17 September, 2026
El PRT: a la espera de su historia
Columnas 1

El PRT: a la espera de su historia

Sep 17, 2026

Jaime Ortega*

En septiembre de 1976, hace ya medio siglo, se constituyó el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), la organización más importante de la corriente trotskista mexicana del siglo XX. Pese a que el propio León Trotsky estuvo asilado en México durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas, la corriente que lleva su nombre no logró adquirir relevancia sino hasta la emergencia de los grandes conflictos sociales de la década de 1960, en confluencia con una perspectiva organizativa internacional que le proporcionó sustento a determinadas tesis políticas y económicas. 

Si la izquierda mexicana, en su conjunto, tuvo que vivir bajo la sombra –o el amparo– de la Revolución Mexicana, la condición excepcional del trotskismo mexicano fue doble. Por un lado, existía la tradicional tensión con la matriz comunista articulada alrededor de la Unión Soviética y del Partido Comunista Mexicano (PCM); por otro, la ambigüedad que produjo entre los marxistas el conjunto de reformas impulsadas bajo la estela de la Revolución Mexicana. 

Hasta ahora, las piezas del rompecabezas de su historia han comenzado a ser armadas lentamente. El trabajo señero de Olivia Gall, Trotsky en México, abrió la puerta para pensar el fenómeno ideológico desde su matriz inicial. Tuvieron que pasar algunos años para que Josué Bustamante presentara Los trotskistas mexicanos, donde reconstruyó las peripecias de los años posteriores al crimen en Coyoacán, anunciando la tarea futura de excavar en el proceso unitario que llevó a la fundación del PRT. Un poco antes de la producción de esa visión panorámica, Stella Oranday ofreció en La revolución de la libertad la presencia del partido en el movimiento de mujeres. 

No contamos con una historia profesional del PRT desde su fundación. Es, por tanto, una tarea pendiente estudiar sus manifestaciones regionales y su influencia sindical y estudiantil, que alcanza hasta el movimiento del CEU. Paralelo a ello habría que recobrar las experiencias editoriales en el entorno político cultural del trotskismo, que laxamente podrían ir desde Brecha a Críticas de la economía política o Coyoacán. Dentro del campo teórico, que no fue especialmente numeroso, no puede obviarse la persistencia de la obra de Manuel Aguilar Mora a partir de la reflexión sobre el bonapartismo o la de Arturo Anguiano respecto al cardenismo, así como el vínculo de esta corriente con Ernest Mandel. Finalmente, el PRT tuvo presencia en las grandes movilizaciones a favor de El Salvador y Nicaragua, dada su vocación internacionalista mantenida a pesar de escisiones dadas en la escala mundial. 

Como todo partido, el PRT tuvo escisiones, pues aunque fue resultado de un proceso unitario, pronto tuvo desgajamientos, siendo los más importantes los que dieron nacimiento al Partido Obrero Socialista y, en confluencia con el cardenismo, el Movimiento al Socialismo. De igual manera es pertinente volver a revisar, evitando reduccionismos y sectarismos, los continuos debates y acercamientos que se mostraron con el PCM, organización que buscó la unidad de las izquierdas en el segundo lustro de la década de 1970, superando la tradicional adversidad entre culturas políticas. 

Dentro de la trayectoria del PRT no puede obviarse la importancia de las campañas electorales de Rosario Ibarra a la presidencia, tanto en 1982 como en 1988. En esas concurrencias electorales se condensan, como en el resto de las izquierdas, las posibilidades programáticas, la efervescencia antineoliberal y, por supuesto, el significado profundo de la presencia de un espíritu nacionalpopular como gran ordenador de los vectores ideológicos. 

Si bien el PRT no desapareció en esa década, sus grados de influencia declinaron aceleradamente desde que el ingeniero Cárdenas emergiera como opción política, generando la más grande de sus rupturas y también un corte de caja respecto a la forma ideológica socialista del siglo XX. 

Amén de que la bibliografía sobre las izquierdas se sigue moviendo en planos muy generales, en el caso del PRT, además, tampoco contamos con una gran cantidad de memorias de militantes. Por ello resulta más llamativo el recuerdo de Daniel Bensaid. El francés contó, con sorpresa, cómo durante un congreso partidario un joven militante de Morelos le inquirió si la ondeante bandera roja era la de los zapatistas de los que hablaba su abuelo. 

Bensaid, además, rememoró el desconcierto que aquella reunión le dejó cuando se percató que los acuerdos partidarios no se tomaban en el pleno de la asamblea, sino en la congregación de núcleos y pueblos que durante los intermedios consensuaron sus acuerdos en un formato de comunidad, sin mediar voto individual de por medio. 

Y es que ni siquiera la más cosmopolita de las corrientes del socialismo podía eludir la persistencia de las tradiciones políticas nacionales. Como en otros tantos casos, las generaciones actuales tenemos una deuda de conocimiento y reconocimiento con aquellos que en el pasado pusieron su voluntad por construir una sociedad más equitativa. 

*Investigador UAM. Autor de Ternura y tempestad: el centenario de Fidel y el horizonte de la liberación nacional (Fundación Rosa Luxemburgo, 2026) 

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