5 November, 2026
Trump y MAGA están heridos
Columnas 1

Trump y MAGA están heridos

Nov 4, 2026

Mario Campa

Las pistas estaban allí. El voto anticipado, las encuestas y el humor palpable en el ambiente apuntaban en la misma dirección. La jornada electoral del martes 3 de noviembre no fue perfecta para los demócratas, aunque sí fue costosa para los republicanos. Perder el mando del poder legislativo dificulta la aprobación de presupuestos, aumenta el peso del escrutinio y resta margen de maniobra presidencial. Si no es una herida mortal, al menos parece una.

Aunque Trump intentó distanciarse del resultado desde la antesala arguyendo que su ausencia en la boleta siempre afecta a los republicanos, en verdad el votante penalizó las promesas incumplidas de la Casa Blanca. Quedó confirmado lo que anticipaba la votación temprana en estados como Nevada, Florida o Texas, donde el latino humeaba señales de castigo. El apetito de cambio crece, aunque permanece insaciable. Mientras el simpatizante republicano pierde entusiasmo, los demócratas renuevan el espíritu combativo rumbo al 2028.

Trump llegó a la elección intermedia más debilitado que en su primer mandato. En aquel entonces, su aprobación media rondaba el 43 por ciento, cuando hoy oscila en 38 por ciento. Mientras Trump cerró fuerte en su primer ensayo, la segunda defensa registró una tendencia opuesta. El callejón sin salida en Medio Oriente fue el talón de Aquiles de la política exterior. En casa, lo que importaba al votante, la economía está lejos de encarnar el sueño americano por la llamada “crisis de asequibilidad”, un encuadre que antes afectó a Biden y que hoy provocó un efecto búmeran.

El factor L, por los latinos y no por Lula, fue clave para revertir el salto republicano de la elección pasada. En 2024, Trump ganó el 42 por ciento de este bloque electoral para superar el 28 por ciento que obtuvo en 2016 y 32 por ciento en 2020. Sin embargo, la luna de miel acabó pronto.

Entre los latinos que votaron a Trump, la aprobación al Presidente cayó de 93 por ciento en febrero 2025 a 57 por ciento en octubre 2026. En total, sólo uno de cada cuatro latinos aprobaba la labor presidencial en la antesala de la elección intermedia. Al consultarles sobre el efecto económico de las políticas de Trump, el 74 por ciento de los encuestados señalaba que estas habían empeorado la situación. Es claro que la paciencia de los latinos duró poco.

Con las últimas conquistas azules, los ultras republicanos enfrentan un rival crecido que cava las trincheras del futuro. Los Socialistas Democráticos de América (DSA, en inglés) avanzaron, sin duda. No en todos los casos triunfaron en la elección general tras internas exitosas, pero una nueva camada de líderes cosecha lo sombrado por Bernie Sanders. Fueron sus soluciones audaces al alto costo de vida lo que entusiasmó a muchos votantes. También pudo haber contribuido su crítica punzante a la guerra a Irán y a las deportaciones de migrantes.

En Nueva York y allende, la alianza entre Zohran Mamdani y Alexandria Ocasio-Cortez sumó aliados que podrían engordar un movimiento que crece. Ciertamente, liberales y moderados controlan aún el partido sobre los progresistas, aunque ofrecen menores certezas programáticas y discursivas.

En la otra cancha, MAGA como núcleo del partido republicano carece de un relevo generacional convincente para colmar el inminente vacío de Trump.

Similar al aprieto demócrata tras el retiro de Obama, el vicepresidente en funciones es hoy el mejor posicionado para relevar al líder. Aunque J.D. Vance es mucho más joven como candidato que Biden, disputa la nominación con un viejo joven (¿o joven viejo?) como Marco Rubio, un halcón muy atado a la política exterior y la mano dura de Trump.

Claro está, el Presidente podría hacer un Bolsonaro y heredar a sus hijos las llaves del movimiento en un punto bajo. El martes no logró despejar dudas sobre la interna republicana.

MAGA está herido, aunque no muerto. Trump enfrenta un panorama cuesta arriba para resolver el alto costo de vida y otras crisis. Con el castigo popular, el aura de “ganador” se desvanece, acaso para nunca retornar al clímax. Sin posibilidad de reelección y con un Congreso adverso, la Casa Blanca pasará a la defensiva o, como dijo Trump, se convertirá en el “señor Veto”.

El mensaje de repudio y la potencial parálisis ponen en jaque cualquier legado, ladrón de sueño para todo mandatario. Entierran, además, la posibilidad de un retiro plácido, aunque quedan dos largos años de bloque histórico en disputa. Trump desea emular a Nixon, aunque podría terminar más bien como un Bush. Con tanto en juego, el riesgo de coletazos crece.

América Latina, al menos la vertiente no entreguista, cuenta los días para el retiro de Trump. La fuga de Bolsonaro a Miami delató, una vez más, la complicidad de MAGA con los ultras tropicales, hoy más nerviosos que ayer. El debilitamiento del trumpismo merma desde las opciones de reelección de Milei hasta las posibles alianzas de opositores empoderados por Washington, como Ricardo Salinas Pliego. Un benefactor más vigilado y atado de manos es oxígeno puro para liberales y progresistas de la región.

Esos heridos de vida tendrán que cuidarse de la bestia lastimada que es el movimiento MAGA y anexos. Es en la lucha por la supervivencia donde la aversión al riesgo cae. Es cuando la bestia acorralada gime y alista el último embate.

(SinEmbargo)

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