El mundo voluptuoso
Por Rolando Cordera Campos
Más allá de las transformaciones habidas en las configuraciones y reconfiguraciones del mundo, el neoliberalismo, como orden global propuesto y promovido por el presidente estadunidense Bush ha terminado. “(…) el neoliberalismo era un orden global, un sistema internacional, no simplemente unas políticas nacionales determinadas.
Y ese orden ha terminado, principalmente porque la potencia hegemónica que lo propagó e instaló –Estados Unidos– lo ha abandonado, afirmó recientemente el estudioso inglés John Gray (…) el capitalismo está mutando hacia diferentes formas, (uno) altamente financiarizado de la América (…) y los capitalismos oligárquicos de China y Rusia”. (Entrevista con Daniel Gascón, “El modelo del neoliberalismo ha sido rechazado en su país de origen”, Letras Libres, abril, 2026).
Se trató, hoy lo constatamos, más que de un nuevo orden, de una ilusoria hipótesis de trabajo incapaz de e inadecuada para canalizar esfuerzos hacia un curso efectivo de evolución de las sociedades internacionales.
Un nuevo orden, como el proclamado por el neoliberalismo, que si bien indujo y precipitó cambios en la geopolítica y en la economía mundiales, se mostró lejos de ser un orden civilizatorio.
En su colapso, esta falta de proyecto planetario amenaza con llevarnos a otra guerra, ésta sí mundial.
Si algún concepto define al mundo de hoy es la complejidad, una sociedad planetaria cruzada por desigualdades y presa de miedos,violencias e incertidumbres, una fisonomía impensable en medio del festejo neoliberal de fines del siglo pasado. Sus frutos envenenados son la resurrección de los nacionalismos comerciales, las incursiones militares, la multiplicación de los regímenes totalitarios y las tiranías.
Estas fragilidades obligan, o deberían hacerlo, a revisar entre nosotros proyectos político-ideológicos renovados para, desde ahí, tratar de formular estrategias y políticas alternativas. Se trataría de volver a colocar en el centro de nuestros debates la idea del desarrollo y, a la vez, tejer pactos donde tenga voz el mayor número de actores (sociales, políticos, académicos) para ir concretando puntos de una agenda social amplia y evitar perdernos en(tre) nuestros laberintos. O, acabar aplastados por el derrumbe que proclama Donald Trump.
Con información de La Jornada