7 May, 2026
Estamos cruzando el Rubicón
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Estamos cruzando el Rubicón

May 6, 2026

Por Juan Torres López

Si el estrecho de Ormuz no se abre en junio, Europa no podrá comenzar a recargar sus almacenes de gas y hará frente al invierno con apenas el 30 % de su capacidad

En el año 49 antes de nuestra era, Julio César cruzó el río Rubicón al frente de su ejército y en dirección a Roma. La ley romana prohibía a cualquier general adentrarse con sus tropas en territorio metropolitano considerando que las consecuencias de hacerlo serían irreversibles. De ahí que la expresión “cruzar el Rubicón” haya sobrevivido dos mil años para designar el momento en que se traspasa un umbral sin retorno, después del cual nada puede volver a ser como fue.

Me parece que la economía internacional está cruzando un límite de ese tipo y explico por qué en este artículo.

El Estrecho de Ormuz 

Es ya bien sabido, pero conviene repetirlo. Desde el 28 de febrero de 2026, el Estrecho de Ormuz (una franja de agua de 33 kilómetros de anchura que separa Irán de Omán) está prácticamente bloqueado como consecuencia de la guerra iniciada por los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán. Según las estimaciones habituales de organismos internacionales, por allí pasaba en condiciones normales el 20 % del petróleo que se comercia en el mundo por vía marítima, un porcentaje semejante del gas natural licuado global, y alrededor del 30 % del comercio mundial de fertilizantes –urea, amoníaco, fosfatos– sin los cuales la agricultura moderna no funciona. El petróleo puede desviarse parcialmente, pero con cuellos de botella evidentes; en el caso del gas y de ciertos fertilizantes, la sustitución a corto plazo es mucho más compleja. El resultado ha sido una caída superior al 91 % del tráfico marítimo, según la UNCTAD, y una tensión creciente en los mercados energéticos.

En varios países altamente dependientes de las importaciones energéticas, los efectos y daños ya se han manifestado con toda crudeza

De momento, el impacto de todo ello sobre la economía internacional ha sido contenido por varios factores: el cierre no ha sido total, pues Irán ha concedido derechos de tránsito a buques con bandera de China, Rusia, India, Irak o Pakistán; se han utilizado cientos de millones de barriles de las reservas estratégicas de las grandes economías; y se ha registrado una cierta reducción de la demanda al anticipar los problemas venideros. 

Sin embargo, la percepción de que la crisis está amortiguada y de que sus efectos están siendo y van a ser limitados es engañosa, incluso en el momento presente.

En varios países altamente dependientes de las importaciones energéticas, los efectos y daños ya se han manifestado con toda crudeza. En Bangladés hay racionamiento de combustible desde hace varias semanas y sus fábricas de fertilizantes están cerradas en plena siembra del arroz. Pakistán ha perdido en semanas dos años de recuperación económica. Sri Lanka ha reintroducido el racionamiento que ya sufrió en su quiebra de 2022. Filipinas declaró la emergencia nacional en marzo. Jordania y Líbano acumulan pérdidas superiores al 6 % de su PIB. Y en el África subsahariana, decenas de millones de personas están viendo encarecerse los alimentos a un ritmo que sus ingresos no pueden seguir.

Riesgo de escalada

Si el estrecho no se abre en mayo o junio, Europa no podrá comenzar a recargar sus almacenes de gas y se hará frente al invierno con apenas el 30 % de su capacidad. La industria no dispondrá de recursos suficientes y las economías entrarán en una situación diferente y más grave que la de una recesión convencional.

Si al llegar al otoño no hay oferta suficiente, la escasez de fertilizantes en las cosechas del hemisferio norte, que comenzaron a sembrarse entre marzo y abril, hará que los rendimientos se desplomen y que los precios alimentarios se disparen. De ser así, en otoño de 2026 van a converger tres tensiones simultáneas e interrelacionadas, en energía, alimentos y finanzas, que pueden reforzarse entre sí y desbordar a los mecanismos de amortiguación que pueda haber disponibles.

Lo que no se está haciendo y por qué

Minimizar estos riesgos y retrasar la adopción de medidas de emergencia es un error de gran magnitud.

En primer lugar, sería imprescindible plantear una coordinación internacional efectiva para garantizar corredores energéticos y de suministros críticos. También debería haberse empezado a movilizar con la mayor rapidez mecanismos de apoyo financiero y logístico para los países más vulnerables, los que están soportando ya los efectos más severos de la disrupción.

Por otro lado, las políticas de gestión de la demanda siguen siendo tímidas y fragmentarias. El shock de oferta al que nos vamos a enfrentar va a ser de extraordinaria magnitud y hace necesaria una reducción coordinada del consumo energético de proporciones semejantes, reasignar los recursos hacia usos prioritarios y planificar las contingencias que con mucha seguridad se van a dar en prácticamente todos los sectores industriales.

Por último, es especialmente peligroso que apenas se esté abordando el frente quizá más crítico en términos sociales, la falta de alimentos que pueden padecer millones de personas. La escasez de fertilizantes que se avecina y su impacto sobre las cosechas futuras obligaría a elaborar programas internacionales de apoyo a la producción agrícola y de estabilización de precios que, por ahora, no han pasado de ser meras y muy modestas declaraciones formales.

Sin medidas de este tipo, o sin las de suficiente intensidad, se agravarán los efectos de la crisis a corto plazo y reducirá la capacidad de maniobra para enfrentarse a todos esos problemas más adelante, si la situación se prolonga.

Ciegos, sin voz y con las manos atadas

La pregunta que necesariamente plantea lo que está ocurriendo es por qué no se frena, si es tan evidente que el cierre del estrecho puede producir una hecatombe. 

Varias razones podrían explicarlo.

En primer lugar, los mercados financieros están mostrando señales engañosas sobre la gravedad de la crisis, tal y como señalé en un artículo anterior. Apuestan por un menor riesgo y daño a corto y medio plazo del que cabría esperar, siendo realistas, ante una perturbación material de la magnitud que tiene la escasez de oferta que se ha comenzado a generar.

En segundo lugar, no hay que olvidar que hay agentes muy poderosos que están obteniendo beneficios muy elevados de la situación. Rusia, como consecuencia de los precios del gas que suben disparados en Europa. También los productores de petróleo y gas no afectados por el bloqueo y con rutas alternativas (Estados Unidos, Noruega, y algunos países del Golfo Pérsico). Por supuesto, la industria armamentística occidental lleva dos años de crecimiento extraordinario y los grandes inversores financieros están ganando miles de millones especulando. 

En tercer lugar, influye la gran asimetría existente entre quienes han empezado ya a pagar los daños. Las economías que los están sufriendo en mayor medida son las que tienen menos influencia y poder de decisión en las relaciones internacionales.

Finalmente, hay una respuesta aún más dramática: lo peor de la estrategia que lleva a cabo Estados Unidos bajo la presidencia de Trump no es que sea inexplicable y errática, sino que está dinamitando los espacios de debate, decisión y coordinación internacionales. El resto de la comunidad internacional sabe perfectamente lo que está ocurriendo y lo que puede ocurrir, pero no actúa con la urgencia ni adopta las decisiones que la situación requiere.

Julio César cruzó el Rubicón, desencadenó una segunda guerra civil y, aunque su osadía no significó de forma inmediata el fin del orden republicano, sí abrió el proceso que lo llevó a desaparecer. Ahora, vivimos un hecho verdaderamente inédito, la economía mundial se deja arrastrar hacia ese cruce desastroso por la codicia de quienes ganan con el caos, la irresponsabilidad de la Administración trumpista, y la parálisis de quienes deberían frenar todo ello y no se atreven a actuar con suficiente determinación.

Juan Torres López es economista y catedrático jubilado de Economía Aplicada

(rebelión.org)

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