8 June, 2026
La broma
Columnas 1

La broma

Jun 8, 2026

**Alejandro Páez Varela

Únete a la fiesta, únete a la fiesta

Los siento confiados, echados para adelante, en plena fiesta. El mismo Ricardo Salinas Pliego, dueño del aparato de difusión del movimiento de ultraderecha en México, está confiado. Su última frase lo dice todo: “Por la experiencia que tengo y por lo que veo en otros países, estos desgraciados zurdos de mierda no se van por la buena. Entonces se va a tener que ir por la mala”. Por la mala significa que no piensa jugar limpio.

Cualquiera podría ponerse a temblar. No hay razón. Salinas Pliego y su padre llevan toda su vida haciendo todo por la mala. Su padre, Hugo Salinas Price, jugó con la CIA a los grupitos terroristas de ultraderecha y el hijo compró televisoras en parte con dinero de Raúl Salinas de Gortari, uno de los casos más cuestionados de narcopolítica en la Historia de México. Su modelo para amasar fortuna es sangrar lentamente a las clases media baja y baja. No les gusta y no pagan impuestos. Se sospecha desde hace décadas que corrompen jueces y amenazan a los que no se tuercen hacia su lado o no se dejan corromper.

Se sienten confiados y unidos a la fiesta y tienen justificación: Donald Trump. Creen que el Presidente de Estados Unidos puede dar un golpe en México. Creen que provocará una inestabilidad política y financiera de tal magnitud, que millones regresarán a la pobreza, perderán sus empleos y quedarán a merced de las bestias. Apuestan a que Trump hunda al país en el caos, que obligue a retirar las pensiones a los adultos mayores, que se acabe el Estado de Bienestar que se ha construido y se venda lo que nos falta por vender a los maravillosos empresarios globales.

Y creen que cuando los mexicanos sintamos que todo se hunde por el golpe de Trump, ellos, la ultraderecha, podrán dar su gran golpe. Y de un día para otro volverán al poder. Y los niños (de preferencia blancos) correrán por las alamedas y los adultos mayores (de la élite), como Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, volverán a los apapachos desde el poder. Y apenas unas horas después del golpe volverá el rating a Televisa y su hermanita mal hecha TV Azteca

… y el dinero público llenará otra vez las cuentas bancarias de los grandes medios y sus dueños podrán meterse a cuanto negocio han esperado. Y desalojarán a los vendedores y a los visitantes del Complejo Cultural Los Pinos y volverá a ser la Residencia Oficial del Presidente, su Presidente, como lo fue desde 1934 hasta unas horas después del 30 de noviembre de 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador llegó al poder.

Piensan que, apenas unas horas después del golpe, en medio del caos promovido por ellos y apoyado por Trump, la gente volteará al cielo y verá descender a Salinas Pliego en una nube y lo llamarán “señor”, y lo nombrarán su salvador. Los siento confiados.

El dueño del aparato de difusión del movimiento de ultraderecha en México les ha ofrecido que como estos desgraciados zurdos de mierda no se van por la buena, entonces él los echará por la mala. No ha dicho cómo, pero me imagino que imagina cómo. Ya se sabrá. Es cosa de seguir atentos y esperando.

Ajá.

Baila con la gente

Hace tres semanas, el gobierno de Honduras circuló una imagen falsa de un ranking de mandatarios de América Latina, elaborado por CB Global Data. Aparecía en tercer lugar su Presidente, Nasry Asfura, con 58 por ciento de aprobación. Mentira. Estaba en 41.9 por ciento y ha caído al menos ocho puntos más desde entonces. Lo que sí es real es que la Presidenta mexicana Claudia Sheinbaum encabeza ese ranking y casi todos, mientras que el segundo lugar es para el extremista de derecha Nayib Armando Bukele.

El gobierno de Honduras no debería sentirse mal. De hecho, Bukele es una excepción mientras que Asfura está entre los muchos mandatarios de ultraderecha que caen prematuramente en las encuestas. Empezando por Donald Trump. La mayoría de los ponderados o promedios indican que con poco más de 503 días en el poder, Trump trae una aprobación neta negativa de -25 puntos, con 35 por ciento que lo aprueba y 60 por ciento que lo desaprueba. Y sus rangos de rechazo son muy parecidos a los de otros mandatarios que él apoya. El neonazi José Antonio Kast, de Chile, por ejemplo, cayó a 36 por ciento mientras que el 53 por ciento lo rechaza, según la encuesta Agenda Criteria, que citan CNN y El País.

Y no sólo son Asfura, Trump y Kast. La consultora Giacobbe Opinión Pública dijo la semana pasada que Javier Milei, un payaso amigo Salinas Pliego, va al despeñadero. Un 55 por ciento lo ve mal mientras 34.2 por ciento lo ve bien. La serie histórica de Giacobbe muestra que Milei alcanzó el 58.7 por ciento en su mejor momento. Qué tiempos aquellos.

Pero Asfura, Trump, Kast y Milei están en el cielo. La más reciente encuesta de CIEES, que publicó hace dos semanas el sitio de verificación de datos Confirmado, muestra que Daniel Noboa, Presidente ultraderechista de Ecuador, cayó a niveles de ingobernabilidad. Su “guerra contra las drogas”, del tipo Felipe Calderón, se ha vuelto un horror; como con Calderón. Su aprobación ronda el 26 por ciento y un 74 por ciento lo rechaza. Tres de cada cuatro lo quiere fuera. El pesimismo nacional escaló hasta el 80 por cierto y es por la inseguridad, la economía y el mal gobierno, en ese orden.

La mayoría de estos mandatarios asumieron poco después que Trump. Varios de sus países se pusieron a temblar con las amenazas de Trump, cedieron al chantaje y votaron por inútiles de ultraderecha.

Pero no todos ceden ante Trump. El caso mexicano podría ser uno de ellos si se piensa que la Presidenta Sheinbaum encabeza todas las listas de popularidad en el Continente Americano. Y en Canadá, la presión de Washington generó un efecto adverso: los ciudadanos se radicalizaron y se generó un rechazo casi unánime a Estados Unidos.

Pues caray, cualquiera puede preguntarse si la maña de imponer presidentes en América Latina le va a durar mucho tiempo a Trump. De hecho, Estados Unidos se prepara para tampoco dejar más tiempo a Trump en poder absoluto. En menos de cinco meses van a las elecciones intermedias y es probable que el Presidente de esa nación pierda hasta el Senado. Los siguientes meses, si fuera así, él y los halcones que lo rodean tendrá que dedicarse de lleno a tratar de salvar el pellejo. Podrían parar en la cárcel. Empezando por el mismo Trump.

En México, en tanto, los siento confiados. Echados para adelante. Bailando. Unidos en una misma fiesta patrocinada por la Embajada de Estados Unidos y por TV Azteca, el aparato de difusión del movimiento de ultraderecha.

Mueve la cadera

La presión de Washington sobre México es inédita. La Presidenta Sheinbaum ha operado y ha resistido con una dignidad e inteligencia admirables, de verdad. Cualquiera que no lo crea así lo mueve otros intereses, por lo regular antinacionales.

Muchos vemos varios factores para que esa presión, sin embargo, no se vuelva intolerable. Primero, porque desestabilizar al vecino será tu dolor de cabeza: quieras o no, estamos plenamente integrados en términos geográficos, económicos y demográficos. Segundo, porque si no puedes derrocar al Gobierno de izquierda por falta de tiempo o de una estrategia y no tienes una alternativa creíble (no la mala broma que significan Salinas Pliego y el PRIAN), entonces radicalizarás al país en contra tuya, como sucedió en Irán.

Y tercer factor por el que Washington no puede simplemente desestabilizar a México es la enorme popularidad de la Presidenta y del expresidente Andrés Manuel López Obrador. De los dos. Sí. Y qué. Y suena muy atrevido eso de que los izquierdistas “se van a tener que ir por la mala”, pero no deja de ser una fantochada, una fanfarronada, una broma pesada. Yo creo que se equivocan los que piensan que apostar contra México y los mexicanos les traerá ganancias. Salinas Pliego y su séquito menosprecian la politización del mexicano de a pie, que ni siquiera tiene cuenta en X, y maltratan el nacionalismo histórico de una Nación en constante resistencia. Ha costado mucho esa resistencia. Sangre, incluso.

¿Eso significa que va a cesar el acoso de Trump a México? No. Pero el país se irá aclimatando, galvanizando. Pasó en Canadá. El sentimiento patriótico se disparó, la prensa en su conjunto dejó de publicar los insultos de Trump y de hecho, se creó un sentimiento de: “deberíamos responderle a Washington, aunque nos cueste”. Aquí la prensa seguirá potenciando los escupitajos de Trump y eso le generará un ambiente adverso que, de hecho, ya es muy medible. Es una prensa mal calificada y en franco desplome.

En abril pasado, The Globe and Mail le preguntó a sus lectores: “¿Sientes que Trump te ha insultado personalmente 720 veces en el año y pico que lleva en el cargo? Porque, según nuestros cálculos, así ha sido”.

El diario canadiense calculó que entre discursos y publicaciones en Truth Social, el Presidente de Estados Unidos ha sido “una fuente inagotable de mala voluntad de la que ha brotado un flujo constante de amenazas, quejas, acusaciones, insultos y burlas”. Su arma política predilecta, según los números, son los aranceles. Desde que asumió el poder ha amenazado en más de 200 ocasiones con castigar a Canadá. Y con la misma frecuencia, Trump “ha acusado a las industrias canadienses de prácticas desleales y de perjudicar los intereses estadounidenses. El sector automotriz, la silvicultura, el acero y el aluminio, los productos lácteos y la banca son blancos frecuentes de sus críticas”.

Además de las 720 veces que Trump ofendió a Canadá, en ese periodo se registraron más de 100 quejas sobre la seguridad en la frontera común, supuestamente “expuesta a terroristas y al tráfico de fentanilo”. Dijo incluso que Canadá “‘dejaría de existir’ sin el apoyo y la protección de Estados Unidos” y que, durante años, los canadienses se han aprovechando de la principal superpotencia económica mundial.

La amenaza más conocida es cuando Trump ha dicho que convertirá a Canadá en el estado 51. Lo ha dicho 69 veces. Esas 69 veces ha amenazado con anexarse el país, llamándolo “estado número 51”, refiriéndose a sus primeros ministros como “gobernadores” o diciendo que la frontera “imaginaria” podría simplemente borrarse, una clara sugerencia de invasión militar. En promedio ha amenazado a los canadienses con robarles su país ¡más de una vez por semana!

Pero la prensa canadiense dejó de publicar esas amenazas. Desconozco si los medios se pusieron de acuerdo, pero es claro que abandonaron las reseñas de todo lo que dice el personaje horrible que gobierna Estados Unidos. Acá sucede que una sola línea que diga Trump se vuelve tema una o dos semanas; tendencia en redes; se generan miles de textos y mesas de debate. Cualquiera tiene derecho a preguntarse por qué. Yo les diría: porque es una prensa antinacional; porque la colonia del norte así la educó durante los años del neoliberalismo. Tenemos periodistas que sueñan con besarle la mano al Embajador de Washington y en cómo apuñalar, en una esquina, a la Presidenta de México.

Esa es la prensa que hay. Y los peores se agazapan en Televisa y, pues sí, en la menos inteligente TV Azteca.

Pero, bueno, los siento confiados, en plena fiesta. Desde Salinas Pliego hasta los intelectuales, académicos, periodistas y políticos que se abrazan a él. “Estos desgraciados zurdos de mierda no se van por la buena”, dice el empresario y sus acólitos aplauden, y juntos bailan, bailan, que bailar sabe a gloria cuando has perdido gran parte de tus privilegios y, en el caso de Salinas Pliego, casi 10 mil millones de dólares en dos años, el 72.39 por ciento de su fortuna según los cálculos del ranking de multimillonarios de la revista Forbes al 7 de junio de 2026.

**Director general de SinEmbargo.mx

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