. Para que eso ocurra deberá crearse un entorno que favorezca decisivamente este gasto; la inversión privada representa alrededor de 19 por ciento del PIB y la pública 3.4 por ciento. Habría que dilucidar si la gestión de la tasa de interés por parte del banco central tiene suficiente impacto sobre las decisiones de inversión en las condiciones internas y externas que prevalecen en el corto y mediano plazos. 

México importa de Estados Unidos la mayor parte del gas natural y una gran proporción de los combustibles refinados. Al subir el precio del petróleo crudo (situado por encima de 110 dólares por barril el pasado 27 de marzo) en el marco de la guerra en Irán, los precios se transmiten a la refinación, la generación de energía, al transporte y, finalmente, a los consumidores. 

México puede recibir mayores ingresos por la exportación de crudo, pero pagará más por los combustibles y el gas importados. 

La reciente decisión de política monetaria señala sólo de paso la incertidumbre derivada de la guerra en Medio Oriente, pero el impacto inflacionario, la presión sobre los subsidios a los combustibles puede ser más relevante de lo esperado originalmente y llevar a la necesidad de absorber el costo fiscal por parte del gobierno, o bien dejar que se ajusten los precios, lo que representaría un alto costo político. 

La justificación de la decisión del Banco de México de rebajar la tasa de interés de referencia apunta al bajo nivel de la actividad económica, que registró apenas una tasa de crecimiento de 0.8 por ciento en 2025 y sostiene que es adecuada a pesar del riesgo de una mayor inflación.

La Jornada

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