Julio Scherer García y la verdad relevante
“Claro que al poder se le cuestiona, pero no sólo al poder político, sino a los poderes fácticos, que Scherer García también cuestionó”.
“Al periodista lo avalan los hechos. Sin ellos está perdido”, escribió Julio Scherer García en Los presidentes, un libro publicado hace cuatro décadas, en 1986, y que es fundamental para entender su compromiso radical con la verdad, la información y la independencia de todo poder que marcaron su brillante trayectoria profesional y personal.
En tiempos en que un amplio sector del periodismo y de la opinocracia en México se ha entregado a la manipulación, la mentira y la calumnia —“la verdad ya es irrelevante”, enseña Raymundo Riva Palacio, uno de sus gurús—, los principios del periodista Scherer García son fundamentales para el ejercicio de la actividad informativa y como un homenaje a cien años de su nacimiento, que se cumplen este martes 7 de abril.
“La cirugía y el periodismo remueven lo que encuentran. El periodismo ha de ser exacto, como el bisturí”, escribió Scherer García también en Los presidentes sobre el rigor que implica informar a la sociedad de asuntos de interés público, una concepción antagónica a la mentira y a la calumnia por la que muchos periodistas y medios han tomado partido, más comprometidos con grupos de presión que con la sociedad.
Porque el problema fundamental en el periodismo, ahora y siempre, no es disentir ni cumplir con su deber de criticar a todos los poderosos —a los poderes del Estado y a los poderes de facto—, sino distorsionar, mentir y calumniar. Equivocarse es una cosa, pero mentir es una muy distinta: Implica dolo.
Scherer García postulaba en Tiempo de saber sobre el golpe al diario Excélsior de 1976, tramado por Luis Echeverría y Regino Díaz Redondo: “Calumnia el débil moral, al margen de su cultura y su sapiencia. Calumnia el vencido sin energía para un enfrentamiento real. A todos puede rondar en algún momento la idea de herir mortalmente a su adversario, pero si la calumnia nace era el ámbito presidencial, el delito alcanza todo su hedor”.
En cada uno de los 22 libros que escribió en medio siglo, desde La piel y la entraña, de 1965, hasta Niños en el crimen, de 2013, Scherer García acreditó su concepción del periodismo y en ellos suelen despuntar, a veces como aforismos, sus definiciones sobre esta profesión.
“No hay abrigo para la mentira. Tarde o temprano manos hábiles la desnudan”, decía el fundador del semanario Proceso, que por años contrastó ante el sector de la prensa que descubrió que al poder se le cuestiona sólo cuando perdió los privilegios que tuvo en el prianismo, encumbrados muchos de esos periodistas hasta en la estructura de gobierno.
Scherer García retrató a esa prensa vil: “El periodismo, alma vociferante, fue acallado por el priismo que tanto daño causó de Miguel Alemán a Ernesto Zedillo. Durante el extenuante periodo, el poder acumuló pruebas de su trato vil con el oficio de informar. Primero fue el halago, luego la corrupción y, consumada la derrota moral del llamado cuarto poder, la humillación”.
Con Vicente Fox y Felipe Calderón las cosas no fueron distintas que en el priato: “El Presidente Fox se marginó de la prensa escrita, producto de segunda en sus discursos y actitudes. Así es y así tenía que ser. Fox creció en el marketing que, como se sabe, anula toda grandeza”.
Con Calderón las cosas fueron maravillosas para periodistas y medios, hinchados de dinero con casi 60 mil millones de pesos. Y fue en ese Gobierno que el narcotraficante Genaro García Luna quiso encarcelar al periodista sólo porque logró entrevistar a Ismael “El Mayo” Zambada. Se lo dijo a un grupo de periodistas que solían reunirse con él, hoy los más viles.
Los periodistas y medios que ahora proclaman que al poder se le cuestiona fueron los mismos que —con Televisa y TV Azteca al frente— se le arrodillaron a Calderón cuando, en marzo de 2011, firmaron el pacto para esconder la violencia que detonó una guerra que ensangrentó a México, declarada por la ilegitimidad de origen de ese individuo.
Claro que al poder se le cuestiona, pero no sólo al poder político —a los tres poderes del Estado y a los tres niveles de gobierno—, sino a los poderes fácticos, que Scherer García también cuestionó: Al poder económico, al poder militar, al poder religioso, al poder mediático y a la extrema derecha que hace tiempo, casi sin excepción, nadie toca en los medios, porque ya forman parte de ese proyecto, por complicidad o por cobardía.
Y los que forman parte de este bloque son los que quieren que se reproduzca su agenda manipuladora, mentirosa y calumniosa o, sin autoridad moral ni profesional, acosan y acusan sólo con base en sus propios prejuicios. Los malos periodistas, ya se sabe, sustituyen su mediocridad con invenciones cada vez más grotescas.
El 7 de mayo de 2002, al recibir el Premio Nacional de Periodismo por trayectoria, el primero que se otorgó sin la intervención del Gobierno federal —y que también es un tema que debe discutirse como los otros premios que existen—, Scherer García sentenció: “El mundo se ha endurecido y pienso que el periodismo habrá de endurecerse para mantenerse fiel a la realidad, su espejo insobornable”.
Decía que “si los ríos se enrojecen y se extienden los valles de cadáveres víctimas del hambre y la enfermedad, así habrá que contarlo con la imagen y la palabra”.
Sobre la relación del periodista con los poderosos, Scherer García exponía: “El periodista observa la vida privada de los hombres públicos y se entromete en su trabajo, asiste como puede a las reuniones a puerta cerrada y se hace de documentos reservados: El periodista escucha lo que no debe escuchar y mira lo que no debe mirar en la búsqueda afanosa de los datos y signos que informen a la sociedad de lo que ocurre en las esferas del poder”.
Y puntualizaba también: “Políticos y periodistas se buscan unos a otros, se rechazan, vuelven a encontrarse para tornar a discrepar. Son especies que se repelen y se necesitan para vivir. Los políticos trabajan para lo factible entre pugnas subterráneas; los periodistas trabajan para lo deseable hundidos en la realidad. Entre ellos el matrimonio es imposible, pero inevitable el amasiato”.
En el centenario de su nacimiento, agradezco a Scherer García haberlo tenido como maestro y, como él, afirmo: “Tengo la certeza de que no hay hombre más libre que un reportero”.
(SinEmbargo)