Xi Jinping, presidente de China, llega a EU con la oferta de ser socios y no rivales
Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estrechó ayer la mano de Xi Jinping, al ofrecer al líder chino una inusual bienvenida a pie de avión tras su llegada a Washington para una visita de Estado de tres días.
El republicano recibió al mandatario chino en una ceremonia que incluyó alfombra roja, guardia de honor, sobrevuelo de dos bombarderos B-1, personas que presentaron ramos de flores, pelotones de cada una de las ramas de las fuerzas armadas y las banderas e himnos de ambos países. Cuando Trump visitó Pekín, en mayo pasado, fue recibido por el vicepresidente del país asiático.
En declaraciones escritas, Xi Jinping afirmó que “China y Estados Unidos deben ser socios, no rivales”, y aseguró que “la gran revitalización de la nación asiática y el objetivo de hacer grande a Estados Unidos de nuevo pueden ir de la mano, complementarse mutuamente y beneficiar al mundo.
“Ambas naciones deben trabajar en la misma dirección, promover una relación estable basada en la cooperación, una competencia moderada, diferencias manejables y promesas de paz”, enfatizó el líder del gigante asiático al comenzar su primera visita de Estado a Estados Unidos en más de una década.
Este año es crucial para el desarrollo respectivo de China y Estados Unidos, afirmó Xi en un discurso por escrito al llegar a Washington para una visita de Estado.
Xi señaló que él y el presidente estadunidense acordaron forjar una relación constructiva de estabilidad estratégica entre China y Estados Unidos durante la visita del republicano a China en mayo, lo que ha proporcionado una orientación estratégica para el futuro desarrollo de las relaciones bilaterales.
En el marco de la visita, el secretario del Tesoro estadunidense, Scott Bessent, informó que ambas naciones extenderán su tregua comercial, que expiraba en noviembre, hasta el 10 de enero y acordaron reducir los aranceles recíprocos para avanzar con el diálogo.
Cuando los dos líderes se sienten para sus esperadas conversaciones, se enfrentarán a una serie de espinosos asuntos, encabezados por los temores sobre el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Dado que ambas naciones compiten por la supremacía en ese sector, hay pocas expectativas de que se alcance algún acuerdo para regularla.
En las conversaciones preliminares del domingo entre Bessent y su par chino, He Lifeng, se abordó la creación de un canal de comunicación para mediar las preocupaciones sobre la IA.
El banquete en la Casa Blanca, que será celebrado esta noche, promete reunir a la élite empresarial y política de Estados Unidos.
De acuerdo con Reuters, un funcionario estadunidense adelantó que Trump podría presionar a Xi para que libere a dos de sus ciudadanos retenidos por China, pero no está claro si otros asuntos relacionados con los derechos humanos se tratarán durante las conversaciones bilaterales.
El embajador de China en Estados Unidos, Xie Feng, advirtió recientemente que la democracia y los derechos humanos son “líneas rojas” que no se pueden traspasar y reiteró que Pekín ha dejado claro que este asunto estará fuera de los límites de la intermediación.
Para Trump, la visita de Xi es también una oportunidad para centrarse en la ostentación en lugar de en los problemas internos, donde el efecto de su guerra contra Irán sobre los precios del combustible ha hecho que su índice de aprobación caiga hasta mínimos históricos antes de las elecciones legislativas de noviembre.
“Los líderes de las dos principales potencias armamentísticas deben hablar”, aseveró el secretario de Estado, Marco Rubio, ante periodistas tras la llega del mandatario chino.
Xi volvió a Washington para la primera visita de Estado en más de una década y, más seguro que nunca, busca estabilidad, mientras las dos mayores economías del mundo compiten en todo, desde las ambiciones espaciales hasta la influencia global.
Los presidentes estadunidenses rara vez se desplazan al aeropuerto para recibir a líderes extranjeros, aunque Trump dio la bienvenida en la pista al presidente ruso Vladimir Putin en Alaska el año pasado.
Se cree que las últimas recepciones de este tipo en Andrews –aparte de las visitas papales– fueron la bienvenida de John F. Kennedy al primer ministro británico Harold Macmillan, en 1962, y la de Dwight D. Eisenhower al líder soviético Nikita Jrushchov, en 1959.
La ceremonia de bienvenida también incluyó un sobrevuelo de dos bombarderos B-1, pelotones de cada rama militar y una presentación de las banderas y los himnos de ambos países. Justo al paso de las naves supersónicas, el jefe de la Casa Blanca hizo algunas muecas, mientras su homólogo permaneció impasible.
Trump y su esposa hablaron con sus homólogos, pero no se pudieron escuchar sus palabras.
El mandatario republicano, que llevaba guantes y un abrigo aunque afuera hacía unos relativamente cálidos 17 grados celsius, se quitó uno de sus guantes para estrechar la mano de Xi. En un momento dado, le dio una palmada en la espalda y le dijo algo que fue inaudible por el paso de los bombarderos.
Con información de La Jornada