Nosotros ya no somos los mismos
Me da muchísima pena confesarlo, pero más me daría no hacerlo y aguantar toda serie de gracejos y cuchufletas ante el descubrimiento de lo que inútilmente trataba de ocultar. Mejor me adelanto y confieso, confiado en que mi sinceridad y arrepentimiento podrán granjearme un dejo de comprensión, que hace ya algunas columnetas el azoro y la perplejidad comenzaron a invadirme ante el acontecimiento de sucesos que resultaban imposibles de darse en la vida real y que, pese a tenerlos frente a mí, insistía en darlos tan sólo como resultado de mi delirante caletre.
Las evidencias, en poco tiempo, vencieron todos los argumentos y testimonios con que combatía mi afirmación: Trump existe, a pesar de que no concibo un hombre como el que me describen y al que se le achacan pensamientos, opiniones y acciones abiertamente descerebradas. Me resulta ahora asombroso corroborar que el sujeto de la acción no sólo existe, sino que acepta todo lo que se le atribuye, con la íntima convicción de que lo que está llevando a cabo es una misión que se le ha encomendado desde muy arriba por ser el mortal más dotado para realizarla.
Imaginemos esta escena: Trump sentado en su despacho pensando en que ha sido elegido de entre todos los terrícolas para ejecutar una limpia, una reordenación de esta partecita del universo. Si lo hace bien, como es obvio que lo hará, ¿qué otros mundos le encargarán para que, tan exitosamente, como lo está logrando en el propio, retornen al buen camino? Interrumpe su sueño de ojos abiertos, que suele practicar en muchos lugares donde lo atormentan con discursos tan largos como aburridos.
El suave ronroneo de un timbre oculto le avisa que el mayordomo (negro, por supuesto) está a su puerta. Igual que hace 20 años que comenzó a trabajar con el señor, apenas si lo conoce, lo ve más en la televisión que cuando está frente a él. “Y tú, ¿qué querías?” Titubeante, el bedel contestó: “Preguntan los señores si desea que le envíen la señal aquí o si piensa ir al salón, que el presidente de Venezuela está por bajar del avión”.
“Diles –contestó exultante– que voy para allá, pero que recuerden que el nuevo presidente de ese lugar habita ya en esta casa, y por lo que se ve, así lo hará durante mucho tiempo más.”
Lo que sigue en cualquier periódico lo encontrará. La columneta se dedicará, como lo había ya comentado, a republicar algunos de los momentos estelares de la azarosa vida del presidente del país más poderoso del planeta. No se trata de alguna información desconocida, sino, al contrario, de cuestiones ya sabidas pero que nunca debemos olvidar.
Por economía procesal, el presidente Trump siempre será para nosotros, PT. Bueno pues PT dio a conocer: en Groenlandia podremos instalar lo que necesitamos porque así, nosotros lo queremos. Sobre Medio Oriente, aviones de combate llegaron a esta región y un portaviones está en camino; tenemos una flota que va en esa dirección. PT confirmó un aumento del presupuesto militar a 1.5 billones de dólares. Y por lo que se refiere a nosotros, señaló en sus redes sociales PT: debimos haber puesto a prueba a la OTAN, obligando a la alianza a venir aquí y proteger nuestra frontera sur de más invasiones de inmigrantes ilegales, liberando al mismo tiempo un gran número de agentes de la patrulla fronteriza.
¿Ven ustedes qué sagacidad, qué visión para convertir un problema en múltiples soluciones? Para nuestra próxima cita les tengo un rico menú en el que el plato principal es la versión de PT sobre la guerra que nos costó la pérdida de la mitad de nuestro territorio.