Complot contra México
Uno
Este jueves 17 de septiembre se cumple un mes de que una abogada prácticamente desconocida, Nadia Shirley Beller Delgadillo, sufriera un atentado en una remota ciudad llamada Santa Cruz de la Sierra. Su caso, del que es testigo protegido, llamó la atención primero en comunidades cerradas y pronto se transformó en un escándalo político y social que trascendió a la antigua ciudad de Bolivia donde recibió tres impactos de bala.
Hoy hablamos de un complot contra democracias latinoamericanas en el que participan fuerzas oscuras en Washington e incluso en Israel. Asombroso. Si no lo hubiéramos conocido entre todos y en pedazos digeribles, quizás nadie lo habría creído.
La prensa estadounidense no toca el caso; la mexicana, ¡qué va!, menos. La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha hablado varias veces sobre este complot para denunciarlo y varios presidentes de América Latina se han visto obligados a salir a dar la cara, entre ellos Javier Milei, de Argentina; José Antonio Kast, de Chile; Keiko Fugimori, de Perú, debido a su nivel de involucramiento.
Otros mandatarios, como Rodrigo Paz, de Bolivia; o Nasry Asfura, de Honduras, se vieron forzados a hacer confesiones públicas debido a la presión política que vino después del atentado. Y varios expresidentes, como Gustavo Petro o Rafael Correa, han dedicado tiempo a esta trama corrupta apenas descorchada.
Pero en los medios mexicanos o estadounidenses no sale nada. Un silencio sepulcral, incluso en la prensa que se decía progresista o que al menos reclamaba, en otros tiempos, mayor libertad.
El caso está detrás de la Presidencia de Jair Bolsonaro: la Policía Federal de Brasil investigó formalmente en 2024 lo que llamó “milicias digitales” para difundir noticias falsas sobre el sistema de votación electrónica, con el fin de cuestionar la victoria de Lula da Silva en las elecciones de 2022 y hay una investigación en proceso por conjura contra el Estado brasileño. De ese nivel.
La Presidenta mexicana ha dado señales más o menos tibias sobre una investigación, quizás por temor a que sus opositores la acusen de autoritaria –algo que de todas maneras hacen–. Una lástima.
Investigar hoy le da defensas contra injerencias futuras. Pocas oportunidades como ésta tendrá, durante su mandato, para transparentar un complot burdo pero muy efectivo, donde poderosos núcleos de ultraderecha en la región, que en México conectan con Ricardo Salinas Pliego y con Claudio X. González, han actuado (con ayuda de Washington) contra democracias funcionales latinoamericanas; han vulnerado sus sistemas electorales; han adulterando y manipulando la voluntad popular; han tomado los gobiernos; han revertido sus soberanías y han sometido a sus pueblos a la voluntad colonialista de Estados Unidos.
Lo estamos viendo. Y puede pasar en México también.
Estamos frente a un evento único. Una comisión internacional, a instancias del Estado mexicano, debería transparentar el caso. Desde hace al menos cuatro años, fuerzas nacionales y extranjeras han operado desde la oscuridad contra instituciones de México en campañas incansables de desprestigio y manipulación, acusando sin pruebas “narcogobiernos”, “narcopresidenta” o “narcopresidente”, “narcopartido” o “narcoestado”.
Hoy estamos frente a la posibilidad de desnudarlo. Un compromiso más amplio de la mandataria mexicana permitiría abrir, sacar la pus y vacunar. Debería hacerlo.
Dos
Vayamos a la noche del 10 de febrero de 2026, cuando Fernando Cerimedo recibía el premio “Consultor Político Hispano del Año” en un evento celebrado en el corazón mismo de MAGA: Mar-a-Lago. Era la “Gala de la Prosperidad Hispánica”, organizado por Latino Wall Street, un grupo opaco que se promueve así: “Te ayudamos a conquistar el éxito financiero y mejorar tu calidad de vida a través de inversiones profesionales y estratégicas”. La convocatoria llevó a la presidenta de la Comunidad de Madrid, la ultraderechista Isabel Díaz Ayuso, a brincar el Atlántico. Javier Milei no pudo asistir pero mandó un mensaje en video.
Cerimedo, asesor de Milei y de Rodrigo Paz, casi lloraba, emocionado. Se le puso de ejemplo para la comunidad latina internacional aunque, apenas seis meses después, estaría pagando por el asesinato de la mujer que cargaba a su hijo (de un mes de gestación) en el vientre: la desconocida Nadia Shirley Beller. Cerimedo pidió permiso para dirigir unas palabras en inglés, y lo hizo. Fueron para Brad Parscale, exjefe de campaña de Donald Trump.
–Gracias por creer en mí todo este tiempo y por brindarme la tecnología –le dijo.
Ese hombre tan agradecido, tan movido por la distinción, sería detenido en el Aeropuerto Internacional Viru Viru de Santa Cruz de la Sierra. Le encontraron cuentas desde donde movió millones de dólares. Le hallaron criptomonederos y pilas de billetes verdes en efectivo. Un afortunado error de los asesinos, que iban vestidos de repartidores en moto, intentaron fingir un asalto y huyeron en una motocicleta robada sin conocer que su objetivo estaba vivo.
La malherida Nadia Beller fue trasladada a un hospital. Y de lo que diría a continuación desde su cama se desataría uno de los mayores escándalos de América Latina en décadas, quizás desde la Operación Cóndor, cuando regímenes totalitarios o falsas dictaduras, manejadas por Washington, persiguieron, detuvieron, torturaron y asesinaron durante años a cientos de disidentes políticos sólo por ser de izquierda.
Muchos países de aquél episodio nefasto de la década de 1970 repiten en la trama actual. Entonces estuvieron Argentina, Chile, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador. Hoy Washington tiene títeres en casi todos esos países y donde no, está trabajando en ello. En Brasil, por ejemplo, que tiene elecciones en octubre. Luiz Inácio Lula da Silva ya fue víctima de un atentado antidemocrático que lo llevó a prisión. Entonces intervino Washington por la vía de Jair Messias Bolsonaro. Ahora le prepara un segundo golpe, con un hijo de Jair Messias, de nombre Flávio, a la cabeza.
Tres
Si alguien se mete al buscador del periódico mexicano Reforma y pone las palabras “Fernando” y “Cerimedo”, el algoritmo le notificará 11 notas en total (corte al 13 de septiembre de 2026). La más reciente es un error porque trata de otra cosa: “Arranca discusión de doble nacionalidad; niegan dedicatoria”. Dos ligas se refieren a un mismo hecho y a una misma nota: “Trasladan a ex asesor de Paz por segunda imputación”. Una del 3 de septiembre dice: “Falla maquinaria de redes sociales de Milei” y luego hay otras cuatro sobre el momento del arresto.
El diario no consigna ninguna declaración de la Presidenta Sheinbaum sobre el tema, y tampoco consideró importante reseñar lo dicho por otros cinco presidentes en funciones y otros exmandatarios latinoamericanos.
En cambio, Reforma publica en su portada (corte del 13 de septiembre de 2026) una foto grande de Marco Rubio, Secretario de Estado de Estados Unidos, con el fondo de la Bandera de México. Es quizás una toma de su visita al país, pero no lo dice el pie de foto. Y la cabeza dice: “Apoyan mexicanos política antinarco de Trump, según sondeo”.
El texto dice que “el Departamento de Estado tiene en su poder un sondeo que muestra que una mayoría de mexicanos apoya las políticas antinarcóticos del Presidente Donald Trump, incluyendo el lanzar ataques militares unilaterales de Estados Unidos en territorio mexicano, reveló la televisora News Nation”.
Del sondeo, la televisora estadounidense reconoce que no hay un documento, tampoco menciona la firma que supuestamente realizó la encuesta para el Departamento de Estado, y mucho menos muestra los reactivos y las respuestas que recibió. El día previo, este sondeo había sido motivo de escarnio para el portal Aristegui Noticias y de una intensa actividad en todas las redes, porque se cuestionaba la legitimidad de publicar un ejercicio sin datos y sin fuentes. Reforma lo publicó, sin importar esto último.
Cualquiera que quiera pensar mal de Reforma a partir de mis dos párrafos anteriores tiene una mala noticia: debe pensar mal, entonces, del 95 por ciento de la prensa mexicana porque no es distinta. Allí están sus bases de datos, todavía disponibles. Perfectamente pueden dar cabida a una nota promovida por el Departamento de Estado de Estados Unidos, donde se intenta justificar una posible acción armada contra un país soberano, México, al tiempo que dejan ciegos a sus lectores en un caso tan alarmante como el de Cerimedo.
Ese cualquiera tendrá derecho a pensar mal de Reforma, muy mal: el medio se mueve, por lo menos, en la misma línea golpista de Donald Trump. La pregunta es qué gana con ello: ¿dinero? ¿Influencia? ¿Poder? ¿Todo lo anterior? Pero, insisto, no sólo es Reforma. Si fuera únicamente ese diario, podría atribuírsele a sus editores estupidez e inocencia. No: es un alto porcentaje de la prensa mexicana, empezando por corporativos perversos como Televisa y siguiendo con su clon chafa, TV Azteca.
Cuando Cerimedo agradecía a Brad Parscale, exjefe de campaña de Donald Trump, “por brindarme la tecnología”, revelaba la participación de este grupo de supuestas consultorías en todo América Latina para vulnerar democracias e imponer títeres pro estadounidenses del tipo Milei o Abelardo de la Espriella.
Pero como los golpes de Estado con ejércitos regulares no son bien vistos en el mundo, Washington utiliza ahora golpes con ejércitos digitales o, como establece el juicio contra Cerimedo en Brasil, “milicias digitales”, donde la participación de las redes sociales y de la prensa corporativa es fundamental. En ese sentido, con conocimiento deliberado o sin él, muchos medios en toda la región –y en México, por supuesto– participan de un plan mayor para manipular la voluntad popular a favor de una potencia extranjera.
El caso Cerimedo nos revela, además, que todas las operaciones políticas en Latinoamérica, que benefician a la ultraderecha y al gobierno de Estados Unidos, se desarrollan con la ayuda de las élites locales que tienen resentimiento por la pérdida de control de las instituciones que les garantizaban beneficios o rendimientos.
Aquí se acomodan bien los Salinas Pliego o los Claudio Equis. Con herramientas de marketing y bases de datos poderosas se pueden manipular a unos cuantos; cuando se pone a la prensa a disposición de la estrategia, se manipulan a las mayorías.
Gracias a su programa Campaign Nucleus, Parscale y Cerimedo controlaron la voluntad de los votantes de los países adonde se metieron, ya sea por edades, por segmentos culturales, por intereses participares o por ingresos; por su orientación sexual o por su raza. Conocieron si tenían mascotas y si tenían algún interés mínimo en la política y entonces, al entenderlos, les inyectaron contenido diseccionado y personalizado para radicalizarlos y luego manipularlos. Y no sólo fue con publicidad online y prensa, sino también con periodistas y medios en particular y con influencers, tan demandados por la mercadotecnia.
Siempre me pareció estúpido el medio La Derecha Diario porque revelaba sus intenciones desde el nombre. Ahora que tengo la certeza de que es estúpido, me pregunto qué no es estúpido, es decir, qué se está moviendo a otro nivel, uno que no se ve y no es evidente, para manipular sobre todo a los jóvenes.
Es la segunda vez que lo digo en este mismo espacio: México debe abrir una investigación de oficio porque La Derecha Diario y todas las empresas vinculadas no son periodísticas; son parte de una iniciativa criminal que actúa en los países que se lo permiten. Y en algunos, como en Brasil, estos grupos crearon condiciones para un golpe de Estado. Espero estar muy equivocado.
(SinEmbargo)