Ciudad de México, 29 de marzo (SinEmbargo).– “Yo era niño durante la guerra de Vietnam, y era imposible no ver las protestas contra la guerra. Recuerdo un sentimiento común que el Senador George McGovern expresó a la perfección: ‘Estoy cansado de que los viejos inventen guerras para que los jóvenes las libren’. Y aquí vamos de nuevo”.
Así inicia hoy su columna Nicolas Kristof, periodista, uno de los articulistas clave de The New York Times, diario al que llegó en 1984 para después ser corresponsal jefe en Hong Kong, Pekín y Tokio; para ganar un Pulitzer por cubrir la represión de la Plaza de Tiananmen en China y otro por cubrir el genocidio de Darfur.
“El Presidente Donald Trump se encuentra ante una encrucijada en su guerra contra Irán”, agrega. “Una opción sería la vía diplomática, y Trump ha intentado tranquilizar a los mercados financieros asegurándoles que nos dirigimos hacia ella. Irán nos está ‘suplicando’ que lleguemos a un acuerdo, afirmó. El problema es que Irán no está suplicando un acuerdo. Al contrario, ha encontrado una ventaja formidable al cerrar el estrecho de Ormuz a casi todo el tráfico marítimo, excepto el suyo”.
Nicolas Kristof dice que los iraníes deben pensar que renunciaron en gran medida a su programa nuclear en el acuerdo con el Presidente Barack Obama, y que a cambio recibieron la insignificante suma de 400 millones de dólares. “Este mes, a Irán le bastó con bloquear el estrecho de Ormuz durante unas semanas para que la administración Trump levantara algunas sanciones petroleras que podrían ascender a más de 14 mil millones de dólares. No es de extrañar que Irán parezca sentirse en ventaja”.
“Así pues, aunque Trump desee una salida, su dilema reside en que cualquier acuerdo alcanzado ahora sería sustancialmente peor que la oferta que Irán presentó el mes pasado [una pausa de tres años en todo el enriquecimiento de uranio y límites estrictos a partir de entonces]”, sostiene.
Y ese sentimiento de derrota se ha extendido por todo Estados Unidos. El golpe que Trump prometió no fue razonado como tampoco fue contundente. Ayer millones salieron a refrendar su oposición a la guerra, pero hay, en Estados Unidos, un sentimiento de derrota.
James West, editor ejecutivo de Mother Jones en Nueva York, escribe también hoy: “He cubierto todas las protestas de ‘No Kings’ en la ciudad de Nueva York desde el inicio del segundo mandato de Trump. Lo que me ha impactado de todas ellas es cómo fusionan los miedos de la gente con sus esperanzas. El miedo es lo que impulsa a la gente a salir a las calles: amenazas a la democracia, la guerra en Irán, ataques contra estadounidenses LGBTQ+. La esperanza: la unión, la promesa de cambio. Así que, en medio de un bullicioso mar de manifestantes furiosos y festivos a lo largo de la Séptima Avenida de Manhattan el sábado, les pregunté: ¿Cuál es su mayor miedo y su mayor esperanza en este momento?”
–Estoy aquí porque están construyendo campos de concentración donde encierran a decenas de miles de personas, y el ICE está en nuestros aeropuertos –le dijo la artista, Molly Crabapple–. Muere demasiada gente y hay demasiada gente enjaulada. Sé que nos tenemos los unos a los otros y no sé si eso es suficiente, pero es todo lo que tenemos.
West entrevistó a alguien que se identificó como “Ash”, de 29 años, trabajador agrícola mexicano. Le dijo que teme que la gente sea silenciada y pierda la empatía. Pero, “al igual que otros que conocí, señaló a todos nosotros, haciendo un gesto a su alrededor, como fuente de esperanza. ‘Gente de todos los ámbitos de la vida. Ricos, pobres, blancos, negros. Todos. Así que es muy poderoso’”.
En Common Dreams, un sitio alternativo de análisis y noticias, Brad Reed detalla que mientras Trump prepara un ataque terrestre contra Irán, un experto le dijo que el Presidente de Estados Unidos se ha quedado sin opciones para lograr la victoria: “El problema de Trump es que, independientemente de las afirmaciones que pueda hacer sobre el daño a la capacidad nuclear y militar de Irán, que es considerable, el régimen sobrevive, la economía internacional se ha visto gravemente afectada y las facturas siguen llegando”.
Según los informes, Trump se está preparando para lanzar algún tipo de ataque terrestre contra Irán en las próximas semanas, pero un destacado experto en estrategia militar cree que se dirige directamente a la derrota. The Washington Post informó el sábado que el Pentágono se está preparando, que “cualquier posible operación terrestre no llegaría a ser una invasión a gran escala y, en cambio, podría implicar incursiones de una combinación de fuerzas de operaciones especiales y tropas de infantería convencionales que podrían usarse para tomar la isla de Kharg, un centro clave de exportación de petróleo iraní, o para buscar y destruir sistemas de armas que los iraníes podrían usar para atacar barcos a lo largo del estrecho”.
“Esta guerra es una estupidez mayúscula”, dijo el historiador militar Bret Devereaux, profesor adjunto de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, en un extenso análisis de la guerra en el que la describió como una apuesta fallida que suponía que el régimen iraní simplemente se derrumbaría ante una serie de ataques aéreos bien ejecutados.
“El resultado es una trampa de escalada bastante clásica: una vez que comienza el conflicto, dar marcha atrás resulta extremadamente costoso para cualquiera de las partes, lo que garantiza que el conflicto continúe mucho después de que ya no convenga a ninguno de los dos. Cada día que dura esta guerra, tanto Estados Unidos como Irán se vuelven más débiles, más pobres y menos seguros, pero es muy difícil para cualquiera de las partes ceder, ya que existen enormes costos asociados a ser la parte que cede. Esta guerra es una estupidez mayúscula”, dijo Bret Devereaux.
Ilan Goldenberg, vicepresidente sénior y director de políticas de J Street, escribió en redes sociales que Estados Unidos e Irán parecen estar atrapados en una espiral de escalada, como lo demuestra la reciente decisión de la administración Trump de enviar más personal militar al Golfo Pérsico.
“Lo más importante ahora mismo no es la diplomacia, sino los miles de soldados estadounidenses que se están movilizando y desplazándose hacia Oriente Medio. Ese movimiento sugiere claramente la preparación para una mayor escalada, siendo la isla de Kharg el objetivo más probable. Para cualquier observador objetivo, la probable respuesta iraní a una acción estadounidense en Kharg es obvia: escalada, no capitulación. Teherán casi con toda seguridad respondería ampliando los ataques contra la infraestructura energética en todo el Golfo”.
Nicolas Kristof agrega: “Si Trump envía tropas terrestres, probablemente su objetivo sea ‘escalar para luego desescalar’, con la esperanza de obtener ventaja sobre Irán y conseguir un mejor acuerdo. Es posible. Pero yo opino lo contrario: el colapso de los mercados financieros le daría a Irán aún más influencia de la que tiene ahora. El régimen iraní también podría tener más paciencia estratégica que nosotros. Recordemos que, tras la invasión iraquí de Irán en 1980, Irán recuperó su territorio en 1982, pero, enfurecido, rechazó un alto el fuego y luchó durante otros seis años con la esperanza de derrocar al régimen iraquí. ¿Tenemos nosotros la misma capacidad de resistencia?”
“A pesar de todas las incertidumbres –concluye–, hay una verdad que siento profundamente tras haber visto la guerra de cerca: los ancianos no deberían solucionar sus problemas enviando a los jóvenes a morir en guerras innecesarias”.