
Aranceles México-EUA: ¿Juego de poder o necesidad económica?
Mtro. Jesús Antonio Dyke García
Desde hace siglos, los aranceles han sido una herramienta clave en la política comercial de las naciones. Inglaterra, en su momento, los usó para proteger sus astilleros y luego su producción de trigo.
Hoy, el tema sigue vigente, pero con nuevos actores y desafíos. Estados Unidos, la otrora locomotora industrial del mundo, ha visto cómo su hegemonía se desvanece en medio del proceso neoliberal que impulso y que llevó a sus empresas a buscar costos más bajos en México, China y otros países.
México, por su parte, ha vivido una ilusión en sus cuentas nacionales. Las exportaciones han crecido, pero el déficit comercial global es abrumador: 30 mil millones de dólares en general y 14 mil millones solo en acero.
¿Qué significa esto? Que, somos fuertes exportadores pero también somos vulnerables a las decisiones que se tomen al norte del Río Bravo.
Una posible aplicación de aranceles no se limita a ser cifras frias. Afecta directamente a entidades como Baja California, Nuevo León y el Bajío, regiones que han visto crecer su tejido industrial gracias a inversiones de EUA y sus orientación y perfil exportador.
Empresas como FORD en Sonora que se encuentran muy vinculadas con proveeduria que genera un gran número de empleos en Hermosillo y en la entidad, son un ejemplo de cómo estos cambios y decisiones del vecino podría generar desajustes en el PIB estatal y desincentivar la inversión a largo plazo.
Pero no todo es pesimismo. México tiene alternativas: diversificar mercados, fortalecer la industria interna, negociar acuerdos comerciales y promover cadenas de valor regionales. Incluso, podríamos apostar por productos con valor agregado, como las energías renovables, que tienen menor impacto por aranceles.
El reto es grande, pero no insuperable. La clave está en combinar estrategias comerciales, diplomáticas y de desarrollo interno. El mundo cambia, y México debe adaptarse si quiere seguir siendo un jugador relevante en el escenario global.
Y mientras tanto, ¿qué hacemos? Pues, como dirían en Navojoa, crucemos los dedos y esperemos que los políticos no dejen suelto este asunto. Porque, al final, no se trata solo de números, sino del futuro de millones de mexicanos.