Los capitales huyen, mientras analistas alertan: “La era estadounidense ha terminado”
Ciudad de México/Nueva York/Ottawa, 16 de septiembre (SinEmbargo).– “Estados Unidos está agotando sus reservas de interceptores para contrarrestar los ataques de Irán”, dice esta mañana The Wall Street Journal. “Estados Unidos nunca iba a ganar la ‘Guerra contra el Terror’”, afirma The New Yorker. “La economía mundial está empezando a desconfiar de Estados Unidos”, señala The New York Times.
Y como si estos tres medios, de los más influyentes en Occidente, no fueran lo suficientemente dramáticos, la revista The Atlantic señala hoy: “La era estadounidense ha terminado”. Y un sumario que agrega: “Un periodo de dominio global ha llegado a su fin a la vista de todos”.
¿Son demasiado catastrofistas los medios estadounidenses? No necesariamente. La prensa internacional habla de lo mismo: la catástrofe que se avecina para un gobierno y un Presidente, Donald Trump, que ha cometido muchos errores y el peor de todos: la soberbia. The Economist, la revista liberal que aman los inversionistas de todo el mundo, plantea: “La coalición de Donald Trump se está desintegrando. Los votantes indecisos de 2024 han abandonado al Presidente”.
Y abajo, un texto anterior parece explicar el impacto que tendrá el desplome del trumpismo para los países que han confiado en que MAGA sería eterno: “El experimento liberal de Javier Milei está teniendo dificultades”, dice la cabeza; incluye una entrevista con un terco mandatario argentino que más que terco parece enfermo.
El problema es que este Estados Unidos errático empezó a sentir sus errores en la economía. Los inversionistas globales “se muestran reticentes ante los bonos estadounidenses. Cada vez se oye más hablar del debilitamiento del dólar. Gobiernos extranjeros están retirando su oro de las bóvedas estadounidenses”, dice hoy The New York Times.
“Casi dos años después del inicio del segundo mandato del Presidente Trump, la economía mundial busca cada vez más maneras de distanciarse de Estados Unidos. La preocupación por una deuda de 40 billones de dólares, el uso excesivo de sanciones para resolver problemas de política exterior y la tendencia de Trump a traspasar los límites del Estado de Derecho plantean dudas sobre el atractivo de Estados Unidos como refugio para la inversión global. A pesar de las promesas de empresas y naciones extranjeras de invertir en Estados Unidos —en muchos casos para congraciarse con la Casa Blanca—, el capital está empezando a buscar destinos alternativos”.
Hoy, por ejemplo, la Unión Europea (UE) invitó a Canadá, país en plena guerra comercial con Estados Unidos, a convertirse en su primer miembro asociado. Esta opción parece viable para el Primer Ministro canadiense, Mark Carney, quien ha intentado acercarse a otras naciones en busca nuevos lazos económicos que le permitan mitigar los efectos del intercambio de aranceles con el gobierno estadounidense.
Al ser cuestionado por la prensa al respecto, Trump amenazó con más tarifas o con cortar todo el comercio hacia Europa si Canadá se asocia oficialmente con la UE. “Creo que es risible… Canadá ha sido un terrible socio comercial… Si considero que es en absoluto un acto hostil, impondré aranceles muy serios o detendré el comercio con Europa en muchas cosas”, advirtió.
El fin de una era
Phillips Payson O’Brien, profesor de estudios estratégicos en la Universidad de St Andrews, en Escocia, y autor de “Los estrategas: Churchill, Stalin, Roosevelt, Mussolini y Hitler: cómo la guerra los forjó y cómo ellos forjaron la guerra”, sostiene en un ensayo en The Atlantic que la era estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial estaba destinada a terminar y lo sorprendente es la rapidez con que ha llegado ese momento.
“En los últimos seis meses, el poderío de Estados Unidos —que durante mucho tiempo se ha caracterizado por el mejor armamento bélico del mundo, el personal militar más altamente capacitado, una red global de bases y sistemas logísticos, y alianzas militares y diplomáticas con todos los rincones del planeta— ha demostrado ser insuficiente para derrotar a Irán, un régimen represivo y económicamente estancado, armado con misiles y drones de bajo costo”, explica.
“Durante años, prácticamente todo el mundo creyó que, en una crisis, Washington disponía de mayores reservas de dinero, tropas, municiones y apoyo diplomático que cualquier otra nación. Incluso cuando las fuerzas estadounidenses sufrieron reveses en conflictos como Vietnam, Irak y Afganistán, la creencia generalizada en la fortaleza fundamental de Estados Unidos tranquilizaba a los aliados y disuadía a los adversarios.
Sin embargo, esa creencia también fomentó una complacencia que ha dejado al ejército estadounidense vulnerable ahora que incluso el armamento barato y de producción masiva puede ser guiado con una precisión letal. El Presidente Trump no debilitó las capacidades estadounidenses por sí solo. Pero la guerra de Trump con Irán ha revelado cómo han cambiado las dinámicas subyacentes del poder global y cuánto se ha deteriorado el poderío estadounidense”, agrega, en su ensayo publicado en The Atlantic.
El profesor detalla que desde la retirada británica de Oriente Medio tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se ha consolidado como la principal potencia militar en esa región tan volátil. En 1980, agrega, la administración Carter afirmó que Estados Unidos garantizaría el libre flujo de petróleo y otras materias primas desde el Golfo Pérsico hacia el resto del mundo. “El éxito de la doctrina Carter requirió que gobiernos hostiles, entre los que se encontraban entonces la Unión Soviética y la nueva teocracia iraní, creyeran que Estados Unidos podía y quería emprender acciones militares decisivas contra cualquiera que se atreviera a cerrar el Estrecho de Ormuz, por donde transita gran parte del petróleo mundial y otras materias primas vitales”.
“Hasta hace poco, la multitud de bases estadounidenses que rodeaban Irán daba a los líderes de ese país motivos de sobra para temer ser derrotados militarmente si intentaban controlar el estrecho. Sin embargo, el régimen se mantiene intacto, incluso después de que los ataques de Estados Unidos e Israel consiguieran la muerte de altos dirigentes iraníes, y de que sus ataques con misiles de largo alcance y drones lograran eludir las defensas aéreas estadounidenses e inutilizar numerosas instalaciones de Estados Unidos”, establece el profesor Phillips Payson O’Brien.
La derrota anticipada
Robin Wright, colaboradora y columnista de The New Yorker desde 1988 y autora de libros que provienen de su cobertura por el mundo, dice que hace hace 25 años, el Presidente George W. Bush hizo una promesa contundente poco después de que los terroristas de Al Qaeda, en un ataque aéreo, masacraran a casi tres mil personas de más de 100 países en el World Trade Center, el Pentágono y Pensilvania, el 11 de septiembre de 2001.
“Nuestra guerra contra el terrorismo comienza con Al Qaeda, pero no termina ahí”, declaró ante una sesión conjunta del Congreso, refiriéndose al ataque terrorista más mortífero de la historia. “No terminará hasta que todos los grupos terroristas de alcance global hayan sido localizados, detenidos y derrotados”. Recibió un sonoro aplauso.
“Desde entonces, cerca de siete mil militares estadounidenses —más del doble de las víctimas del 11-S— han fallecido en las campañas estadounidenses contra el extremismo, y casi un millón de personas han muerto como consecuencia directa de los conflictos en Afganistán, Irak, Siria, Pakistán y Yemen, de las cuales aproximadamente la mitad eran civiles. Millones más han muerto a causa de las consecuencias de esos conflictos, según el proyecto Costos de la Guerra de la Universidad de Brown, además de un número incalculable de heridos.
A esto se suman los billones de dólares gastados en esos conflictos. Y este año, Estados Unidos, junto con Israel, ha lanzado otra guerra vagamente definida en Oriente Medio, esta vez contra Irán. Estados Unidos ha pasado casi todo el siglo XXI en conflicto con diversas —y ahora cada vez más numerosas— formas de extremismo. Sin embargo, el consenso entre los expertos que han dedicado su vida profesional a lidiar con las secuelas del 11-S es que la ‘guerra contra el terror’ nunca se pudo ganar”.
Esto sucede mientras Estados Unidos se queda sin armas. Por más tonto que parezca. “Según funcionarios estadounidenses y regionales familiarizados con el asunto –dice The Wall Street Journal–, el ejército estadounidense disparó hasta 70 o más de sus interceptores de defensa aérea de alta gama la semana pasada cuando Irán lanzó un ataque con misiles contra Jordania. Este elevado gasto subraya la mayor capacidad de Irán para atacar a las fuerzas estadounidenses y desafiar las defensas aéreas de Estados Unidos.
Según algunos funcionarios, las fuerzas estadounidenses dispararon entre 60 y 70 interceptores Patriot para contrarrestar el ataque, que consistió en unos 20 misiles balísticos. Estados Unidos también disparó más de una docena de interceptores THAAD, añadió uno de los funcionarios. El gasto equivale aproximadamente al que Estados Unidos ha invertido en una semana completa en otras ocasiones durante la guerra, afirmó otro funcionario”.
¿Y? Que Estados Unidos está agotando sus reservas de interceptores para contrarrestar los ataques de Irán, dice el diario, simpatizante de Donald Trump.
(SinEmbargo)