Ciudad de México, 16 de marzo (SinEmbargo).- Daniel Immerwahr, autor de The New Yorker y maestro de historia en la Universidad Northwestern, tiene un libro que se llama: “Cómo ocultar un imperio: una historia de los Estados Unidos”. En su último ensayo habla justamente sobre cómo los presidentes de ese país, durante décadas, buscaron simular sus intenciones de imponer su ley al mundo. Pero esas sutilezas terminaron con Donald Trump, quien ahora enfrenta un problema: hasta los viejos amigos de su país le huyen.
Apenas este fin de semana, Trump pidió a distintos países que enviaran buques de guerra para ayudarle a asegurar el Estrecho de Ormuz. La respuesta fue tibia, o suave. Pero fue un NO. Nadie quiere acompañarlo en esta aventura que entra a su tercera semana fallida.
Visiblemente frustrado, Trump pidió ayer a los países que obtienen energía a través del Estrecho de Ormuz que lo ayuden. Esto implicaría unirse a la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. “Es lógico que quienes se benefician del estrecho contribuyan a garantizar que no ocurra nada malo allí. Si no hay respuesta o si la respuesta es negativa, creo que será muy perjudicial para el futuro de la OTAN”, declaró Trump al Financial Times.
El Primer Ministro británico, Keir Starmer, afirmó hoy que Gran Bretaña está trabajando con sus aliados en un plan viable para abrir el Estrecho de Ormuz, pero ofreció pocos detalles y ningún calendario sobre cuándo podría tener lugar alguna acción colectiva.
Trump no sólo está presionando a países porque su narrativa de la guerra se le ha revertido. Trump lanzó este domingo acusaciones de “traición” contra los medios de comunicación, a los que acusó de difundir información falsa sobre la guerra de Irán, mientras los costos humanos y económicos de su ofensiva militar ilegal seguían aumentando. En una diatriba publicada en su plataforma Truth Social, Trump escribió que los medios a los que acusó de difundir “noticias falsas” deberían “ser procesados por TRAICIÓN”. La pena máxima por traición en Estados Unidos es la muerte.
El problema es que ni Trump ni nadie sabe cuál es el plan de Israel y Estados Unidos para la región.
Tras haber ayudado a Israel a asesinar al Líder Supremo de Irán, dice Daniel Immerwahr, Trump apenas tiene una vaga idea de lo que debería suceder a continuación. “Quizás la Guardia Revolucionaria Islámica debería entregar sus armas y ‘rendirse al pueblo’, o tal vez la Guardia y el pueblo deberían emprender una revolución juntos. Como alternativa, la República Islámica, ahora sin armas, podría permanecer intacta y Trump podría elegir a un líder de entre sus filas”.
Trump, agrega, mencionó “tres muy buenas opciones”, aunque ahora parece que estos candidatos podrían haber muerto. “Todo aquel que parece querer ser líder, termina muerto”, reflexionó Trump con evidente satisfacción.
“Mientras tanto, el gobierno iraní ha elegido a Mojtaba Khamenei, hijo del difunto Ayatolá, quien, según se informa, resultó herido en los ataques aéreos. Trump calificó esta elección de ‘inaceptable’ y advirtió al nuevo Líder Supremo que no duraría mucho sin la aprobación de Washington. Es decir, Trump no tiene un plan, pero se reserva el derecho de rechazar el de los demás”, escribe Daniel Immerwahr en The New Yorker.
El imperio
“Los presidentes anteriores, a pesar de sus cruzadas destructivas y acciones encubiertas, se abstuvieron de invadir Irán por respeto al equilibrio de poder global. Les preocupaba que Irán bloqueara el flujo de petróleo, atacara a sus aliados o colapsara, provocando una oleada de refugiados en la región. Trump se ha liberado de esas preocupaciones. No está jugando al ajedrez y, en última instancia, no le importa si se capturan piezas”.
Pero después de que Trump detuviera a Maduro, “el Secretario de Defensa Hegseth resumió la historia de Maduro: ‘Se metió en problemas y lo descubrió’. En un sentido más amplio, sin embargo, es Trump quien se mete en problemas. Su vida ha sido una sucesión ininterrumpida de experimentos escandalosos del tipo ‘¿y si…?’. ¿Y si no le pago a este contratista? ¿Me quedo con este dinero? ¿Rechazo estas elecciones? ¿O bombardear este país?
Trump se metió en líos, y ahora todos nos enteramos. Se ha despojado del manto imperial, la fuerza que impulsó a sus predecesores a una intromisión ruinosa. De otro presidente, eso podría haber sido bienvenido, pero de un tirano iracundo como Trump es aterrador. Porque la búsqueda del control global nunca fue solo una compulsión. También fue, en retrospectiva, una limitación”, dijo.
Steven Erlanger, quien escribe sobre diplomacia y seguridad para The New York Times, cuenta hoy en otro análisis que en 2003, tan solo 18 meses después de que la OTAN invocara unánimemente la defensa colectiva tras los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, la alianza estuvo a punto de dividirse por la decisión de Washington de ir a la guerra contra Saddam Hussein en Irak.
“Fue una guerra de elección, sin la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuyo objetivo era desarmar a Irak de armas de destrucción masiva, que no existían, y derrocar a Hussein”, recuerda.
Gran Bretaña, Polonia, España y otros aliados como Australia se unieron a la guerra, mientras que algunos aliados importantes, como Francia, Alemania y Bélgica, se negaron. Sin embargo, la administración del Presidente George W. Bush se esforzó por consultar a los aliados, preparar a la opinión pública, involucrar al Congreso, debatir el caso en las Naciones Unidas y mantener unida a la OTAN.
“El contraste con la guerra del Presidente Trump contra Irán es evidente. Esta también es una guerra de elección, pero con objetivos diversos, desde el cambio de régimen hasta el desmantelamiento nuclear. Se ha hecho poco esfuerzo por preparar a la opinión pública, no se ha debatido en las Naciones Unidas, no se ha consultado con ningún aliado salvo Israel y se ha hecho poco por advertir a los aliados europeos o regionales de que la guerra estaba a punto de comenzar”, dice en su texto, que titula: “En Irak, Estados Unidos intentó conseguir el apoyo de sus aliados. No en Irán”.