“Con olor a chairo”. Clasismo y racismo en tiempos de la 4T
En tiempos de la Cuarta Transformación (4T), proyecto político del movimiento Morena, las expresiones clasistas y racistas predominan. Palabras como “chairos”, “nacos”, “prietos”, “indios pata rajada” y demás, son algunas de las expresiones que conforman el vocabulario de quienes se sienten agraviados por la llegada al poder de quienes representan a esos “otros” que, en su imaginario, huelen a pobreza, indígena y a moreno.
Cuando en 2006, el expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se postuló por primera vez a la presidencia, la cual fue otorgada al panista Felipe Calderón (2006-2012), atestiguamos la construcción de una campaña que señaló a AMLO como un peligro para México, y que calificaba a los simpatizantes del movimiento “obradorista” como “pelados”, “gatos”, “nacos” y “chairos”.
Esto durante la incipiente irrupción de las redes sociales, el duopolio televisivo y la presencia de organizaciones como el Consejo de la Comunicación, Voz de las Empresas. Asimismo, la llegada de los memes se aprovechó para expresar cruelmente: “¿por qué a AMLO le dicen Whiskas? Porque nueve de cada 10 gatos lo prefieren”.
Esa construcción de la otredad es con frecuencia idealista, es decir, en términos del filósofo esloveno Slavoj Žižek: una idealización del “otro”, del diferente. En sus reflexiones sobre la violencia (2007), Žižek retomó los tiempos del fascismo para exponer la forma en que se construyó una imagen caricaturizada de los judíos: narices prominentes, avaros, usureros, etcétera. También, en el momento previo de la guerra en Ruanda, está documentado el papel relevante que jugaron los medios de comunicación en la difusión de discursos de odio contra los tutsis, a quienes también se estereotipó, lo que resultó en una guerra interétnica de grandes proporciones entre hutus y tutsis que tuvo como característica la extrema violencia y crueldad hacia estos últimos.
Es evidente que los discursos y expresiones de odio que exaltan características negativas del grupo adversario, consecuentemente materializan expresiones de violencia que transgreden los derechos humanos.
Con estos ejemplos busco señalar que la construcción discursiva de los “otros” está, con frecuencia, cargada de prejuicios. Se construye esa otredad con el fin de situar a ese “otro” en el lugar que, de acuerdo al grupo dominante, le corresponde; el resultado usualmente es la exclusión y discriminación.
Respecto al olor de esos “otros” como una forma de señalar el lugar de clase al que pertenecen, aluden claramente a su pobreza o color de piel; igualmente, la posición ideológica-política obedece a una necesidad de construir un ellos vs. nosotros. Ejemplo de lo anterior se expone en la película surcoreana Parásitos (2019); en donde ambas clases sociales (pobres y ricos) tienen un rasgo de identidad, pertenencia y delimitación del espacio físico y simbólico.
Un elemento central del filme son las constantes alusiones al olor que despiden los miembros de la familia Kim, pertenecientes a la clase baja; para los Park, la familia de clase alta, resalta que los primeros huelen a subterráneo y a pobreza. Y, ¿a qué huelen los “otros”? los que no pertenecen a “nuestro grupo”, los que vemos como inferiores. Pareciera un mal chiste o algo anecdótico, pero estas expresiones alusivas al olor de esos “otros” que son inferiores por su condición de clase o raza son, como lo muestra la genial película del surcoreano Bong Joon-ho, expresiones aporofóbicas (rechazo hacia las personas pobres), clasistas e higienistas.
Hace pocos días, mediante un letrero en la puerta de la Sala de Profesores -lugar al que acudimos por café o té- del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), mi centro de trabajo, se enunciaron disculpas por la molestia causada, ya que se estaba pintando el área. El letrero decía: “Disculpen la molestia y el olor pero se estará dando mantenimiento en pintura a la sala de profesores. Gracias por su comprensión”; después de la primera frase agregaron anónimamente, con plumón azul y escrito con letra de molde: [Disculpen la molestia y] “el olor a chairo”; como una clara expresión clasista.
No podemos tomar esto como una anécdota o como una actitud de alguien que no sabe controlar su enojo o sus impulsos. Puesto que en un mundo donde exponencialmente crecen la deshumanización, exclusión, persecución de personas por su origen étnico, el racismo y la aporofobia, estas prácticas no son anécdotas, son síntoma.
Ruth Dávila*
*Profesora Asociada de la División de Estudios Multidisciplinarios del Centro de Investigación y Docencia Económicas