Del IFE al INE, la misma canción // Privilegios y corrupción en su haber
Miguel Ángel Velázquez (“Ciudad perdida”)
EL PECADO DE Taddei fue creer aquello de que el INE no se toca.
PARA NADIE ERA un secreto que la vida en ese organismo era, cuando menos, palaciega. Los personajes que habitaron y que aún hacen su historia en la “caja” de Tlalpan saben que no les pudo haber pasado nada mejor que ser empleados de aquella hinchazón creada en nombre de la democracia para tratar de frenar las trampas, los fraudes que desde el poder se ejercieron en contra de la voluntad ciudadana.
NO HACE MUCHO, antes de Taddei los consejeros, cada uno de ellos, obtenía por sueldo, compensaciones, aguinaldo, comidas y prima vacacional casi 5 millones –de aquellos– por año. Recibían tres seguros, una camioneta, un iPad, todo con cargo al erario, y si eso se les hace poco, hay que decir que para los consejeros y el presidente del organismo se tenían 262 asesores. De ellos, quien era presidente, Lorenzo Córdova, contaba con 11 y cuatro de esos recibían un salario mensual de 104 mil pesos, un poco menos que los pesos asignados a quien era entonces presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.
EN AQUELLOS TIEMPOS, no muy lejanos, también se habló de la compra “irregular”, se dijo entonces, del edificio central del INE y por el que se pagó, según consta en medios, un sobreprecio que obligó a la realización de investigaciones que dieron como resultado la petición, por parte de la Contraloría General del entonces IFE, de la inhabilitación por cuando menos cinco años del que fungiera como director ejecutivo de administración, Gustavo Orozco, a quien se le multó con 124.6 millones de pesos, es decir, lo hallaron culpable, pero el escándalo no fue tan grande como los de ahora.
A ESE FUNCIONARIO (este sí… ¿actuaba solo?) la Auditoría Superior de la Federación también le halló en la bolsa de los ilícitos otros asuntos relacionados con el IFE, como el de la simulación de un contrato por casi 20 millones de pesos para la supuesta adquisición de 300 servidores informáticos de IBM que consiguió el organismo como donación, pero que él cobró como si los hubiera comprado a un proveedor.
Y HAY MÁS, ya lo habrán de demostrar las investigaciones que lleva a efecto la Fiscalía General. Por eso, lo que debemos tener en cuenta, por lo pronto, es que el INE no es tierra de inocentes, eso estaba, también, a la vista de todos, pero se privilegió el plan neoliberal y se permitió poner un techo al prostíbulo, cosa que alguna vez platicamos con José Woldenberg.
EL ASUNTO EMPEZÓ con volver a los partidos políticos entidades económicamente dependientes de los dineros del presupuesto, es decir: dinero de la gente. Se dijo entonces que era con el fin de que los partidos se vacunaran contra las tentaciones que significan las riquezas de lo ilícito, aunque sabían, a la perfección, que eso era imposible.
Ahora los partidos políticos reciben mucho dinero del gobierno y también le muerden la cartera tanto a la iniciativa privada como a las organizaciones delictivas. La actividad política empezó a considerarse, hoy ya lo es: una porquería.
POR TODO ESO, en la Presidencia, en la Cámara de Diputados o donde se pueda debería levantarse una iniciativa para que los partidos políticos vivieran solamente del tributo de sus militantes.
Qué importante era aquello que decía Jesús Reyes Heroles: “A mi partido, mi voto y mi cuota”.
De pasadita
LA MUERTE DE Cuauhtémoc Cárdenas debería obligarnos a pensar, cuando menos un poco, en el país de justicia que él imaginó y la deformación que sus enemigos, embozados, esos que fueron al panteón Francés y a Bellas Artes a “rendirle homenaje”, hicieron de él. Nada más.
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